El Tránsito de Arturo
Se murió el bueno de Arturo y jamás había pecado, pero no entró en el cielo: llegó indocumentado.
Le pidió el carné San Pedro, ¡vaya una novedad! No admitían a nadie sin carné de identidad.
Le mandan al purgatorio, que son menos exigentes; están a punto de cerrar y necesitan clientes.
En el purgatorio, lo mismo: también fue rechazado. "No admitimos turismo que venga indocumentado".
Se acercó hasta el infierno para hablar con Satanás; las normas eran las mismas, copiadas de los demás.
Entre sueños recordó que se apuntó en una lista; no era la católica, ¡era la hinduista!
Se dirigió a aquel lugar,
entró sin ningún problema.
Le reciben como a un héroe:
estaba de enhorabuena.
Mudó su esencia el hombre en ave de corral, logrando el privilegio de la transmigración.
En ese sitio no mueres, es una cosa divina: vuelve a reencarnarse en una hermosa gallina.
Al no estar acostumbrado, cuando va a poner un huevo, aprieta fuerte el culo y sale un sonoro pedo.
Es una cosa normal que se te escape un pedo, lo extraño es recibir una patada en los huevos.
Le despertó su mujer a las doce de la mañana, por estar cacareando y cagándole la cama.



































