El tipo de lavadora
Le parece un disparate. Pues se le queda parada en cualquier escaparate.
—¡Qué vestido tan bonito para lucir por la calle! Me lo podías comprar; ten, una vez, un detalle.
—Te sentaría bien de joven, no puedes lucirlo ahora. Tienes un tipo cuadrado: el tipo de lavadora.
En uno de lencería, se queda pegada al suelo. Mira y remira las prendas; son todas para modelos.
—Ese sostén y esas bragas, mira qué cosa tan cuca. —Esa prenda tan pequeña no te tapa ni la nuca.
—Esas botas tan bonitas, que se cierran con corchetes... —¿No ves que son muy estrechas? No entrarán tus juanetes.
Se detiene ante las cremas, de esas que quitan la edad. —¿Me compras este potingue? ¡Dime siempre la verdad!
—No gastes en esas cosas, que no hacen ningún milagro. Tu cara ya no es de seda, ¡es un terreno de magro!
Ya metidos en la cama, la empieza a sobetear. —¡Aparta tus manos de mí, que no estoy para lavar!
—Y menos para un pingajo, arrugado y muy enano. ¡Te vas al cuarto de baño y te lo lavas a mano!


































