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sábado, 24 de enero de 2026

Piropos de un matrimonio


 

Piropos de un matrimonio

Piropos de un matrimonio, después de cuarenta años. Están muy enamorados, y se siguen piropeando.

—Cariño, estás preciosa, y te mueves con salero. Me recuerdas una estatua, de las de Fernando Botero.

—¡Qué cumplido eres, amor! Es un piropo precioso. Si tú no estuvieras calvo, me recordarías a un oso.

—Si estuviera Rubén vivo, seguro te pintaría. A él le gustaban las gordas, no andaba con tonterías.

—Tú podrías ser modelo, saldría un cuadro bonito. Te pintaría Miguel Ángel, pues tienes pequeño el pito.

—Cariño, si te operaras, y te quitaras las lorzas, con esa piel que te sobra, se podrían hacer alforjas.

—¿Qué me dices de las tuyas? Desde la ingle hasta el hombro, se podrían hacer cien sacos para tirar el escombro.

—No me saques más virtudes, tú eres feo y estás calvito. Por si eso fuera poco, ya no te funciona el pito.

—Cariño, sí me funciona, tienes que comprender, que tienes tal matorral, que en él se puede perder.

—Me puedo hacer una poda, o rasurarme la cuca. Con los pelos que me quite, tú te haces una peluca.

¡Qué amor tan profundo! ¡Qué cariño tan perfecto! A pesar de tantos años, no se encuentran un defecto.

Eso es lo más grandioso, ese amor no tiene fin. ¿Qué celebración habrá? El día de San Valentín.

Y aunque se digan de todo, se quieren de tal manera, que duermen siempre abrazados... ¡a pierna suelta y entera!



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