Vicios de lengua y plaza
En esto de los defectos, todo se ha vuelto moderno; antes solo criticaban al del pueblo de al lado, el eterno.
Los hombres, unos borrachos; ellas, guarras de cojones. No sabían ni zurcir, ni remendar pantalones.
A la hija de Anastasia le crece la tripa y el pecho. Nadie conoce a su novio: ¿quién coño se lo habrá hecho?
¿Y qué pensar de Cipriano? Es un chorizo y ladrón: no cría ni un solo gorrino y siempre come jamón.
Si pasamos a mujeres, ya me diréis de Maruja: viste bien y no hay dinero, ¡esa es una puta bruja!
Y la hija, la Tomasa, que a Madrid se fue a servir... que anda metida en mala vida, ya se veía venir.
No es como aquella Pilar, esa sí fue espabilada: se lio con un "pez gordo" y ya no está de criada.
Acordaos del Ciruelo, que siempre andaba de culo; hoy vive sin trabajar... estará haciendo de chulo.
Casi nadie en este mundo se libra del cotilleo: unas por ser muy hermosas, otros por ser muy feos.
Esos chismes de los pueblos, de aquellas gentes de antaño, quizás por su ignorancia a muchos hicieron daño.
Perdonaremos a todos, pues se debían entretener: no tenían televisión y muchos no sabían leer.
Cambiamos el banco del pueblo por el móvil y la pantalla, pero el vicio de la lengua... ese nunca se nos calla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario