La Espera
En las parejas ocurre, si salen a pasear, que la mujer tarda mucho y el hombre debe esperar.
Para salir la mujer, siempre pone más cuidado, el hombre no se lo piensa y sale más descuidado.
Tarda mucho en estar lista, siempre tiene que arreglarse: una hora de pintura y dos horas para peinarse.
Si el tiempo está muy revuelto, a ella no le importa nada, aunque al pisar la calle ya se quede despeinada.
El hombre, de mal humor de tanto y tanto esperar, se pone de mala leche y se empieza a cabrear.
Para ponerlo contento, ella dice entre sonrisas: «¡Eres un tío apurado, que siempre anda con las prisas!».
«Tú, al salir de la casa, no te acuerdas de mear, pero te metes al bar y yo tengo que esperar».
Si ella se muere primero, él se piensa vengar: ¡ahora será su esposa la que tenga que esperar!
Pone un cartel en la tumba: «Me paso el día meando; ahora vas a saber lo que se sufre esperando».
Así termina la historia de esta pareja tan fiel: ella esperando en la gloria, y él meando a granel.

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