Se van a vivir al campo, muy lejos de la ciudad, buscan la vida sencilla, con paz y tranquilidad.
Esa paz que tanto ansían muy pronto se ve truncada, por unos extraterrestres en visita inesperada.
Han venido a la Tierra en una misión compleja: probar a crear otra raza intercambiando pareja.
El reto es inesperado, a la vez que atractivo; la mujer, más decidida, pronto anima a su marido.
Terminada la sesión, pasada ya la "calentura", los dos están de acuerdo en contarse la aventura.
—Al sacar el aparato, yo me quedé muy asombrada: era como un gusano, no servía para nada.
—No te preocupes, terrícola, sé bien lo que estás pensando: si le das unos tirones, esto se va agrandando.
El sistema era sencillo, el método funcionaba: se ponía larga y gorda cada vez que la estiraba.
Fue una noche muy feliz, la más grande de mi vida; jamás volveré a encontrar un "aparato" a medida.
—Ahora cuéntame tú, ¿qué tal te lo has pasado? Seguro le diste caña hasta quedar reventado.
—De tanto estiramiento, me la dejó hecha una mierda: me quedó larga y finita... ¡Como una lombriz de tierra!

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