La burra, el vino y el mal marido
Dedicado a Judit, por compartir esta desternillante historia de su padre.
—¡Marido, coge la burra, lleva el grano hasta el molino! Tráelo pronto y bien molido, pero no te lleves vino.
Cargó el trigo sobre el lomo, con cuidado y con medida, más llenó la bota en sombras y se la llevó a escondidas.
El molino era de agua y molía lentamente; él, pegando picotazos, fue nublando su mente.
Terminada la molienda, se sintió algo mareado; el regreso es cuesta arriba, largo y muy empinado.
Están cansados los dos, mucho les cuesta subir; se paran en el camino a descansar y dormir.
Allí quedaron postrados en una falsa armonía, hasta que se hizo muy tarde y salió a buscarlos la tía Bernardina.
Fáciles de localizar, conociendo el recorrido: abrazado con la burra, así encontró al marido.
—¡Vaya par de sinvergüenzas, durmiendo como benditos! ¡Tú te quedas con la burra y yo me llevo el saquito!

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