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miércoles, 21 de enero de 2026

La Perra Gorda


 

La Perra Gorda

Retrocedamos cien años para entender la historia: cualquiera era muy feliz con una perra gorda.

Encontró una mi madre cuando era solo una mozuela; la gastó en golosinas... ¡Menuda zurra de su abuela!

Idea descabellada gastarla en caramelos; era un motivo sobrado para arrancarle los pelos.

Mentalidad de la abuela cuando tenía una perra: mejor dársela al cura para que rezara por ella.

O servía para el abuelo, si estaba sufriendo pena; si fue para el purgatorio, se acortaba su condena.

—¡Eres una gastadora, te voy a arrancar los pelos! Seguro que te compraste por lo menos diez caramelos.

—Dámelos rápidamente, comer tanto es un abuso; te pueden hacer daño, yo les daré mejor uso.

La abuela los confiscó, no los sabía chupar; los echó dentro del café para poderlo endulzar.

La pensión de la abuela era cosa del futuro; era la gente tan pobre que no tenía ni un duro.

Viuda la pobre mujer, sin dinero y sin calma, que el hambre dolía mucho... ¡Pero más le dolía el alma!

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