El hombre exhala su aliento, le pregunta a su mujer: —Ya que me voy al infierno, dime si me has sido fiel.
—Eso es una grosería que no voy a contestar. A ver si cierras los ojos y vuelves a resucitar.
Tú siempre fuiste un putero, un cerdo de gran calado. Dime con cuántas mujeres me has el cuerno plantado.
—Yo estaba lleno de vida y me sobraba gasolina. Le enchufé la manguera a toda hija de vecina.
A tus amigas del colegio, en cuanto tuve ocasión; si les venía un catarro, les metía la inyección.
Como bien sabes, trabajaba en despedidas de soltera, y allí tenía que "cumplir", quisiera o no quisiera.
Vi salir humo de un bloque, ardía hasta la persiana; me "sacrifiqué" por tres viudas y les apagué las llamas.
Fui a un centro de acogida de mujeres separadas; las tuve que "consolar", estaban tan... abandonadas.
Paseando por el parque se me acercó un grupo; cuatro modelos hermosas querían probar mi canuto.
Recuerda aquel cumpleaños, entre tartas y regalos; a las madres de los niños les quité todos los males.
Soy un hombre caritativo y siempre muy cumplidor: si una mujer lo precisa, le hago siempre un "favor".
—Nunca llegué a imaginar que fueras tan "misionero"; siempre ayudando a las damas... ¡con el instrumento entero!
Por ser tan "benefactor" estás hoy aquí estirado. Tengo pruebas suficientes para haberte envenenado.
Vete tranquilo a la tumba, y entérate de una vez: mientras tú hacías "favores", ¡yo me estaba tiraba al juez!
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