Continuación del cabrero y la terrateniente
Después de tanto buscar, encontré el desinfectante. Seguro que a ti te pasan muchas cosas como estas: al recibir arañazos, ¿con qué te los desinfectas?
—Sí que recibo arañazos, los desinfecto en un plis; en el campo estas cosas se desinfectan con pis.
—Pues dale caña al asunto, no me hagas esperar. Me están picando un montón, ¡empieza a desinfectar!
Con la jeringa en la mano le empiezan los temblores; ella, al notar el contacto, rompe en fríos sudores.
Llega al rasguño profundo y se detiene un momento. Ella le dicta la orden: —¡Desinféctalo por dentro!
Al ser la hija del patrón, la tiene que obedecer. Su padre le paga el sueldo, ¿qué otra cosa puede hacer?
Un mes de curas al día... no cura ni de chiripa. El pastor está más flaco, a ella le crece la tripa.
El padre dice a la moza: —Te crecen tripa y tetas, dime si has ido al huerto y has usado cebolleta.
Lo mejor es que te cases, serás una linda novia. Se casó con el cabrero y aquí se acaba la historia.



















