Un desastre de marido, tan borracho y comilón, que su mujer, ya aburrida, buscaba una solución.
Consultó a varios doctores, nadie dio con la receta; halló al fin la medicina en una bruja discreta.
—Con este simple brebaje que te voy a preparar, si se lo echas en el vino creerá que va a reventar.
Perderá el conocimiento, te podrás aprovechar; dile, cuando vuelva en sí: "¡Algún día vas a explotar!
Hoy tuviste mucha suerte, estás vivo de chiripa; si sigues haciendo el tonto, te quedarás sin la tripa".
—Tienes otra alternativa: ve directo al matadero, y recoge entre el despojo unas tripas de cordero.
Cuando vuelva a recaer y lo encuentres bien "pedo", se las pones junto al culo... esas tripas de cordero.
—¡Qué razón tenías, mujer! Sigo vivo de chiripa; se cumplió lo que advertiste: ¡se me salieron las tripas!
—Eso es por no cuidarte, aunque tiene solución; seguro que al escaparse te dolieron un montón.
—No dolieron al salir, lo que no llego a entender... ¡Es que las pasé muy putas al volverlas a meter!

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