La noche del dilema.
Para la noche de bodas ella tenía la duda: no sabía qué ponerse, si ir vestida o ir desnuda.
Era un dilema terrible, vaya apuro que tenía: ¿de qué forma a su marido más le impresionaría?
Preguntó primero a una amiga para pedirle consejo: ¿debe estar a la vista o escondido el conejo?
"Ponte algo muy sexy, que eso les mola montones; se les cae la baba y se ponen como leones".
No conforme con aquello, buscó una segunda opinión: le preguntó a su abuela, que de eso sabe un montón.
"Hija mía, yo esa noche me puse ropa de lana; ¡nos daba tales picores que lo hacíamos con gana!".
Aquello sonó a rancio, completamente pasado; así que consultó a su madre, de criterio más moderno.
"Madre, dame tu consejo, ¿qué ropa debo llevar? ¿Una que se quite pronto o que cueste de quitar?".
"Ponte la que tú prefieras, de Mango o de Desigual; con ropa sexy o antigua, al marido le da igual.
Y si quieres repetir, no te lleves ni una muda: la ropa siempre es estorbo... ¡Pasa la noche desnuda!".

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