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viernes, 23 de enero de 2026

Aventura en el Campanario


Aventura en el Campanario.

Es la iglesia de mi pueblo, testigo de esta aventura: con rotura de costillas y dolores de cintura.

No fui yo quien las rompió, pero sí mía la culpa. Si ella lee esta aventura, yo le mando mi disculpa.

En el arco de campanas, las palomas hacen nido. Vi dos pichones ya grandes, ¡muy buenos para un cocido!

Pido ayuda a una muchacha, pues solo logro entenderlos; si me subiera en sus hombros, sí que podría cogerlos.

Ella accede a subir juntos y, al estarlos recogiendo, veo que viene aquel cura por la escalera subiendo.

Acojonados los dos, huimos por el tejado. El cura empieza a gritar, ¡del susto se había cagado!

Yo salté hacia el cementerio, que está hacia el otro lado. La muchacha tuvo miedo de tirarse de aquel nado.

La animo a que se tire, que no nos pille el curita, que grita: «¡Si los alcanzo, les saco la asaduría!».

«Mejor te tiras de culo, no recibirás trompazos. Yo amortiguo tu caída y te estrecharé en mis brazos».

La pobre se fio de mí, no respondieron mis brazos. Cayó sobre una losa, se dio unos buenos porrazos.

Quedó encima de una tumba, llorando allí, espatarrada. Entre el cura y la familia, creo que fue auxiliada.

Yo huy hacia lo más alto, ella quedó en el entierro. ¡Lo que sufrió la Socorro, lo tendrá siempre en recuerdo!

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