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miércoles, 7 de enero de 2026

El Sabueso de la Perfumería

 El Sabueso de la Perfumería

En una boutique de lujo, de esas de alto copete, las modelos son empleadas y el perfume es un juguete. Pero hay un encargado que, más que vender fragancias, prefiere oler los cabellos, acortando las distancias.

Es un hombre bondadoso, aunque un poco "pavisoso", con un vicio por el pelo que resulta algo vicioso. Las chicas no comprenden qué busca en su melena, ¡parece un setter irlandés que anda buscando la cena!

Están todas hasta el moño de este perro faldero, que fiscaliza el champú con rigor de carnicero: —"Hoy no te has duchado", te suelta con descaro, —"Tus pelos están revueltos, y huelen un poco raro".

Si tuviste noche brava y el amor te despeinó, él nota que el aroma a Dior se te esfumó. Y si tu pelo esta mañana exhala una dulce esencia, te suelta la pregunta con total impertinencia:

—"Hueles mucho a vainilla... dime, linda, chiquilla: ¿Has tocado los huevos o hiciste una tortilla?

Hartas de este "nariz" que se cree muy cotilla, piden a gritos al dueño que lo borre de plantilla. —"¡Es un pervertido!", gritan todas al unísono, mientras él sigue olisqueando con el gesto muy monótono.

Pero el dueño, que es zorro y de vuelta está de todo, responde a las modelos con un poco de recodo: —"Señoritas, por favor, no me sean tan sensibles, que un olfateo de pelo no produce daños que sean irreversibles".

Y aquí llega la madre de toda esta cuestión, la cruda realidad de nuestra humana condición: No importa que te huela un galán de un metro noventa... ¡Lo malo es que lo haga un canijo que no llega a los ochenta!


 

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