El hombre de los tres vinos
Al terminar la jornada, se pasa por el bar chino, y pide que le preparen sus tres vasitos de vino.
No los quiere de uno en uno, ni pide mucha rapidez, pero sí que se los sirvan los tres vasos a la vez.
El primero lo dedica al dulce amor de su Luisa, lo saborea con gusto y no lo toma con prisa.
Para el segundo le pide que le ponga una pajita, lo sorbe muy lentamente brindando por la Paquita.
El tercero lo levanta y lo mira al trasluz, se lo trinca de un soplido brindando por su salud.
Más la costumbre le cambia al decirle un día al chino: —Ponme solo dos vasitos de tu mejor vino—.
El tabernero, intrigado, le pregunta: —¿Qué pasó? ¿Acaso Luisa o Paquita... alguna de ellas murió?
—Siguen las dos con salud, hermosas y de buen ver; ¡soy yo el que se ha propuesto que dejará de beber!

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