El Zapato Caprichoso
Son amigas desde niñas, todo se lo cuentan ya, sus fracasos y aventuras, el cotilleo no falta jamás.
Los vi allí todos los días, y ayer me animé a entrar, obsesionada con ellos, los tenía que probar.
Algo nerviosa me puse, al empezar el intento, me costó mucho meterlo, ¡qué difícil el momento!
Me hacía daño la punta, en los lados me rozaba, una verdadera pena, porque ese sí me gustaba.
Como seguía empeñada, lo probé una vez más, pero al ponerme de pie, me hizo daño por detrás.
Tan justo me quedaba, que hasta gusto me daba, para disfrutar de aquello, allí me quedé sentada.
Me tuvieron que ayudar, tras pasar un mal rato, se acercó el dependiente, y desencajó el zapato.
—No vengas sin tus amigas, por ser tan presumida; la próxima te acompaño, que yo sé bien tu medida.
Desde entonces he aprendido, y no peco de imprudente: no me pruebo ni un zapato, si no viene el dependiente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario