El Baile de las Tres Pesetas
La abuela siempre recuerda las fiestas de antiguamente, cuando no tenían luces y todo era diferente.
La fiesta era muy sencilla, sin ruidos ni altavoces, se hablaba todo al oído y así venían los roces.
Con los ruidos de estos tiempos se acaba nuestra paciencia, y la abuela me decía: "te contaré mi experiencia".
De joven me fui a bailar con esa música infernal, cuando salí de mi pueblo para ir a la capital.
Me movía con soltura, bebí y pasé de la raya, me rozaron las caderas... ¡Se rompieron mis bragas!
Se enredaron en mis pies, quedaron hechas pedazos; me caí en medio del baile y me di mil costalazos.
Del golpe rompí el sostén (que costó sus tres pesetas), pasé una vergüenza grande, pues se salieron mis tetas.
Los mozos de aquel salón me quisieron ayudar, pero al verme "desarmada" se quisieron aprovechar.
Todo ha cambiado bastante, lo tomo con paciencia, pues ya ves que en el baile se pierde la compostura... ¡Ten cuidado cuando salgas y ajusta bien tu costura!

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