El secreto de María
—María, dime a dónde vas, que parece que llevas prisa. —¿Mujer, a dónde voy a ir? A la casa de la Luisa.
No sé qué le pasará, pues me acaba de llamar; será por el nerviosismo de que pronto va a casar.
Tú sabes que a las novias yo les quito los defectos, para que el día de la boda lo tengan todo perfecto.
Si acaso le viene ancho, yo se lo puedo estrechar; a la medida que quiera se lo dejo por estrenar.
Y si peca de muy estrecho, yo se lo dejo a medida, para que cuando se lo meta sienta una gran alegría.
Pero si le viene justo, ahí no tengo nada que hacer; eso es cosa del novio, que él dé su parecer.
—Y si ella es de "vida alegre", ¿dime qué puedes hacer? —¡Tendré que hacerle mil pliegues para poderlo encoger!
—¡Eres una malpensada! Yo no hago distinciones; mientras a mí me paguen, arreglo a hembras y varones.
Para eso soy modista y es una virtud muy mía: ¡dejarles el vestido listo para que luzcan ese día!

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