Mi Aldea Cambiada
Me encuentro en mi aldea, miro a mi alrededor. Ni escucho ni veo a nadie, solo un pájaro cantor.
Cuando yo era un niño, esto era un hormiguero; se escuchaban las carretas, las voces del carretero.
Con sus caminos de polvo, era alegre y divertido; ahora que está asfaltado, se ve triste y deprimido.
En la era se trillaba, en el campo se segaba; a pesar del duro trabajo, toda la gente cantaba.
Los hombres majaban trigo, su sonido retumbaba; el mozo joven presumía de ser el que más segaba.
La moza, siempre alegre y la mar de divertida, con su cesta en la cadera llevaba allí la comida.
Cada niño ayudaba en la labor que podía; nos sentíamos orgullosos, aunque el juego nos distraía.
No pensábamos en playas, ni se concebía en sueños; al terminar la jornada, a lavarte en los barreños.
A veces no había barreño, tenías que ir a la fuente; como la madre no estaba, solo mojabas la frente.
Una ligera pasada, de frotarse... muy poquito; mejor tener la piel dura, ¡así no picaba el mosquito!
No teníamos alergias al polvo ni a los animales; éramos todos muy duros, no nos entraban los males.
Ganó en comodidades frente a esa época pasada, pero ya forma parte de la España despoblada.
Se marcharon los vecinos, el progreso nos ganó, y entre muros de adobe frío solo el eco se quedó.
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