Coplas del recluta
No quería hacer la mili, ni tampoco fregar ollas; quiso pasar por inútil y se hizo el gilipollas.
Uno se podía librar si tenía los pies planos, si acaso estaba muy ciego o si llegaba a ser enano.
Solo le queda una opción: que le borren de la lista. Para que eso suceda, dice ser corto de vista.
Le hacen todas las pruebas, él solo sabe decir: —Todo lo veo borroso, no lo puedo distinguir.
Se presenta una enfermera con una falda muy corta; le pregunta si es mujer, él dice: —No veo ni torta.
—Veo así como un bulto, me parece como un oso; también puede ser un burro, lo veo todo borroso.
Se desnuda la enfermera, casi en pelota picada; el tío sigue insistiendo: —¡Es que no distingo nada!
—Bájese los pantalones, esta prueba es infalible; nos dirá si es que no ve o se le fundió un fusible.
Al bajar los pantalones, se tuvieron que apartar: tenía el arma montada, a punto de disparar.
Esa prueba tan sencilla no la pudo superar; tuvo que hacer la mili y no se pudo librar.
Así termina la historia de aquel recluta tunante: juró que no veía nada... ¡Y se delató al instante!

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