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miércoles, 28 de enero de 2026

Humo, Yemas y Pinzas


 

Humo, Yemas y Pinzas

Lleva años con el humo, ya no puede respirar, no le queda más remedio que dejarse de fumar.

Ya se puso los parches, esos de la nicotina, no le dieron resultado, probó con la medicina.

Se pasó al electrónico, ese que suelta vapor, unos días sin el vicio se sintió mucho mejor.

Pero volvió a engancharse, no valen las medicinas, es difícil resistirse a las putas nicotinas.

Fue a consultar al médico, por si le podía ayudar, con algún nuevo remedio que pudiera soportar.

—Dile pronto a tu parienta que te ponga huevos duros. ¡Tira todos los cigarros y deshazte de los puros!

Al no tener el tabaco, ni tampoco tener puro, ante el ansia de un cigarro... ¡Te comes un huevo duro!

—¡Si fumaba veinte piezas y de vez en cuando un puro! Yo no puedo merendarme esos veinte huevos duros.

La mujer, muy obediente, compró huevos a granel, se pasaba todo el día quitándoles la piel.

Se le hincha la barriga, va caminando pesado, y en lugar de echar el humo va por todos lados hinchados.

Con tantos huevos al día llegaría a reventar... ¿Por qué comer tantos huevos para dejar de fumar?

Volvió cojeando al médico, con la cara de un difunto: —O me cambia la receta o aquí se acaba el asunto.

El médico le miraba con sonrisa muy ladina: —Si no quieres comer huevos, tengo otra medicina.

Otro método fantástico es efectivo y muy nuevo: por cada vez que tú fumes... ¡Ponte una pinza en un huevo!

Estas dos grandes recetas las tienes que asimilar: ¡hace falta tener huevos para dejar de fumar!

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