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sábado, 24 de enero de 2026

Los Antiguos Apaños


 

Los Antiguos Apaños

En épocas de otros tiempos, apenas hubo cortejo. Se casaban rápidamente siguiendo solo un consejo.

Eran siempre las madres quienes daban el empujón: ofrecían a sus hijos por honrados y guapetones.

Pregonaban por el pueblo y también los alrededores: «¡Una joya es mi niño! ¡Es de todos el mejor!».

A las hijas las cuidaban como si fueran de oro, buscando siempre el apaño que les diera algún decoro.

«No te quedes soltera», le decían a la hija mía, «que por no querer boda, murió sola la tía María».

Al varón le advertían: «¡No te quedes solterón! Que te volverás un raro o perderás la condición».

Trabajando siempre el campo, entre sudores y labores, les quedaba poco tiempo de cultivar los amores.

El divorcio no existía, ni se hablaba de maltrato; con ocho hijos o diez... ¡No tenían un mal rato!

Aquellos viejos apaños daban buenos resultados: se aguantaban entre ellos y morían esposados.

Hoy los tiempos han cambiado, ya no existen esos lazos; lo que antes era un nudo, hoy se rompe en mil pedazos.



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