El final del marido
Desconsolada la mujer, no paraba de llorar. Todos quieren ayudarla, nadie la puede calmar.
Una desgracia muy grande es la que acaba de ocurrir: hace tan solo unas horas vio a su esposo partir.
Por eso la pobre llora, "era guapo y era fino", pero cayó en la tinaja donde guardaba su vino.
—¡Cuéntanos cómo ocurrió esa desgracia tremenda! Y deja ya de llorar, que eso ya no tiene enmienda.
—Pensaba limpiar la cuba, no hallaba la ocasión... y yo, para darle ánimos, ¡le di un fuerte empujón!
—¿Acaso fue una venganza por lo mal que te trataba? ¿Fue un momento de locura porque estabas desesperada?
—Yo le amaba con locura, él era un pobre infeliz. Se pasaba con el vino, pero en el fondo era feliz.
No me arrepiento del hecho, lo sigo y seguiré amando; ahora está donde le gusta... ¡Y allí seguirá disfrutando!
Ya no quiero entierro digno, ni caja de madera fina, que se quede allí guardado... ¡Así se me hace solera el vino!
Ahí no se deteriora. Se seguirá conservando. Con un trago por las noches... ¡Siempre lo iré catando!

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