Diferentes y al contrario
Qué hombres y mujeres nos lleguemos a igualar... está difícil la cosa para que eso llegue a pasar.
Que somos diferentes se observa ya a diario: entre la mujer y el hombre siempre vamos al contrario.
Al ponerse de moda el conejo rasurado, el hombre se deja barba, mucho pelo y mal peinado.
Otros se afeitan bien, pero se dejan perilla; ella lo tiene sin pelo... ¡es para hacerle cosquillas!
A los hombres les gusta una mujer femenina, que no se parezca a ellos: más delicada y más fina.
En cambio, a ellas les gusta con músculos y "tableta", trabajador y formal... y con una buena escopeta.
Siempre cazaba el hombre, pero eso ya ha cambiado: la mujer también caza y él puede ser el cazado.
Esto suele ser normal, no es un cuento de hadas; en las parejas ocurre en dosis muy elevadas.
A la caza del abuelo salen hoy las cazadoras: si tiene buena cartera, eso se pone de moda.
Así es la vida, señores, un eterno "tira y afloja"; que el mundo sigue girando, ¡mientras cada uno escoja!

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