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miércoles, 7 de enero de 2026

El Párroco y sus Virtudes

 El Párroco y sus Virtudes

Era un joven cura, guapo y elegante, al que un coche nuevo le hizo un desplante. Su carácter noble cambió de repente: salió de noche y se mezcló con la gente.

Conducta muy rara para el sacerdocio, frecuentando siempre lugares de ocio. Son sitios de riesgo y muy peligrosos, donde los pecados resultan honrosos.

La iglesia llenaba con tantas mujeres, que allí descuidaban sus propios deberes. No rezan siquiera, ni se santiguan, mirando al curita sus penas averiguan.

Los hombres, ya moscas, no quieren rezar, por miedo, a las "hostias" que el cura pueda dar. Viendo que la parroquia se vuelve un gran cisco, fueron a denunciarlo ante el señor Obispo.

Perseguido siempre por tanta mala fama, el Obispo decide cambiar el programa. A un lugar muy solo lo mandó a vivir, para que el pecado deje de existir.

Le visita al tiempo para ver su estado, y saber si al fin se siente perdonado. "¿Se olvidó ya, hijo, de tantas mujeres? ¿Ha vuelto a cumplir con sus santos deberes?"

"De aquel solitario lugar, Padre mío, rompo una lanza con mucho brío. Me lo paso en grande, no tengo añoranza, pues paso los días con la Templanza".

"Y en segundo lugar, para mi felicidad, práctico día y noche, la Caridad". El Obispo queda de una sola pieza: "¿Cómo logras, hijo, tan alta pureza?"

Apareció Templanza a un silbido del cura, con gasas finas mostrando su hermosura. Y a un segundo silbido, llegó Caridad, con un gran escote y mucha calidad.

El Obispo, al ver aquel cuadro en la sala, creyó que el infierno le abría su ala. Se desmayó de un infarto ante tal escenario, y aún se recupera hoy en el santuario.

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