El Secreto de la Esposa
—¡Mujer! Regaña a tu hijo, que no hace los deberes. No sé si está en la higuera o pensando en los placeres.
Esto es típico del hombre: trasladarlo a la esposa. Él no quiere los problemas ni solucionar la cosa.
Ella, de puros nervios, le dice encabronada: —Es el reflejo del padre, que no vale para nada.
Es como un pobre chucho, no sirve ni para el ganado; no tiene un gen específico que de mí haya heredado.
Me tiene hasta el mismo moño, es como una cucaracha. No sé ni cómo lo hice... ¡Debía estar borracha!
El marido escucha todo lo que suelta por su boca; no lo puede comprender, cree que se volvió loca.
—Cariño, no te pongas así, que no tengo esos defectos; trabajo, te doy el sueldo, mis modales son correctos.
—¡Ay, que eres tonto el haba! Lo que al niño le digo es lo que pienso del padre... ¡Que nunca ha sido tu amigo!

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