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martes, 20 de enero de 2026

El truco del acelerón


 

El truco del acelerón

De joven compré una moto con la intención de ligar, y si el amor no surgía... me servía para pasear.

Una Vespa en los sesenta, no de estas tan modernas; las chicas usaban faldas y no separaban piernas.

Les pedía que se agarraran, que tuvieran mucho cuidado, que se subieran la falda y no sentaran de lado.

¡Cómo disfrutaba yo! Con sus manos en mi espalda, más si la chica era hermosa y usaba la minifalda.

Pocas veces lo lograba, era gente recatada; la mujer en esos tiempos estaba poco lanzada.

Si ella no se sujetaba el paseo no era chulo: acelerando más fuerte se podía caer de culo.

Eso ocurrió alguna vez por no ir bien agarrada; si se volvía a montar... ¡Entonces sí se apretaba!

A veces me lo decían: «Eres un poco cabrón, para que yo me cayera diste un fuerte acelerón».

«Yo no soy el culpable, las reglas no has cumplido; de haberte apretado fuerte no te habrías caído».

«Eso es lo que tú quieres: que yo te apriete con ganas. ¡No pidas que monte más, ni me verás la semana!».

No todo eran fracasos, algunas daban paseos, unas pocas caricias y algunos besuqueos.

Si intentabas algo más te podías llevar un fiasco; había mucho miedo entonces... ¡Y a viajar siempre sin casco!

Tiempos de mi juventud que ya no van a volver; ¡qué difícil era entonces conquistar a una mujer!

Que me quiten lo bailado, los sustos y los paseos, que en mi Vespa se quedaron mis mejores devaneos.



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