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sábado, 3 de enero de 2026

Promesa a la suegra.

 



Promesa a la  suegra.

El día que se casó, él quería quedar bien; prometió a su suegra llevarla a Jerusalén.

Ella, que es muy devota, no deja de pensar: «Este es el mejor yerno que me podía tocar».

Pasan días, pasan años, la promesa no es cumplida. La suegra le recuerda: —Ya me tienes aburrida.

—Querida y amada suegra, faltan muy pocos días; solo estoy esperando que toque la lotería.

Como si fuera un milagro, la lotería le tocó; se quedó sin argumentos, el plazo se terminó.

No tiene escapatoria ante tal situación; le comunica a la suegra: —Nos vamos en avión.

Visitar Lugares Santos le causa tal emoción, que la mujer queda tiesa de un ataque al corazón.

No quiere enterrarla allí, sabe muy bien lo que pasa; aunque le cuesta una pasta, decide traerla a casa.

La familia le comenta: —Has pecado de novato; haberla enterrado allí te salía más barato.

—Sois unos pobres diablos, solo pensáis tonterías. ¡Uno que murió allí resucitó a los tres días!

No quería correr riesgos, me tenía que asegurar; conociendo a mi suegra... ¡ podía volver a pasar!

Abuelo enamorado.


 El abuelo se enamora de una mujer desconfiada, que cree que a los sesenta se quedará embarazada.

—Yo quiero hacer el amor, pero con precauciones. Acércate a la farmacia, compra unos condones.

—Yo soy muy católica, creo en los milagros; me siento todavía joven y puede pasarme algo.

—Sí que sería un milagro, y para el clan un desastre; aunque los dos, la verdad, estemos para el arrastre.

—Eso te pasará a ti, yo estoy como una rosa. Seguro que tienes miedo de que no te rule la "cosa".

El hombre, a regañadientes, camina hacia la farmacia; pedir eso a su edad no le hace ninguna gracia.

Le dice la farmacéutica: —¿Cómo los quiere el señor? Los hay de varios colores y de diferente sabor.

El pobre queda asombrado ante tanta novedad; los sabores y colores le causan perplejidad.

—Rojos si está enamorado, —le dice con soltura—, o lléveselos morados si es solo una aventura.

—Los prefiero más discretos, de muy suaves colores. Pero entremos en el tema: ¿cómo son esos sabores?

—Los que más se venden hoy son menta con chocolate, y el que lo está petando: ¡fabada con aguacate!

—Olvidemos los sabores, ella no los va a chupar, que la dentadura postiza le cubre todo el paladar.

Tras mucho reflexionar ante tantas maravillas, le dice a la farmacéutica: —¡Los prefiero con varillas!


Cambios principales realizados:

El abuelo Mariano.


El abuelo Mariano.
 Esto le pasó a Mariano por levantarse temprano; para darse un paseo, con su bastón en la mano.

Con sus ochenta cumplidos, tenía que hacer ejercicio. Para él, dar un paseo se convirtió en un vicio.

Esta vez se alejó mucho hacia un campo muy florido. Se enredó con unas hierbas, cayó al suelo malherido.

Con un tobillo torcido trató de pedir ayuda. Era demasiado temprano: la ha liado cojonuda.

Con esfuerzo sobrehumano se consigue levantar; una vez que está de pie, le dan ganas de mear.

Solo le faltaba eso, está hasta los cojones. Para mear mucho mejor, se baja los pantalones.

Hay un bulto entre las hierbas y no se fija primero; apunta el pito hacia el bulto, ¡mea sobre un avispero!

Rápido es atacado por cientos de aguijones; todo se empieza a hinchar, no cabe en los pantalones.

Vuelve con esfuerzo a casa enseñando cebolleta. Nadie le presta ayuda: ¡creen que es de otro planeta!

Cuando lo ve la María, se queda medio aturdida, pero le dice: «¡Mariano, vente a la cama enseguida!».

Abuelo muy ligón.


 Abuelo ligón

Nacho: —¡Mira por dónde va el abuelo! y tú ni cuenta te das. Va con una tía maciza... ¿me la quieres presentar?

Amigo: —¿Para qué quieres conocerla, si eres un poco locuelo? Entérate de una vez: ¡que es la novia del abuelo!

Nacho: —No me vas a convencer, creo que estás vacilando. Esa piba es un bombón y él tiene noventa años.

Amigo: —A ver si te enteras, tronco, el abuelo es un ligón. Aunque le falten los dientes, puede chupar un bombón.

Nacho: —Seguro que la ligó para quitarse el estrés, y eso del "chupeteo"... ¡puede que sea al revés!

Al mirarla desde lejos, no parece ser muy lista. Será una aprovechada... o anda muy mal de la vista.

Amigo: —Ella ve a la perfección y es una tía muy lista: profesora en un colegio y, además, es catequista.

Nacho: —No me digas que esa tía, además de ser un bombón, le da clases al abuelo de Primera Comunión.

Amigo: —Eres un payaso, tío... Esa tía, un monumento, está enseñando al abuelo a cambiar el testamento.

Que se olvide del antiguo por estar muy desfasado, y que firme uno nuevo... ¡mucho más actualizado!


Una maravillosa suegra.




Una maravillosa suegra.

 En la sociedad se suele hablar mal de la suegra, pero este yerno la quiere y con ella se alegra.

Es una suegra genial, otras son unos bichos; ella lo cuida constante cumpliendo sus caprichos.

Le prepara la comida, le organiza la cena; es una gran cocinera, ¡su sazón es cosa buena!

Le plancha siempre la ropa, le deja limpio el piso; es como un ángel bueno caído del paraíso.

Sus croquetas son gloria, más ricas que un bombón, con ingredientes selectos y abundancia de jamón.

¡Y qué decir de la tortilla! Es para chuparse los dedos, con cebolla y con pimientos, y media docena de huevos.

Ronda por la cincuentena, está muy bien conservada, con buen tipo, sin arrugas y con la carne apretada.

Su hija es muy diferente, de otra generación: ni cocina, ni limpia, ni cose ni un botón.

Lo despertó su mujer cuando estaba soñando, que a la hermosa suegra ya se la estaba aliñando.

No tuvo más remedio que seguir con la juerga: cumplir con la mujer... ¡pero pensando en la suegra!


Dos abuelos en forma


 

Dos abuelos cachondos

Dos abuelos muy cachondos hoy rebosan alegría, pues celebran el cumpleaños los dos en el mismo día.

Reviven su juventud solos, sin sus mujeres, bebiendo buenos licores en busca de mil placeres.

Se pasan con la bebida, ya perdieron la costumbre, y están los dos más calientes que un cocido ante la lumbre.

En la casa del placer se ponen muy exigentes: quieren dos sin estrenar, con curvas y muy calientes.

La madame está apurada ante este plan tan extraño; les pide un dinero extra para evitarles el daño.

Al ver que los dos ancianos están en un plan lamentable, les soluciona el capricho con dos muñecas hinchables.

—Son dos chicas fantásticas, están aún sin estrenar; trátenlas con mucho afecto, les da vergüenza hablar.

—Me costó mucho encontrarlas, son casi como ahijadas. Los esperan desnuditas con las luces apagadas.

Estaban emocionados viviendo tal aventura, que no les dio casi tiempo a bajar la calentura.

Ya de camino a su casa cada cual cuenta su historia: si era vieja o era joven, o si alcanzó allí la gloria.

—La mía tenía la carne entre blandita y muy dura; creo que era muy jovencita, no tenía ni una arruga.

—Guapa como una muñeca, estaba de lo mejor; no dijo nada en el acto, ¡era muda, por favor!

—La mía estaba muy buena, también muda, me asegura; estaba al revés esperando y aproveché la postura.

—Le agarré bien las dos tetas, me puse como un mulo; fue una ocasión especial de aprovechar aquel culo.

—Para mí que era una bruja, pues la enchufé con tal gana, que soltó un pedo de trueno ¡y escapó por la ventana!

No asimilo qué pasó, no entiendo nada de nada: tengo el cuerpo magullado y la pilila destrozad

La protección del abuelo.


 


Abuelo protector.

El joven va por el campo en su paseo diario, admirando el paisaje en su fiel utilitario.

Es una mañana hermosa, nada importa en su destino, pero debe detenerse: hay piedras en el camino.

Tras un gran matorral aparece de pronto un abuelo; con pistola en mano apunta, y el joven cae al suelo.

—Te asustaste solo al verme, tienes pocos pantalones. Levántate ahora mismo, y bájate los calzones.

Él está desarmado, no le queda sino obedecer. Asustado le pregunta: —¿Qué es lo que tengo que hacer?

—Lo que te voy a pedir es una cosa sencilla: que agarres la piruleta y me hagas una pajilla.

Terminada la tarea, el pene apunta hacia el cielo. —¡Sigue con la segunda!— le ordena firme el abuelo.

No le queda más remedio, está solo allí en el monte; terminada la faena, mira el pene al horizonte.

Tiene que hacer la tercera por mandato del abuelo; esta vez, al terminar, el aparato mira al suelo.

Pega un tiro al aire el viejo, ¡qué cabrón es ese abuelo! Como por arte de magia, aparece una modelo.

—Es mi sobrina querida, que se había despistado; se perdió dando un paseo, ¡al fin la hemos encontrado!

—Seguiré con mi camino, pues me quiero relajar. Tú la llevarás a casa... ¡y la vas a respetar!


Treinteañera deseperada.


Soledad.la solterona.

 Una mujer desesperada entra a la iglesia a rezar, pues ya cumplió los treinta y está sin estrenar.

Rezó un año a San Antonio, ni un rosco se ha comido; cambió pronto de táctica invocando a Cupido.

Ni puñetero caso le hace, ella no se da cuenta: él prefiere juventud y olvida a las de treinta.

Rogó a toda figura que habita en el retablo; al ver que nadie escucha, ¡decidió hablar al Diablo!

Pero nada consigue, y ve que se equivoca; a un ser tan maligno rezar no le provoca.

Se acuerda de su padre, le llama hasta "cabrito", cuando el Maligno aparece y le dice a voz en grito:

—¡¿Qué coño quieres de mí?! ¡Me tienes hasta los cuernos! Que tengo mucho trabajo dirigiendo los infiernos.

—Te entregaría mi alma, te entregaría mi cuerpo; necesito con urgencia que disfruten de mi cuerpo.

—Veo que estás desesperada, vas a dejar de sufrir; te daré tanto calor que te vas a fundir.

Tuvieron muchas sesiones en verano y en invierno; ella ya nunca rezaba, él olvidó el infierno.

Un día le dijo al Diablo: —No soy una zorruna; te busqué por las facturas, no soy una facilona.

—Ni yo soy ese Diablo de tus quejas diarias... ¡Soy el cura del pueblo, que se vistió de demonio al oír tus plegariasLa mujer se quedó muda, con la boca bien abierta, al ver que el "Príncipe Oscuro" era el cura de la oferta.

Se ajustó la negra sotana el párroco pecador: —"Perdone usted, hija mía, lo hice por puro amor".

  1. Ella, que no era tonta, le respondió con malicia: —"Si el hábito hace al monje, el rabo hace la caricia".

    "Si Dios todo lo perdona, y el Diablo ya no me espanta, sigamos con las sesiones... ¡que me gusta su fe santa!"

    Y así pasaron los años, entre el rezo y el pecado, ella nunca estuvo sola, ni él volvió a estar amargado.

    Ya no invocaba a Cupido, ni al Diablo, ni al retablo, pues descubrió que en la iglesia... ¡se esconde mejor el diablo!



El muchacho y el "sesenta y nueve"


 

El muchacho y el "sesenta y nueve"

Era un muchacho atrasado de una aldea muy perdida, que marchó a la capital para mejorar su vida.

Trabajó en lo que pudo, sin recibir ni un beso; su sueño era ahorrar dinero y poder probar el sexo.

Neófito en la materia, nunca lo había probado; estar con una mujer lo tenía obsesionado.

Sin ninguna información y con muy poco dinero, pensó que sería barato meter vela en candelero.

Ahorró tan solo cincuenta, creyó que le bastaría para mojar el "churrito" en el pozo de una tía.

Pero no llega la pasta, no puede mojar el nabo: la que cobra más barato pide más de cien "pavos".

Se pone el pobre a llorar, le sale moco de pavo; pregunta qué puede hacer con sus míseros esclavos (50 pavos).

—Es muy poco, muchachito, no te llega para nada. Te haré el sesenta y nueve o una simple "mamada".

—Elijo el sesenta y nueve, que no sé qué coño es. Si me quedo satisfecho, ya te lo diré después.

La mujer era un "callo", no era la chica soñada; al verla allí, desnudita, tenía la panza hinchada.

Ella se puso por lo alto en extraña situación, y empezó a soltar "cuescos" que nubló la habitación.

—Si con solo tirar diez ya me tienes mareado... ¡faltan cincuenta y nueve! Moriré aquí asfixiado.

El pobre volvió a su pueblo, ahora odia la ciudad: donde esté la naturaleza... ¡hay pedos con calidad!


viernes, 2 de enero de 2026

«Adiós, cariño, me voy a tirar al río».


 Es un muchacho muy guapo que se merecía un diez, mas no conquista a ninguna por culpa de su timidez.

Sueña con besar a una chica, no encuentra nunca la manera; si se cruza con un gay, rápido cambia de acera.

Va paseando y pensando, y no deja de cavilar: ¿cuándo llegará ese beso que tanto desea dar?

De pronto ve a una joven subida sobre un puente; parece que quiere saltar y morir en la corriente.

—Muchacha, ¿qué vas a hacer? Si te lanzas a ese río, te arrastrará la corriente y morirás de frío.

—Eso a ti no te importa, lo que quiero es morir; en el estado en que estoy, no lo puedo resistir.

—Antes de saltar al agua y que todo eso te pase, yo te pido por favor: que un primer beso me des.

—Te daré más de un beso, si quieres, una centena; luego me tiraré al río para acabar con mi pena.

Se dieron cientos de besos, y cuando él se quedó frío, ella dijo: «Adiós, cariño, me voy a tirar al río».

—No entiendo tu obsesión, ¿a qué viene tanta pena? Si eres joven, eres guapa y además estás muy buena.

—Mi problema es muy grave, soy un chico muy complejo: mis padres no me dan dinero... ¡para cambiarme de sexo!

El movil de mí juventud..

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 Movil de juventud

En mi juventud no había tecnologías de ahora; el móvil no existía, la campana era la emisora.

Había un toque para todo con mil interpretaciones: uno para ir a la iglesia, otros para las reuniones.

Eran sonidos distintos: si era rápido, era misa; si se anunciaba un incendio, se tocaba más deprisa.

Las ánimas del purgatorio también eran recordadas: al caer la tarde se oían tres veces tres campanadas.

El día de algún entierro se rendía un homenaje, doblando con paso lento deseando un buen viaje.

Con un sonido perfecto, si era bien ejecutado, llegaban las noticias hasta el pueblo de al lado.

El cura tocaba a misa y subía al campanario; con fuerza daba los golpes para rezar el rosario.

Hoy ya no suben la torre, las tocan desde debajo; no quedan curas tan jóvenes que puedan con el badajo.

Había expertos famosos, de alguno yo me acuerdo; en aquella sociedad eran orgullo del pueblo.

Daban hermosos conciertos que podías escuchar sin pagar una entrada, en el centro del lugar.

La juventud de otros tiempos repicaba cada día... ¡Hoy no queda quien se atreva a subir con alegría!


Contemplado monumentos.


Contemplando monumentos.

Estoy sentado en un banco, me pongo a reflexionar en la de monumentos que se pueden contemplar.

Es como cuando uno compra una caja de bombones: los hay de todos colores y de todas las naciones.

Una, color chocolate... ¿Estará dulce o amarga? Solo se puede opinar si uno pudiera probarla.

Ahora pasa una morena, morena de rayos uva; seguro estará sabrosa como el zumo de la uva.

Una rubia, platino, con un tipo tan perfecto que la miro con disimulo y no le encuentro un defecto.

Ahora se acercan dos con bastante "material", como para hacer dos puentes y una gran catedral.

Una china superblanca, con su piel muy delicada; me parece una muñeca para ser coleccionada.

Un conjunto de maduras... y me estoy dando cuenta de que siguen muy bonitas al pasar de los cincuenta.

Ya no digo ni un piropo, pues no les hace mucha gracia; pero si me dicen "guapo", yo siempre doy las gracias.

No hace falta viajar mucho si vives estos momentos: sentado en un simple banco se contemplan monumentos.


 

Historía de un emigrante.



Historia de un familiar que emigró con ilusión, y tuvo que regresar por una gran depresión.

Argentina era la meta, un gran país con futuro; España era la miseria, donde no se hallaba un duro.

Más o menos como ahora, quizá un poco diferente; es una historia ya antigua, allá por 1920.

Trabajó en mil oficios, llegó hasta a mendigar, y al verse tan derrotado, decidió al fin regresar.

¿Qué sucede en el pueblo? Al volver así, humillado, ya nadie quiere mirarlo y todos le dan de lado.

Solo admiran al que triunfa, al que tuvo mucha suerte; él no tiene qué comer, solo desea la muerte.

Cualquier cosa que se mueva le sirve para ser guisada, y la gente de la aldea lo observa siempre asombrada.

Culebras, aves e insectos... para él son una suerte; come todo lo que pilla, perdió el miedo a la muerte.

Los cocina con sus hierbas, nunca le sucede nada; comiendo lo que da el campo su dieta está equilibrada.

Todos huían de su paso, nadie le mostró cariño, y llegaron a decir que devoraba a los niños.

Vivió muchos años solo, no dejó ni descendencia; fue pronto un hombre olvidado, sin nombre y sin una herencia.


El tesoro del rey moro.


 Los abuelos nos contaban historias sobre los moros, que pasaron por el pueblo y escondieron sus tesoros.

Decían que eran califas, amantes de los placeres, no tenían que trabajar y tenían cien mujeres.

Adornaban con el oro sus comidas favoritas, así, al ir a defecar, les salían las pepitas.

Nunca las recolectaban por salir algo manchadas; las tiraban hacia el río para que fueran lavadas.

Si en el río tú te bañas y ves pepitas de oro, no dejes de investigar: ¡hallarás un gran tesoro!

Si encuentras un buen montón, ese es el botín del moro; lo que dice la leyenda es que aquel es el tesoro.

Si te bañas por la noche, podrás ver ese tesoro; verás brillos en el agua: son las pepitas de oro.

Mas luego nos dimos cuenta de que todo era tontuna: lo que brillaba en el agua era el brillo de la luna.

Pero un joven muy borrico la leyenda se creyó, y buscando aquella herencia en lo profundo saltó.

Nunca consiguió salir, hoy todavía lo buscan; como no sabía nadar... ¡bajo el agua lo disfrutan!


C

"Es muy facil predicar".

ES MUY FACIL PREDICAR
 Hace ya muchos años, el domingo era sagrado. Era día de oraciones, pues así estaba estipulado.

Aunque fueran gente pobre de economía maltrecha, debían dar a la iglesia parte de su cosecha.

El cura, que mandaba tanto, vio a un hombre trabajando. Maldijo toda su siembra por no pasar el día rezando.

Con poco para  sembrar, tuvo una mala cosecha. Su familia pasó hambre y quedó muy maltrecha.

Entre rezos pide a Dios que ocurra pronto un milagro, que le envíe el maná del cielo para poder comer algo.

Pero el maná nunca llega y la miseria acentúa. Se le ocurre al pobre hombre pedir una ayuda al cura.

—"¡Eres tonto del culo por creer en lo que digo! Una cosa es predicar, y otra es darte trigo".

Pasó un invierno tremendo, fue una etapa muy dura. Jamás volvió por la iglesia ni a fiarse de los curas.

Segunda Parte: El sudor y la tierra

Pasaron los calendarios, la nieve se fue fundiendo, y aquel hombre, con sus manos, un destino fue tejiendo. No esperó más milagros ni miró nunca hacia el cielo, buscó el pan en la fatiga y el consuelo en el suelo.

Labró de sol a sol, sin descanso y con empeño, siendo él mismo su maestro, su destino y su dueño. Y la tierra, que es agradecida con quien de verdad la cuida, le devolvió con creces lo que el cura le dio por perdida.

Sus graneros se llenaron, hubo lumbre en su hogar, y sus hijos, ya crecidos, no volvieron a rezar. Pues aprendieron la herencia que el padre les enseñó: "Dios no llena la barriga si el brazo no se movió".

jueves, 1 de enero de 2026

Aventuras de un taxista.


 Con poco tiempo en el taxi, me surgió una aventura: una mujer falta de amor, con fiebre y con calentura.

Tan solo al abrir la puerta, me quedé muy sorprendido, al darme las buenas tardes con un: "¡Hola, mi querido!".

Le pedí la dirección, respondió en el mismo instante: —No te preocupes por eso y sigue todo adelante.

Seguía yo sorprendido al llegar a un bulevar: —Yo quiero ir —me decía— donde me quieras llevar.

Estoy sola, sin marido, y busco tener pasiones; necesito de un hombre que calme mis emociones.

Me pareció un caso extraño por tanta facilidad; la miré detenidamente: creo que dobla mi edad.

Ella notó de inmediato que yo no me decidía, y para animar el trato exhibió la mercancía.

—Mira bien estas piernas, no son simples paletillas; con lo que guardo más arriba puedes hacer maravillas.

Parado en un semaforo,vi que ella estaba lista.empeza a eschuchar pitidos, de un compañero taxista.

Dale caña compañero, que la tienes en el bote,deja el pabellón muy alto,te puedes dar un buen lote.

Yo no sabía que hacer,allí me quede parado,Todos los coches pitando,cuando pasan por mí lado.

Por fin reaccione, de manera inesperada.a pesar de estar soltero,yo no quise saber nada

Mi cabeza daba vueltas, no sabía qué pensar; me acerqué lento a la acera y la invité a bajar.

Perdí treinta pesetas, lo que valía la carrera. No es una simple invención: la historia es verdadera.


Consejo para maduras.


 Si ya te encuentras madura y no te llegaste a casar, ahora con facilidad a alguno puedes ligar.

Búscalos por internet, hallarás mil candidatos: muy pocos para casarse, muchos de pasar el rato.

Verás que todos son guapos y con mil particularidades, dicen que les sobra el dinero para sus necesidades.

Simpáticos, agradables y todos maravillosos... pero cuando están dormidos, son como en invierno los osos.

Y te sale un buen moreno con una foto trucada; es el modelo perfecto, te quedas emocionada.

Les cuentas a tus amigas: "es moreno y brasileño", pero luego llega el chasco: ¡es un negro congoleño!

No puedes dar marcha atrás, no quieres servir de mofa, y les dices a tus amigas: "me va muy bien la cosa".

Cuentas que es muy educado, que es simpático y es majo, ¡pero le das el dinero porque está solo y sin trabajo!

Existen siempre secretos, esos que nunca te dijo: en su país se dejó a una mujer con tres hijos.

El día que lo descubras recibirás un mazazo, y recordarás la aventura de ese tipo cabronazo.

Los hombres en este mundo más o menos son iguales... ¡tú procura consumir los productos nacionales!


Prin

Amores "toxicos" de juventud

 (Amor de Juventud)

Amor de su juventud, por quien fue menospreciada, tras pasar cincuenta años él regresa a su morada. Le cuenta una historia triste, enfermo y solo en el mundo, mendiga un poco de afecto de aquel amor tan profundo.

Ella vive sola y libre, pero con resentimiento: «¡Este fue un hijo de puta! Ahora viene con el cuento». —Mi amor por ti ya murió y tú te portaste mal. Vete a dormir al establo como cualquier animal.

Lo más que puedo ofrecerte es una sopa caliente; ¡espero que te haga daño y que al comerla revientes! Le sirve una sopa fría con restos del basurero, y para darle sustancia, se mea dentro el puchero.

«No me quiso de muchacha por entregarse a su vicio; ahora que es puro desecho, ¡que se beba el desperdicio!». Pero el destino es irónico cuando se quiere vengar: la sopa fue medicina y él empieza a mejorar.

Se pone fuerte y macizo, ni las gracias le da encima; en cuanto se siente sano, se marcha con la vecina. A esa que tanto odiaba porque otro amor le robó; así a la pobre mujer la suerte la abandonó.

Ya no sabe qué pensar, la infeliz se vuelve loca: ¡si el cabrón vuelve a enfermar, no le dará ni una sopa.

Pasaron un par de meses, la vecina lo ha dejado, porque el tipo era un parásito, ruin y maleducado. Ella lo echó a la calle de una patada en el rabo, y él vuelve donde la "ex", sintiéndose muy acabado.

Llamó otra vez a la puerta con cara de desvalido: —Perdóname, mi tesoro, ¡qué tonto y cruel he sido! Ella lo mira de arriba, con una sonrisa extraña, mientras piensa: «Esta vez, no me gana con su maña».

—Pasa, querido, no sufras, la lección ya la he aprendido, tengo un guiso en el fogón que te dejará dormido. Él se relame los labios, cree que ha ganado la guerra, sin saber que ella ha mezclado matarratas con la tierra.

—Cómelo todo, mi vida, que te veo muy flacucho, esta vez lleva "especias" porque te quiero yo mucho. Él se zampó tres platos, con ansia y con alegría, mientras ella disfrutaba viendo su hipocresía.

A la mañana siguiente, no hubo sol ni hubo vecina, él terminó sus andanzas dentro de una letrina. Y ella, viuda de alma, por fin descansa del chulo: «Ese amor de juventud... ¡que muera y le den por culo!».

Sor Virtudes y las burlas.


En mi periodo de mili conocí a una religiosa; siempre la recordaré, pues era muy bondadosa.

El motivo de conocerla: que me fracturé una pierna; me cuidó con gran cariño esa monjita tan tierna.

La pobre era burla y mofa de todos los militares, por tener varias imágenes repartidas en altares.

Esa sencilla mujer a mí me dio mucha pena; no me gusta que se burlen de una persona tan buena.

Quizás fuera por aquello que yo rezaba el rosario; mis compañeros se burlan haciendo un comentario:

—"Dinos ya qué te sucede, si tú no eres creyente... ¿con unas faldas tan largas cómo te pones caliente?".

—"Sois unos guarros —les digo—, no sois nada sensibles; solo pensáis en mujeres y en cosas imposibles".

Seguí rezando el rosario, para mí era sencillo; lo hacía siempre en voz alta en medio de aquel pasillo.

Me daba vino a escondidas y un poquito de sal; eso no estaba incluido en el menú del hospital.

No tenía prisa en curarme, allí me encontraba bien; sin guardias ni instrucciones, ¡a la mili que le den!

Esa noble religiosa no entendía de militares: ellos buscaban desnudas, y ella, vírgenes en altares.

Espero volver a verla, porque ella así lo quiso, seguro me está esperando, para ver el paraíso..


El hornero y sus chapuzas.



Construye hornos de barro, es un gran chapucero; nunca hizo uno bueno, le llamaban «el hornero».

Los hacía con adobes, eran adobes de barro; con el material que usaba andaba siempre muy guarro.

El pobre no tiene estudios ni formación profesional; todo lo que el hombre hacía le salía bastante mal.

Para sujetar los adobes no encontraba la manera; todos se le caían si los ponía por fuera.

El dueño le recrimina, él solo dice: «Lo siento. Cambiaré de sistema: ahora los pongo por dentro».

El horno queda perfecto, ¡eso sí es una belleza! Pero cuando quiere salir, solo asoma la cabeza.

No sabe cómo salir, se queda como atontado; al hacer la puerta chica, allí se queda encerrado.

Se pone a pedir auxilio, la que lía es cojonuda; un borracho pasa y piensa: «¡Que se joda esa tortuga!».


La mujer tesoro N2



 


Pasados los tres meses, la mujer pasó a mejor vida. El viudo quería marcha: se buscó una querida.

Se casó con la moza, ambiciosa y presumida. Ella, al ver aquel cuadro, se quedó muy sorprendida.

«¡Madre mía, qué de joyas! ¡Qué collares, qué tesoro! Dime, maridito mío: ¿Dónde guardas tanto oro?».

Él jura por "tos" los santos: «En la casa no hay un duro». Ella mira el retrato y dice: «¡Tú me engañas, te lo juro!».

Él, en la noche de bodas, oyó un "clic" en la madera. La mujer estaba loca: revolvió la casa entera.

Empezó por el armario, después levantó el parqué; arrancó los azulejos, hasta picó la pared.

El marido, desesperado, se tiraba de los pelos, mientras la difunta del cuadro se reía desde el cielo.

Así se cargó la casa, todo lo llenó de escombro. La nueva sigue picando con el pico sobre el hombro.

MORALEJA: Si te quedas viudo, ya puedes ver lo que pasa, búscate una querida y no la metas en casa.


La mujer es un tesoro Nº 1

 

La mujer dice al marido: «Ven, cariño, vida mía. Acaban de diagnosticarme: me quedan tres meses de vida.

Me gustaría dejarte algo para recordar. Dime, ¿Qué te gustaría que te pudiera dejar?».

«Un cuadro me gustaría, que te lo haga un pintor. Lo colgaré en la pared, así te veré mejor».

Se presentó ante el pintor la mujer muy decidida, para que la pinte guapa de cintura para arriba.

Terminado el cuadro, el cuadro quedó precioso, pero al no tener adornos quedaba un poco soso.

«Mañana me lo retoca, quiero dar una sorpresa. Alquilaré unas joyas, quiero ser una princesa».

Alquiló un cofre lleno, todos los adornos de oro. Quedó como una princesa del harén de un rey moro.

Al verlo el marido, se cae y se rompe el culo: «No tienes ni un puto anillo, ese cuadro es un bulo».

Si invitas a una a casa, al ver en mí tanto oro, te pedirá matrimonio para encontrar el tesoro.

No tendrás noche de bodas, no podrás usar el mango; ella se volverá loca todas las noches buscando».

En efecto, él se casó, por eso sigue la historia. Habrá una segunda parte cuando venga a mi memoria.

Ese primer amor."El mejor"

 

Ese primer amor, nunca es olvidado. Por muchos años que pasen, siempre es recordado.

Eso me pasa a mí, que lo sigo recordando; con nostalgia y con pesar, al menos de vez en cuando.

Me levantaba atontado por no dejar de pensar. Me perdía el desayuno y me iba a trabajar.

Llegaba el mediodía, la hora de la comida. Seguía pensando en ella y también me la perdía.

A la hora de la merienda yo me pongo a meditar. Sigo pensando en ella, ¡me quedo sin merendar!

Es la hora de la cena y no dejo de pensar en ese primer amor... y me acuesto sin cenar.

Estando ya en la cama, mis tripas me dan calambres. No me puedo dormir por estar muerto de hambre.

Ante tanto sufrimiento, me estaba quedando tieso; sin recibir un abrazo y mucho menos un beso.

Yo estaba lejos de ella, me llamó desesperada: —"Si puedes, ven a verme, que tengo la tripa hinchada".

Ella, al verme, me abrazó y se mostró cariñosa. Yo pensé: "Esto es muy raro, cómo ha cambiado la cosa".

Yo quise aprovechar, ella dijo: "No te pases, que tengo la tripa hinchada y se me escapan los gases".

Sin comerme una rosca, yo le di la solución: —"Tírate unos buenos pedos y te baja la hinchazón".

Al estar muy separados, mejoró la situación. Como por arte de magia, se le bajó la hinchazón.

¿Cómo bajó su hinchazón? Eso yo nunca lo vi; pero con la tripa plana, no quiso saber de mí.

No seáis malpensados, sé lo que estáis pensando. Yo sigo pensando en ella... al menos de vez en cuando.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Dos abuelos cachondos.




Dos cachondos abuelos.
Hoy rebosan alegría
Es por cumplir los años
los dos en el mismo día. 

Reviven su juventud
solos, sin sus mujeres.
Beben varios licores.
 Después buscarán placeres.

Se pasan en la bebida
ya perdieron la costumbre
Los dos están más calientes
que un cocido echo en la lumbre.

En la casa del placer
los dos son muy exigentes.
Piden dos sin estrenar
con curvas y muy calientes.

La madame está pillada
Un capricho extraordinario.
Le pide un dinero extra.
Trata de solucionarlo.

Al comprobar como están
en estados lamentables.
Soluciona el capricho
Con dos muñecas hinchables.

Son dos chicas fantásticas
y están sin estrenar. 
 Trátenlas con cariño.
Le dará vergüenza hablar.

Costó mucho encontrarlas
son dos de mis ahijadas.
Los esperan en pelotas.
Con las luces apagadas.

Estaban emocionados
al vivir esa aventura.
Que casi no le dio tiempo
A bajar la calentura.

De camino a casa.
Cada uno cuenta su historia.
Sí, era vieja o joven.
Y le gusto la zanahoria.

La mía tenía la carne
Como entre blanda y dura.
Creo que era muy joven
no tenía ni una arruga.

Guapa como una muñeca
estaba muy cojonuda.
No dijo nada en el acto
 Me pareció que era muda.

La mía estaba muy buena
También creo que era muda
Estaba de culo esperando
y aproveché la postura.

Agarré bien las tetas.
 Me puse como un mulo.
Una oportunidad única
de aprovechar bien un culo.

Para mí que era una bruja
yo sé la enchufé con gana.
 Soltó un pedo como un trueno
y escapo por la ventana.

No asimilo que pasó
No entiendo nada de nada.
Mi cuerpo está magullado.
La pilila destrozada.