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sábado, 24 de enero de 2026

La fe y la farmacia


 

La fe y la farmacia

Ella, ferviente católica; él, más bien un renegado. Jurando con mala leche, siempre vivía cabreado.

—¿De qué te vale, marido, hacer esos juramentos? Si tú no crees en Dios, no escuchará tus lamentos.

Teniendo fe en las cosas, todo se puede curar; si se lo pides al Señor, Él lo puede solucionar.

Al médico tú no vas, el curandero no cura... ¡Reza un poco al Señor y no te mofes del cura!

A misa la acompañó, se portó divinamente; las manos entrelazadas, rezando como un creyente.

Dejó hasta de jurar, a ver si así mejoraba; ha pasado medio año y sigue sin notar nada.

—¡María, que esto no cura! ¿Cuánto tengo que rezar? Ya me estoy aburriendo, no empieza a mejorar.

—Marido, lo que le pides le parecerá algo extraño... ¡Cómprate ya la Viagra, que te hará mejor apaño!

El hombre bajó la vista, guardó el rosario en el paño, y se fue a la farmacia a por el remedio del año.

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