El niño, la bruja y los huevos
Diez años sin tener niños sin saber cómo ocurrió, ella queda embarazada y de mellizos parió.
Al comenzar con el habla uno es más adelantado, el otro no dice nada: es bueno, pero callado.
El matrimonio, angustiado por corregir esa pega, con empeño lo han llevado directo al logopeda.
Lo revisan los doctores y llegan a sentenciar: «El niño está muy perfecto, solo tarda en hablar».
No se fían del dictamen, buscan otra solución; la abuela les recomienda curanderos de la región.
La bruja le pone en cueros, le hace una revisión y dice que por mil euros le dará la solución.
—No me importa ya el dinero, no me haga usted esperar, le daré lo que me pida si el niño empieza a hablar.
Usa un truco muy antiguo, el método no es muy nuevo: le agarra de las pelotas y le retuerce un huevo.
El niño pega un chillido, las está pasando putas, se encara con la señora: «¡Usted es una hija de puta!».
El padre, muy emocionado, llama rápido a la madre: «¡Estoy la mar de contento, he conseguido que hable!».
—¡Marido, eres un desastre, un torpe y un cornudo! ¡Te llevaste al que ya habla y aquí me dejaste al mudo!
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