Muchos años de patrona, muchos años de recuerdos. Algunos ya se olvidaron, de otros tantos aún me acuerdo.
Solo alquilaban la cama, sin derecho a compartir; si me salía un ligue, no sabía a dónde ir.
Con tanta prohibición se nubló mi pensamiento. Y siempre estaba tramando cómo darle un escarmiento.
Con una vieja almohada le inventé una peluca; me fabriqué una chica que quedó la mar de cuca.
A la hora de hospedarme, me hice mucho el remolón, esperando a la patrona para hacer la habitación.
Al verme allí bien abrazado a chica tan cojonuda, salió espantada del cuarto pregonando voz de ayuda.
Juntó a varias vecinas, armó un tremendo follón. Armadas hasta los dientes, entraron a la habitación.
—¡Que esa chica se levante! ¡Usted es un pervertido! Prepare ya su maleta, ¡esto no es permitido!
Me levanté de la cama con "la chica" bien sujeta. No saben ni qué decir, se quedaron boquiabiertas.
Se dan cuenta del engaño y miran a mi patrona. A todas les da la risa festejando así la broma.
La mujer me apreciaba, de su casa no me echó; admitió no estar al loro y el enfado se pasó.
Hoy recuerdo aquella historia y su cara de impresión. ¡Qué buenos tiempos, aquellos de almohada y de habitación!

No hay comentarios:
Publicar un comentario