El misterio del pueblo
El pueblo se hizo famoso, y no fue por una chiripa, pues tenía el récord de mozas con hinchazón en la tripa.
Corrió de boca en boca, —la lengua siempre exagera— que las mozas eran calientes y allí ligaba cualquiera.
Asustados todos los padres, decidieron poner remedio, cortando por lo sano según propuso Eleuterio.
Encerraron a las mozas de la noche a la mañana: cambiaron las cerraduras y hubo rejas en ventanas.
Pero el invento no funciona, ni de suerte ni chiripa; pasa ya medio año y sigue creciendo la tripa.
Librarlas de tal peligro es una pura quimera; ¡si hasta refuerzan los marcos poniendo una mosquitera!
Siguen creciendo las panzas, no saben cómo parar, y al fin las llevan al médico a ver qué puede pasar.
El diagnóstico es sencillo tras observar los detalles: «¡Ni repollo ni judías, y no caten el pepino, que estos causan tales aires!».
Ya no hacen falta candados, ni rejas, ni mosquiteras, que al quitarles las legumbres... ¡Se acabaron las "preñad eras"!

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