Compañeros de trabajo, colegas de dormitorio. Todos éramos muy jóvenes, aquello era un jolgorio.
Casi todos responsables, sobre todo en el trabajo. Pero había mucho desmadre al acabar el destajo.
Trabajando en un hotel, con chicas de vacaciones, había material de sobra para muchas diversiones.
Todas las noches había tertulias con fantasía, y cada uno decía: «es más guapa la mía».
Había muchas discusiones sobre las mujeres tiernas, aunque bien nos valía la que separase las piernas.
Algunos con veinte años iban con una de cincuenta, con tal que ella invitara y pagara la cuenta.
Algunas peleas hubo, pero eso ya se olvida; lo mejor es recordar lo que te alegre la vida.
Cuando uno ya es abuelo, ¡cómo se acuerda de ellos! La juventud siempre deja unos bonitos recuerdos.
Todos teníamos motes, los tengo en mi memoria; me propongo escribir a cada uno su historia.



































