El Cerdo de Juan
Juan tenía una cerda, soñaba con una piara; prometió dar un cerdito si ella quedaba preñada.
Buscó un buen cerdo macho, de raza y muy bien gordito, un semental con diploma: garantía, seis cerditos.
Cuatro serían venta, uno para su matanza, que tuviera buen tocino para llenarse la panza.
Llegó el día del parto: solo un cerdito parió. Juan no pudo cumplir lo que un día prometió.
Pidió consejo al cura: —Estás metido en un lío, si no cumples la palabra de aquello que has prometido.
—Eso no tiene perdón, es un pecado tremendo; no cumplir una promesa es ir derecho al infierno.
Juan entregó el cerdito por temor a aquel infierno; no pudo probar tocino y al cielo fue en el invierno.
El cura asaba el gorrino con un aroma excelente, mientras Juan subía al cielo con el alma muy creyente.
Subiendo al cielo pensaba: —¡Ay, Juan, pero qué lerdo! Si los santos son estatuas... ¿quién se come ahora mi cerdo?

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