Culpables: Los Calzoncillos
Las familias de antes tenían muchos chiquillos; la culpa, en esos tiempos: ¡el uso de calzoncillos!
Fabricados con lino, duros, bastos y sudados, de tanto rozar los huevos se los dejaban morados.
Al trabajar en el campo con pantalones de pana, locos por llegar a casa, cenar y entrar en la cama.
Estando ya desnudado, llamaba él a la parienta para que viera sus partes y de ellas se diera cuenta.
La mujer miraba bien a su querido marido: —Los calzoncillos te rozan, lo tienes todo escocido.
No tengo ninguna crema para esas zonas tan tiernas; para aliviar el dolor, ¡mételo entre mis piernas!
Así, todas las noches, sus heridas van curando; mientras hace de enfermera, la tripa se va hinchando.
Con tejidos más modernos ya no rozan calzoncillos; no se trabaja en el campo y se hacen menos chiquillos.
La Seguridad Social quebrada, los gobiernos preocupados: si no nacen más niños, ¿qué cobran los jubilados?
Invertir la pirámide ya sería un caso extraño; queremos más libertad y no ropa de hace un año.

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