La cita del pediatra
Sale del metro deprisa, como cualquier pasajera, tiene una cita pendiente y lleva una teta fuera.
Su teta es voluminosa, los hombres van alucinando; con la prisa no nota siquiera que todos se quedan mirando.
Las mujeres comentan al paso: «Es una moda pasajera, se ve mucho en los desfiles llevar una teta fuera».
«Es normal en las modelos, están firmes y moldeadas, pero estas rompen las normas, parece que están hinchadas».
Con la hora fija en su mente, ella se va sofocando, y su teta asoma más, parece que va agrandando.
En la sala de espera, no causa gran sensación, los presentes solo piensan: «¡Vaya pedazo de hinchazón!».
Al verla entrar, el pediatra la mira muy extrañado: «Yo no reviso los pechos, es en la puerta de al lado».
«¡Mil perdones, doctor! Soy una gran despistada, ¡por darle teta a la niña... la dejé en casa olvidada!».
Olvidarse a la nena. Eso es una puñeta: a mí me vino muy bien y puedo ver una teta.

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