La justicia, la de arriba, es difícil de explicar, y este es un claro ejemplo de lo que puede pasar.
En el pueblo vive un cura que ejerce con gran pasión, que cuida de su parroquia y enseña la religión.
También vive un buen taxista que invade hasta las aceras, no respeta las señales en calles ni carreteras.
Dos personas tan distintas que, por culpa de la prisa, se encuentran cuando el cura va a paso de dar su misa.
Una decisión fatal: subir con aquel alocado. Chocan contra una farola y quedan "espachurrados".
Juntos llegan hasta el cielo; el taxista es premiado con la distinción más alta, más el cura es ignorado.
No entiende tal injusticia, pues sus misas y sermones no le sirven para nada... ¡Exige explicaciones!
—Tus misas y tus sermones eran lentos y aburridos; siempre decías lo mismo y acababan todos dormidos.
En cambio, con el taxista, como nada respetaba, pedían ayuda a Dios ¡y todo el mundo rezaba!
Tras oír la moraleja y el veredicto escuchado... ¿Quién merece ser premiado?
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