Promesa a la suegra.
El día que se casó, él quería quedar bien; prometió a su suegra llevarla a Jerusalén.
Ella, que es muy devota, no deja de pensar: «Este es el mejor yerno que me podía tocar».
Pasan días, pasan años, la promesa no es cumplida. La suegra le recuerda: —Ya me tienes aburrida.
—Querida y amada suegra, faltan muy pocos días; solo estoy esperando que toque la lotería.
Como si fuera un milagro, la lotería le tocó; se quedó sin argumentos, el plazo se terminó.
No tiene escapatoria ante tal situación; le comunica a la suegra: —Nos vamos en avión.
Visitar Lugares Santos le causa tal emoción, que la mujer queda tiesa de un ataque al corazón.
No quiere enterrarla allí, sabe muy bien lo que pasa; aunque le cuesta una pasta, decide traerla a casa.
La familia le comenta: —Has pecado de novato; haberla enterrado allí te salía más barato.
—Sois unos pobres diablos, solo pensáis tonterías. ¡Uno que murió allí resucitó a los tres días!
No quería correr riesgos, me tenía que asegurar; conociendo a mi suegra... ¡ podía volver a pasar!

