Hablando de médicos
Hablando de médicos varios, las amigas se entretienen, y cada una presume del doctor que ella tiene.
—A mí me gustan los jóvenes, que sea un chico el que ausculta, eso me quita la pereza de acudir a la consulta.
—Yo prefiero mediana edad, que tengan ya experiencia, que escuchen lo que les digo y me traten con paciencia.
—Mejor que sea doctora para las intimidades, nos comprendemos mejor, somos como dos mitades.
—Para mí es indiferente, el género a mí no me cuenta, no pienso ir a ninguno hasta pasar los cincuenta.
—Yo no me pienso casar, ni quedar embarazada, y teniendo sexo diario... ¡No los necesito para nada!
—Mi ginecólogo es mayor, pero no lo pienso cambiar, lo conozco desde niña y me hace disfrutar.
—Lo tuyo es un caso extraño, me lo tienes que aclarar: ¿qué te hace ese ginecólogo para hacerte disfrutar?
—Le tiemblan mucho las manos, y con solo rozarme un poco, yo me pongo a gemir... ¡Y al pobre lo vuelvo loco!
—Viendo cómo está el asunto, —dijo la de los cincuenta—, ¡pásame ya su teléfono, que ese examen sí me tienta!

No hay comentarios:
Publicar un comentario