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miércoles, 28 de enero de 2026

Un Esparrago en la Playa


 De tanto tomar el sol, luce un moreno encendido, pero le queda muy blanco lo que guarda escondido.

Es un chico presumido que, por tirarse un farol, se entierra bajo la arena y saca su "dote" al sol.

Dos abuelas que pasean se quedan impresionadas: jamás vieron en su vida espárragos en la playa.

—Yo diría que es pepino que ha sido modificado; con esto de los transgénicos está todo muy cambiado.

—Un pepino tiene mata, no entiendes nada de campo; al brotar de esa manera, ¡es un espárrago blanco!

—Es pieza de campeonato, trataré de arrancarlo; no vi nunca uno tan gordo, no pienso desperdiciarlo.

—Aquí en mitad de la arena te verán todos hurgando; a una mujer de tu edad se quedarán observando.

—Me acercaré lentamente, que no sospechen qué pasa; me sentaré sobre él, ¡y me lo llevo para casa!

Más la abuela se levanta sin haberlo cosechado; el espárrago ha quedado todo mustio y arrugado.

—Te lo dije, compañera, que no era tarea sencilla. —Mañana lo arrancaré... ¡Hoy me llevo la semilla!

El hombre de los tres vinos


 

El hombre de los tres vinos

Al terminar la jornada, se pasa por el bar chino, y pide que le preparen sus tres vasitos de vino.

No los quiere de uno en uno, ni pide mucha rapidez, pero sí que se los sirvan los tres vasos a la vez.

El primero lo dedica al dulce amor de su Luisa, lo saborea con gusto y no lo toma con prisa.

Para el segundo le pide que le ponga una pajita, lo sorbe muy lentamente brindando por la Paquita.

El tercero lo levanta y lo mira al trasluz, se lo trinca de un soplido brindando por su salud.

Más la costumbre le cambia al decirle un día al chino: —Ponme solo dos vasitos de tu mejor vino—.

El tabernero, intrigado, le pregunta: —¿Qué pasó? ¿Acaso Luisa o Paquita... alguna de ellas murió?

—Siguen las dos con salud, hermosas y de buen ver; ¡soy yo el que se ha propuesto que dejará de beber!

Humo, Yemas y Pinzas


 

Humo, Yemas y Pinzas

Lleva años con el humo, ya no puede respirar, no le queda más remedio que dejarse de fumar.

Ya se puso los parches, esos de la nicotina, no le dieron resultado, probó con la medicina.

Se pasó al electrónico, ese que suelta vapor, unos días sin el vicio se sintió mucho mejor.

Pero volvió a engancharse, no valen las medicinas, es difícil resistirse a las putas nicotinas.

Fue a consultar al médico, por si le podía ayudar, con algún nuevo remedio que pudiera soportar.

—Dile pronto a tu parienta que te ponga huevos duros. ¡Tira todos los cigarros y deshazte de los puros!

Al no tener el tabaco, ni tampoco tener puro, ante el ansia de un cigarro... ¡Te comes un huevo duro!

—¡Si fumaba veinte piezas y de vez en cuando un puro! Yo no puedo merendarme esos veinte huevos duros.

La mujer, muy obediente, compró huevos a granel, se pasaba todo el día quitándoles la piel.

Se le hincha la barriga, va caminando pesado, y en lugar de echar el humo va por todos lados hinchados.

Con tantos huevos al día llegaría a reventar... ¿Por qué comer tantos huevos para dejar de fumar?

Volvió cojeando al médico, con la cara de un difunto: —O me cambia la receta o aquí se acaba el asunto.

El médico le miraba con sonrisa muy ladina: —Si no quieres comer huevos, tengo otra medicina.

Otro método fantástico es efectivo y muy nuevo: por cada vez que tú fumes... ¡Ponte una pinza en un huevo!

Estas dos grandes recetas las tienes que asimilar: ¡hace falta tener huevos para dejar de fumar!

El Amor Digital

 

El Amor Digital

El chico está enamorado y necesita saber qué es lo que ella más desea para poderla complacer.

—Cariño, mucho te quiero, de tu vida no soy dueño, pero dime: ¿cómo es ese amor de tu hondo sueño?

—Mis anhelos son actuales, lo antiguo ha quedado a un lado, busco algo que me acompañe y que jamás me haya dejado.

Es el bien por el que lucho, lo que toda mujer sueña: tenerlo siempre dispuesto y ser yo su única dueña.

Que me siga en los viajes y, aunque te parezca extraño, que no se aleje ni un palmo si tengo que ir al baño.

Ya esté comiendo o cenando, o de charla con la amiga, que nunca se quede mudo y entienda lo que yo diga.

Cuando yo le esté hablando, que no sea un "mete prisas", que me aguante todo el rato con la mejor de sus sonrisas.

—¡Vaya amor tan moderno! Lo tuyo es algo digital: tú no buscas un marido... ¡Buscas un terminal!

Enamorado de un Sueño.


 Estaba el chico soñando, como medio adormilado; se le apareció una chica y despierta sobresaltado.

Quiso darle un fuerte abrazo con la luz aún apagada, pero al lograr encenderla abrazaba a su almohada.

Buscó dentro del armario, miró bajo de la cama; por más que mira y remira, no encuentra a la esquiva dama.

No lo comenta con nadie por miedo a burla o a mofa, pero él se siente flechado por esa estupenda moza.

No piensa en ninguna otra, quedó de ella enamorado; la figura está en su mente y lo tiene trastornado.

Pudiera tener más novias, pues él es un guapo mozo, pero vio una vez su sombra al asomarse en un pozo.

Como el agua es cristalina, la distingue con certeza; convencido de que es ella, al pozo va de cabeza.

A veces un simple sueño te termina trastornando: aquello era un espejismo y él la sigue buscando.

Verduleras y Truteras.


 

VERDULERAS Y FRUTERAS

Verduleras o fruteras de unos tiempos ya pasados, vendiendo las mercancías, alegrando los mercados.

Mujeres muy aguerridas con las cosas bien puestas; al pedirles una receta, más o menos eran estas:

—"Compra tomates muy rojos, échales un par de huevos; con un poco de panceta, os dejarán como nuevos.

Mira qué buena berenjena, por si estás necesitada; es buena para la dieta, ¡que no te falte de nada!

La naranja es estupenda, lo mejor en vitamina; dale un vaso a tu marido, notarás que se le empina.

Tomate para ensalada, es sabroso y está duro; además, está en oferta: ¡hoy un kilo por un duro!

Lleva un kilo de pepinos, no te conformes con uno; que si se te pone blando, ese no te suelta zumo.

Los calabacines gordos... ¡No me seas melindrosa! Que si sobra para el pisto, ya valdrá para otra cosa.

El plátano es estupendo, de lo bueno, lo mejor; si lo comes despacito, disfrutarás del sabor.

Con las manzanas que tengo, Eva hizo lo que quiso; si se las das al marido, estará en el paraíso.

Llévate la chirimoya, que es una cosa muy buena; endulzarás al marido y se le quitan las penas.

Infinidad de recetas para vender mercancía; todo era muy sabroso y todo era del día.

En esos tiempos pasados el mercado era otra cosa; había más alegría, la compra no era tan sosa.

Son antiguas tradiciones que se llegan a olvidar; otra forma de vender, otra forma de comprar.

Por eso hoy yo las recuerdo con respeto y con cariño, pues su gracia era el sustento del abuelo y de los niños.

Paternidad "en proceso"


 

Paternidad "en proceso"

Diez años lleva en la empresa, siempre cumpliendo en el tajo. Nunca ha pedido una baja, y cumple con su trabajo.

Un día le pide al jefe, encargado de secciones, que la próxima semana necesita vacaciones.

—Nos pillas en mal momento, estamos en pleno follón. Si es una cosa tan urgente, dame una explicación.

—He conocido a una chica, será una excelente madre, y la próxima semana ¡puedo convertirme en padre!

—Tienes todos tus derechos, vete desde la mañana; por ley te corresponden ahora unas dieciséis semanas.

No esperaba tanto tiempo y da saltos de alegría; aprovechará el momento para hacer lo que quería.

Al regresar al trabajo le reciben con cariño, todos muy interesados: —¿Es una niña o es un niño?

—La verdad es que no lo sé, lo intenté ya muchas veces... ¡Me lo tendréis que observar cuando pasen nueve meses!

El Vecino Cuarentón


 

El Vecino Cuarentón

Se comenta de los hombres a los cuarenta y con canas: se vuelven interesantes y enamoran a las damas.

Y si encima eres fino y sin tripa cervecera, las mujeres te miran y enamoras a cualquiera.

Le dicen: «¡Estás como un tren!». Él es guapo y bien lo sabe. Eso se decía antes; ahora «está como el AVE».

Soltero y sin compromiso, no sabe a cuál atender; ellas se pegan a él como moscas a la miel.

No solo las de su edad, que ya están muy maduras; se quedan hasta prendadas las de las carnes más duras.

Una de dieciocho se enamoró locamente del vecino cuarentón del edificio de enfrente.

Un día no puede más, se presenta en su morada y le suelta de repente que de él está enamorada.

—Estás guapa que revientas, para mí no es novedad; me lo tendré que pensar, nos separa mucha edad.

Ella salta de alegría y se queda ilusionada; no le confirmó que sí, pero no fue rechazada.

—¡Mamá! Soy muy feliz — le comenta locamente—. Le declaré mi amor al vecino de enfrente.

—Me parece una locura, es un consejo de madre: a mí también me gustó... ¡y podría ser tu padre!

Se miran madre e hija, la tensión sube de grado: ¡quieren las dos al vecino que vive allí en el de al lado!

 Y el galán, muy satisfecho, sonríe frente al espejo, pues no sabe de edades... ¡Ni quiere escuchar consejos!

martes, 27 de enero de 2026

Cuestión de longitud


 

Cuestión de longitud

Tiene una novia preciosa de pelo muy rizado, pero un día la ve distinta por habérselo planchado.

Le pregunta por la causa de ese cambio tan extraño: «Si así estabas muy guapa, como todos estos años».

—Quiero verme diferente, que mi imagen se renueve; al plancharme la melena, parece que más se mueve.

—Tienes toda la razón, ahora se ve más larga: si antes llegaba al cuello, hoy la espalda te recarga.

—Tú, como lo tienes corto, no lo puedes estirar; si quieres que te crezca, ¡te lo tendrás que planchar!

Su curiosidad aumenta, él empieza con la plancha; viendo que hace maravillas, al invento se engancha.

Tras meses de mucha práctica, ya se siente preparado; está dispuesto a usarla en lo que había planeado.

Termina en un hospital donde causa gran extraño, pues nunca vieron herida en sitio tan aledaño.

El médico le pregunta: «Pero vamos a ver, nene... ¿Qué coño estabas haciendo para quemarte así el pene?».

El Secreto del Pasado


 

El Secreto del Pasado

Tras muchos años de unión, dice la esposa al marido: —Cariño, nunca me hablaste de amores que hayas tenido.

—No sé por qué te interesas por mis amores pasados; han pasado muchos años, ya todos están olvidados.

—Es pura curiosidad saber cuántos has tenido; me haría mucha ilusión que a solas me hayas querido.

—No recuerdes el pasado, al que no puedes volver; nunca revuelvas las cosas, que pueden llegar a oler.

Respetemos el ayer, vivamos hoy el presente; si hablamos de estas cosas, seguro que alguno miente.

Yo nunca te pregunté a quiénes habrás querido; no me importa tu pasado, pues hoy yo soy tu marido.

En la próxima esquina, hay un hombre que cantando, con botella en la mano, algo está celebrando.

—¡Marido! Fíjate bien, que yo nunca te he mentido: ese que ves ahí fuera, antes fue novio mío.

—Sí que te creo, cariño, y por eso está cantando: ser soltero es una fiesta... ¡Y él lo sigue celebrando!

El marido suspiró, mirando al hombre de lejos: —¡Quién fuera como ese tipo, para no llegar a viejos!

El Peso de los Años


 

El Peso de los Años

Cincuenta años de casados, y se encuentran aburridos, ha pasado tanto tiempo que no quieren estar unidos.

Ya son bastante mayores, tienen poca paciencia, y no les llega el dinero para ir a una residencia.

Él, al hogar del jubilado, a tomarse un cafecito; es el sitio más barato y se está muy calentito.

Ella se queda en su casa viendo la televisión, escuchando cotilleos, esa es toda su diversión.

Con dolores de rodilla y dolores de cabeza, ven cómo pasan los días en una pura tristeza.

Entre visitas al médico y esperas en el hospital, con los dolores en cama... la verdad, se pasa fatal.

"Pronto vas a mejorar", dice el que está más sano, "vete pronto de excursión o ve a bailar con un hermano".

Por mucho que te den ánimos, eso es pura tontería: cuando te vas haciendo viejo, estás peor cada día.

Se marchita la esperanza con el paso de los años, y la vida solo deja soledad y desengaños.

El Jardín del Jubilad


 

El Jardín del Jubilado

Marido, pon atención, que ya estás jubilado, ya no riegas el jardín, lo tienes abandonado.

Recuerda que prometiste que mejor lo cuidarías, al tener más tiempo libre, regarlo todos los días.

—Es verdad, mi cariñito, lo intento y no hay manera, la realidad es otra: no funciona la manguera.

Arréglate como puedas, esto no admite demoras, que ahora hay mucho paro y jornaleros por horas.

Tú un día me mencionaste: "no me gustan tus macetas", y yo, por darte el gusto, me operé de las tetas.

Ya sabes que soy sincera, que tú eres el primero, pero si no lo cuidas... ¡contrataré un jardinero!

Tengo un bonito jardín, lo digo con orgullo, me gustan mucho las rosas y ver brotar el capullo.

Mujer, tenme compasión, que no es casualidad, la manguera se estropeó pues tiene mi misma edad.

No te quedes ahí parado y saca pronto el rastrillo, que si tú no usas la azada... ¡otro usará su utensilio!

Crisis de Altura


 

Crisis de Altura

El matrimonio está en crisis, de la noche a la mañana; y lo quieren arreglar pasando un fin de semana.

Creen que la solución es marchar a un buen hotel, olvidar las viejas rencillas con otra luna de miel.

Buscan un piso muy alto, una gran habitación, por si no cede la crisis ni regresa la pasión.

Con ventanales muy amplios para contemplar el mar, pues desconfían los dos si no llega a funcionar.

Listos los preparativos para aquel primer intento... él, al verla a ella desnuda, se viene abajo al momento.

A ella le pasa lo mismo al fijarse en su marido: le ha crecido mucho la tripa, tiene el asunto encogido.

Estalla la discusión, no saben cómo arreglarlo; ella llama a recepción: «¡Que vengan a solucionarlo!».

—En riñas de matrimonio, ni en plena luna de miel, son asuntos personales, nunca interviene el hotel.

—En eso no estoy de acuerdo, le juro que yo no miento: si la ventana no abre, ¡es culpa de mantenimiento!

He apoyado a mi marido, su decisión es vital: si no abre la ventana, ¡él no se puede tirar!

Vaya hotel de mala muerte, no nos dejan ni morir; si no arreglan la ventana, ¡nos tendremos que dormir!

El susto de Sus


 

El susto de Susi

Esta juventud de ahora, del campo no entiende nada; al criarse entre cemento, se encuentra muy despistada.

Un grupo de muchachas va al campo de excursión; dos se alejan del grupo y pierden la orientación.

Perdidas en medio el bosque, ya no saben qué hacer; no saben cómo salir, no saben ni qué comer.

Así pasan varias horas y se ponen a pensar; allí no tienen servicios, no saben dónde mear.

—Pili, ya no puedo más, no me puedo aguantar; tengo dolores de tripa y muchas ganas de orinar.

—Susi, eres una pava, además de remilgada; tienes todo el campo libre, ¡hazlo pronto ahí agachada!

Se pone a hacerlo deprisa, por si la están observando; cuando termina el proceso, una cosa sale andando.

—¡Pili, ven por favor!, que me acabo de asustar; me salió un chorro potente, ¡creo que acabo de abortar!

Mira cómo se desplaza, con sus manitas y pies; algunas veces se para y me mira del revés.

—Susi, eres una idiota, te mereces un sopapo; ¡la próxima ten cuidado y no hagas pis sobre un sapo!

Moraleja de ciudad: Si al campo vas de visita y te falta el "pedigrí", ¡mira bien dónde te agachas antes de hacer el pipí!

Al fin se juntan las piernas.


 Quince hijos parió la mujer de padres desconocidos, hasta que un hombre pudo caer y acabó siendo su marido.

Maduros ya estaban los dos, trabajaron con mucho ahínco; atendiendo a la ley de Dios, fabricaron otros cinco.

Tiempos de Mari castaña, sin gomas ni protección; con mucha fuerza y maña, se hacían sobre el colchón.

Ni esperaban a la noche para empezar con la obra; sin miedo y con derroche, que campo tenían de sobra.

De la parca nadie libra, ¡vaya un destino fatal! Perdió el cuerpo la fibra, y él se fue al lodazal.

Ella no supo estar sola, sus polluelos han volado; la muerte la llevó en volando, y hoy descansa a su lado.

En el entierro hay chisme: «¡Pecadores condenados!». Aunque el suelo los abisme, en el cielo separado.

El cura les dice adiós con frases dulces y tiernas: «¡Vayan en paz con Dios, por fin se juntan tus piernas!».

Se buscaron allí arriba, no se pueden encontrar, menos mal que fue así!, ¡y no la pudieron liar!

Objeto de colección


 Objeto de colección

Un matrimonio mayor recuerda con ilusión, la vez que él le susurró: —Vas a ser mi perdición—.

En eso se equivocó, pues se amaron locamente. Hoy no pueden como antaño, eso lo tienen presente.

Sus mentes aún funcionan y a veces tienen la gana, se animan uno al otro y se marchan a la cama.

Pero no hay nada que hacer, aunque ella esté dicharachera; le hace mil filigranas y no encuentra la manera.

La noche se vuelve larga, el sueño ya se escapó; tienen tiempo para hablar de aquello que ya pasó.

—Me acuerdo que me decías: "Aun de lejos te veo; para mí, todo tu cuerpo es objeto de deseo".

Ahora no nos miramos, ni juntos ni separados; tú no quieres ver arrugas... ¡ni yo el "pinganillo" arrugado!

—Tu escopeta ya no sirve, no funcionas en la cama; para mí que solo eres un viejo cantamañanas.

En la vida todo pasa, hasta nos cambia el guion: ese "objeto de deseo" hoy es pieza de colección.

Se ríen de sus miserias, se abrazan con devoción; que si falla la herramienta, sobra con el corazón.

Los Cartuchos del Pirotécnic


 

os Cartuchos del Pirotécnico

Se ha casado tres veces, su obsesión son las mujeres. La última es muy joven, no cumple con sus deberes.

Ahora las buscan jóvenes, dicen que no pasa nada, pero al ser él tan mayor, su pólvora está mojada.

En consulta al urólogo, le cuenta toda su pena: que ya poco puede hacer y su mujer está buena.

El doctor mira su edad, ve que está muy acabado, y le pregunta al momento en qué oficio ha trabajado.

—Mi oficio fue peligroso, aunque yo fuera un técnico; siempre trabajé con pólvora: fui maestro pirotécnico.

—Eso tiene su lógica, así avanzaremos mucho. La naturaleza es sabia, lo explicaré con cartuchos.

—Cincuenta años de vida, con dos cartuchos por día... seguro que ya gastó lo que le correspondía.

El hombre saca sus cuentas, repasando mentalmente, y calcula que le queda un montón de remanente.

—Doctor, no estoy de acuerdo, según el cálculo echado, aún me quedan un porrón, no creo haberlos gastado.

—Solo contó usted los buenos, ¡un error del ser humano!, pues se olvida de contar... ¡los que explotan en la mano!

El hombre quedó callado, con la mirada perdida, pensando en tanto petardo que malgastó en su vida.

Cuando el juego era Peligro


 Las vacas allá en el pueblo, al campo iban a diario. Se llevaban a pastar, a un lugar comunitario.

Varios chicos y muchachas, nos solíamos juntar. Las vacas pastaban solas, nos poníamos a jugar.

Las chicas buscaban juncos, pues siempre fueron curiosas. Hacían cuerdas de saltar, cestas y otras muchas cosas.

Los chicos a otros juegos, por ser algo más cazurros. Unos a echar peleas, otros a montar los burros.

Era un peligroso juego, pero a pesar de eso, nadie pensaba en caerse ni en romperse algún hueso.

Apareció entonces el "listo", (nosotros éramos burros). Pidió atarse las piernas bajo la panza del burro.

Para que corriera más, se nos ocurrió otra cosa: le metimos bajo el rabo una planta muy espinosa.

Salió a toda pastilla, sobrevino el fracaso: en vez de caer al suelo, él se quedó boca abajo.

Su cabeza rebotaba, como un balón desinflado. Los demás nos quedamos pasmados y muy asustados.

Como la cuerda era de juncos se rompió rápidamente; él se quedó muy maltrecho con la cabeza caliente.

Fueron a buscar al burro, el cual se había perdido, y nos prohibieron jugar a juego tan divertido.



El Misterio de los Jamones


 

El Misterio de los Jamones

En tiempos creía la gente en brujas y maldiciones; ocurrió un caso extraño que afectó a los jamones.

Normalmente en las casas se hacía una excepción: para la época de la siega se reservaba un jamón.

Se envolvía en papeles, con un saco tapado; se ponía en un sitio oscuro, en un lugar reservado.

Las casas no se cerraban, allí no había ladrones; todos mataban cerdos, nadie robaba jamones.

Pero salta la alarma al destapar un jamón: se convirtió en barro sin ninguna explicación.

Lo comunican al cura: «Eso es cosa del demonio». Para que no ocurra más, dan limosna a San Antonio.

La gente daba limosnas y no había soluciones; ocurría ese misterio a unos cuantos jamones.

Se olvidan de San Antonio y empiezan a pensar: un jamón hecho de barro, ¿dónde se puede secar?

Son misterios que perduran, que cuentan en el pueblo: comían jamón los del tejar y nunca mataban cerdo.

Al final se supo el truco de aquellos "santos" varones: moldeaban piezas de barro con forma de diez jamones.

Cambiaban carne por greda con gran disimulación, y mientras el dueño rezaba, ellos daban cuenta del jamón.

La Semilla del Destino


 La Semilla del Destino

Un niño muy curioso le pregunta a su madre: «¿Cómo me fabricaron? ¿Qué fue lo que puso padre?»

—Lo tuyo es de esos casos que son una maravilla; estás en este mundo por culpa de una semilla.

Esa la puso tu padre, la regó con esmero; allí crecía y crecía en un simple macetero.

La protegía del frío, la libraba del calor, cuidaba su temperatura y le hablaba con amor.

Con el abono perfecto ella crecía con gana; así logró tener... ¡Su planta de marihuana!

Nos dimos varios chutes sin tener que pensar; se hacen cosas muy raras, no da por trabajar.

No recuerdo cómo fue, el cerebro se nublaba; los recuerdos son confusos... tu padre me desnudaba.

Con él yo hacía lo mismo, una cosa muy sencilla: ¡que tú estés en este mundo fue culpa de esa semilla!

La pensión de mi casa


 

La pensión de mi casa

En la tercera edad, una de las preocupaciones es el estar siempre pendiente de cuánto suben las pensiones.

Cuando el hombre va a conversar, siempre sale a relucir que es muy poco lo que cobra: «¿Cuándo las van a subir?».

Las mujeres dicen también que pasan grandes aprietos; si fueran algo más altas, darían más a los nietos.

El Gobierno no hace caso, y lo que es aún peor: restringieron las ayudas para ir a Benidorm.

Se comenta en los centros que eso es una «putada»; quieren manifestarse con una cacerolada.

Escuché a dos mujeres con diversas opiniones: a una no le importaba que subieran las pensiones.

La otra no comprendía esa extraña respuesta; le preguntó el porqué, y si es que no le afecta.

«La cosa es muy sencilla, y no lo digo de guasa: no uso pensión ni hotel, hago el amor en mi casa».

La herramienta destemplada


 

La herramienta destemplada

Hace años en los pueblos no había oficios finos: herrero, cantinero, labrador y capador de gorrinos.

El capador destacaba porque solía asustar; era el más respetado, pues sabía bien capar.

Su mujer estaba hermosa, hacía maravillas; las cotillas decían que comía las criadillas.

El herrero estaba fuerte, hasta muy obsesionado; como la ingeniería, por darle un buen bocado.

Pidió a la bruja del pueblo que sobre ella hiciera un hechizo; esta, que era una vieja cotilla, rápido fue y se lo hizo.

La mujer del capador se presentó muy contenta; pidió al macizo herrero que le enseñara la herramienta.

Ante aquella maravilla, que era de acero forjado, la metió tanto en el horno que la dejó destemplada.

Al enterarse la bruja de cosa tan superior, pidió, para no chivarse, que ella necesitaba amor.

—Ya tienes casi cien años, estás vieja y arrugada; sabes que mi herramienta se quedó muy destemplada.

—Apáñate como puedas, piensa en lo peor: te quedarás sin pelotas si me chivo al capador.



El soltero y la agencia


 

El soltero y la agencia

Acercarse a una mujer al pobre se le da mal; por eso tiene que usar agencia matrimonial.

Es el último recurso, no quiere quedar soltero; la vejez es muy triste, llegar solo le da miedo.

Las condiciones que pide: que no sea divorciada, que sea muy sumisa, cariñosa y recatada.

Comprobando historiales, más de cien examinadas; entre ellas salen tres, que son las más adecuadas.

De las tres escoge una, es la que tiene más busto; concuerda con sus ideas, con ella se encuentra a gusto.

Se casan sin preliminares, él tenía mucha gana; le deja alucinado lo que le hace en la cama.

Ocurrió algo anormal, quizás un malentendido; reclama a la agencia: «Ese no era mi pedido».

—Esto es una agencia formal y no engañamos en nada; hay tres clases de mujeres: sin catar, catadas y recatadas.

Compruebe el currículum de la mujer seleccionada: trabajadora incansable, era la más recatada..

Ligar por Internet


 

Ligar por Internet

Ahora que está tan de moda esto de ligar por red, te sientas muy relajado y ves cien chicas a la vez.

Son todas unas monadas, sus medidas no detectas; se pueden hacer retoques y todas salen perfectas.

Al decidirte por una dejas las otras a un lado, pero cuando la conoces no es lo que habías imaginado.

Y no la puedes culpar siendo tú igual de embustero: tu foto tiene veinte años y ahora estás como un oso.

—Me pareciste un modelo, tienes tripa cervecera; con la foto que mandaste así engañas a cualquiera.

—A mí me pasó lo mismo, tú tampoco me impresionas; te pareces a mi exmujer y yo las busco más monas.

Tomaremos una copa, regresaremos a casa, ya quedaremos con otros y veremos lo que pasa.

Todo se puede trucar: juventud y apariencia; de cien una sale bien si se toma con paciencia.

Es bueno para los tímidos y también para indecisos, para conocer a extraños sin llegar a compromisos.

Pero en los tiempos pasados se ligaba de boquilla; no pensábamos conquistar sentados en una silla.

La Religión del Agua Fría

 


 La Religión del Agua Fría

Cuéntame cómo te va en tu nueva religión, esa que fundan mujeres y dicen que mola un montón.

—Me hicieron unas pruebas para poderme aceptar, pero fallé en la última, no la logré superar.

—Cuéntame en qué fallaste, por si me animo a probar; así me voy entrenando y la podré completar.

—Exigen gran sacrificio en comida y en bebida, no usan agua caliente, ¡la ducha siempre está fría!

Es una prueba tan dura que te rechinan los dientes: te duchas siempre en pareja con mujeres diferentes.

Es por la ley de castidad, aunque esté buena la tía: como no hay agua caliente, la cosa queda encogida.

Se decide por sorteo, y a mí me tocó el bombón: la moza más estupenda de toda la congregación.

Daba jabón a sus pechos, ella a mí... "Salchichón"; se puso algo nerviosa y se le cayó el jabón.

Al ver aquel panorama ya no me pude aguantar: apunté directo al blanco, bien dispuesto a rematar.

Ella no esperaba aquello y se quedó sorprendida; no completé la faena por culpa del agua fría.

—¿Me dices que te largaron por rozarla un poquito? Ella podrá confesar que no hubo ningún delito.

Me echaron por pecador, por no ser un tipo frío, pero al salir por la puerta ¡me llevé el mejor envío!

No me importan ya sus normas, solo gozo el presente: ahora se ducha en mi casa... ¡Y usamos agua caliente!


Puntería y mala fortuna


 

Puntería y mala fortuna

Estaba tirando piedras, tuve la mala fortuna. A una vecina cascarrabias, casi le casco con una.

—Eres un rapaz travieso, siempre andas enredando. En vez de tirar piedras debías estar trabajando.

—Ya terminé las faenas, que tenía para el día. Ahora estoy entrenando, afinando puntería.

—Más le valdría a tus padres, que estuvieras encerrado, en el monte todo el día y cuidando del ganado.

Tengo que hablar con ellos, que te quiten el tirachinas. Eres el diablo del pueblo, andas matando gallinas.

Esa vieja cotorra, no dejaba de farfullar. No pensaba que era un niño, que tenía que jugar.

—¿Tu padre dónde está? Que con él quiero hablar. A ver si por esta vez, te llegan a castigar.

—Ahora en casa no está, no lo puedo localizar. Llevaba un cacho periódico, iría al campo a cagar.

—Eres un maleducado, encima me estás mintiendo. Cómo puedes saber tú, lo que tu padre está haciendo.

—No hay que ser adivino, es fácil de comprender. Lleva una hoja con letras, y él no se pone a leer.

En esto hay mucha verdad, no son puras fantasías. Eran escenas diarias, que ocurrían en mis días.

La Conferencia Inevitable


 

La Conferència Inevitable

Le para el guardia de tráfico, le obliga a realizar el test de la alcoholemia... no puede continuar.

—Se pasa usted de la raya, ¿qué pretendía hacer a una hora tan extraña, a punto de amanecer?

—Quería llegar a casa antes que salga el sol; me espera una conferencia sobre el daño del alcohol.

Me hablarán de la bebida, de sus causas y efectos, de cómo arruina la vida con sus graves desperfectos.

Que mina la economía, que altera todo el organismo, que cuando bebo en exceso no parezco ni yo mismo.

Que rompe los matrimonios, que me ponga ya a pensar... que si no cambio de vida, esto me puede pasar.

Me explicará los peligros, me hablará de la sensatez, y repasará mis fallos uno a uno, otra vez.

—¡Eso es una gran mentira! Le escuché con paciencia, pero ¿quién a estas horas le dicta esa conferencia?

—Nada importa la hora, es muy fácil de entender: en cuanto cruce la puerta... ¡Me la suelta mi mujer!

El Milagro del Jabalí


 

El Milagro del Jabalí

Dos octogenarios charlan, entre dichas y amarguras, recordando tiempos buenos y también las etapas duras.

En medio de la partida, sin ninguna mala intención, comienzan a presumir y se salen del guion.

Viudos se encuentran ambos, con ganas de conquista, y repasan los amores de la última en su lista.

—Mi vida amorosa ahora es salir con una viuda; tiene sesenta y cinco y una figura que ayuda.

—¡La mía tiene treinta y cinco! Y está de mí, enamorada. Como quería tener un niño... la he dejado embarazada.

—A veces ocurren milagros, como ese que te pasa a ti; créeme que te comprendo, pues una vez me ocurrió a mí.

Estaba yo por el campo, con la garrota en la mano, le "disparé" a un jabalí y dejé muerto al marrano.

—¡Eso no puedo creerlo! ¿Matar así a un jabalí? ¡Seguro disparó otro y el mérito fue para ti!

—Fue algo inexplicable, ni lo creía yo mismo... y es posible, buen amigo, que a ti te pase lo mismo.

Que el milagro es de otro "rifle", de eso no tengo duda, pues a un palo de madera... ¡Nadie le pide ayuda!

Memoria de una infanci


 

Memoria de una infancia

Un día en mi niñez, la época que viví. Intentando recordarlo, más o menos era así:

—¡Levántate, perezoso, tienes sopa en la cazuela! Lávate un poco la cara y marcha para la escuela.

Cuidado con los zapatos, en la calle hay mucho barro. No vayas pisando charcos, procura no venir guarro.

Nunca olvidaba los libros, pues solo tenía uno. Cargando con la pizarra, no hacía falta ninguno.

En la escuela, un revuelto, todas pobres criaturas. Con muy pocas atenciones y ninguna asignatura.

El recreo en plena calle, a tomar un poco el sol, incluida la canción de cantar el Cara al Sol.

Nada de ayuda de abuelos, eran casi analfabetos; tenían que trabajar con un ejército de nietos.

Pocos eran los deberes, pero sí muchos recados: coger nabos en el huerto o segar hierba en el prado.

A veces ir con las vacas, otras con las ovejas. Ayudar a los padres... esos no admitían quejas.

Hoy sería esclavitud, entonces era trabajo. Pero uno era muy feliz cenando sopas de ajo.

Las sopas de la tía Antonia


 

Las sopas de la tía Antonia

Encontré a la tía Antonia en una piedra sentada, con lágrimas en los ojos, llorando desconsolada.

Le pregunté por qué lloraba y dijo muy afligida: —Tropecé, caí al suelo y se vertió la comida.

Le llevaba a mi marido unas sopas muy calientes, con pan, un poco de aceite y un toque de pimentón.

—Mujer, regresa a la casa y prepara otra comida; un descuido le ocurre a cualquiera, aquí no se acaba la vida.

—Eso que tú me aconsejas, yo no lo puedo hacer; en casa no queda nada y yo estoy aun sin comer.

—El caldo ya se ha vertido, pero el pan se ha salvado; si le llevas un poco de vino, lo tienes solucionado.

—No se me había ocurrido una cosa tan sencilla; a él las sopas de vino le sientan de maravilla.

Comió las sopas de vino, siguió arando contento, y ella regresó a su casa tirando pedos al viento.

Así termina el desastre, con vino y mucha alegría, que un estómago con gases da música a todo el día.



Cuestión de Posiciones


 

Cuestión de Posiciones

—Decídete de una vez, que ya deseo saber cuándo estarás dispuesta, y así podremos proceder.

—A mí no me metas prisas, templa tus emociones; hay que enterarse bien leyendo las instrucciones.

—Si es una tarea fácil, y además, mola un montón; solo es echarle tiempo y buscar la colocación.

—Tú lo ves muy facilón porque así lo imaginas; sabes bien cómo comienza, pero no cómo terminas.

—Para eso estás tú conmigo, que mis males remedias; seguro que lo concluyes, aunque yo lo deje a medias.

—No seas un impaciente, de momento te recuerdo: hay algo más importante, ya llegará nuestro acuerdo.

—Fíjate en los vecinos, en su hogar clausurados, lo intentan cada día y siguen derrotados.

—Esos no ponen pasión, les falta todo el cariño; no tienen idea de nada... ¡Ni de fabricar un niño!

—Te garantizo, mi vida, que si pongo mi interés, este puzle de mil piezas ¡lo acabamos en un mes!

La cruda verdad del indiano


 

La cruda verdad del indiano

Pudo con él la morriña, a su pueblo regresó; quería ser enterrado donde un día nació.

Comentaban en la plaza que emigró de los primeros, que hizo fortuna en América y traía mucho dinero.

Rápido lo hacen alcalde, su entorno es una locura: todos quieren ser amigos, sobre todo el señor cura.

Al no tener herederos, el interés se comprende; pero llega la enfermedad y entonces nadie le atiende.

Solo una viuda pobre lo cuida sin falsedad; con cuatro hijos pequeños, lo hace por necesidad.

Cuatro años de atenciones, cuatro años de locura; él le da cuanto posee... ¡Y que no se entere el cura!

Al dar la extremaunción, el cura exige primero: «Para limpiar tus pecados, tienes que donar dinero».

—Me lo gasté todo en putas, tenía el pito muy duro; no queda ni para el entierro, no me queda un puto duro.

—Ahora vienes por la plata, poco te has preocupado; reparte mejor tus hostias y apunta para otro lado.

Al celebrar el entierro, el cura dijo ese día: «Hay alguien que, sin jugar, ganó hoy la lotería».

Se marchó seco el bolsillo de aquel cura tan avaro, que por buscar el tesoro le salió el entierro caro.

Anécdota muy antigua, pasó en la realidad; no es una invención mía, es la más cruda verdad.


Misa del Gallo (y de la otra)


 Misa del Gallo (y de la otra)

Asiste una vez a misa, que este año no has cumplido; si rezas de vez en cuando, serás un mejor marido.

Aprovecha bien la noche para limpiar tus pecados; es la Misa del Gallo y todos son perdonados.

Él no quiere discutir, ya la ayuda a recoger; se va a la Misa del Gallo por complacer a su mujer.

Llegaron tarde a la casa, a las dos de la mañana; su mujer muy satisfecha, él, enfadado en la cama.

No le sale ni palabra, ella se queda perpleja; esperaba el chocolate, ni protesta ni se queja.

No ocurre lo que esperaba ni lo que llegó a pensar; en cuanto tocó la cama, el tío empezó a roncar.

Él se levanta muy tarde, ella se dio mucha prisa; lo primero que pregunta: —¿Qué tal te fue por la misa?

—El cura nos predicó que, aunque parezca mentira, cargamos con una cruz en esta mísera vida.

Yo venía tan contenta, con ganas de estar despierta, pero no me hiciste caso... ¡Como si estuviera muerta!

—Estás algo desfasada y un poco mal de la olla; no quiero Misa del Gallo, ¡quiero misa de la polla!

Solo pasa en los casados y debemos soportarla, y llevarla con alegría, echándosela a la espalda.

Así que, amigos casados, no os amarguéis la existencia: si ella pide "sacramento", ¡tened mucha paciencia!

El Empleado y el Aumento


 

El Empleado y el Aumento

Lleva doce años en la empresa, no le han subido ni un duro; solo con el sueldo base, le espera un negro futuro.

La novia está hasta el moño, no para de protestar: —Con ese mísero sueldo, no nos podemos casar.

—Tienes toda la razón, pero tengo que aguantar; busco otro curro deprisa y es difícil de encontrar.

—Eres un indeciso, nunca encuentras el momento; échale un par de pelotas y pide ya ese aumento.

Al poco lo solicita y recibe esta respuesta: —Llevamos diez años de crisis, no sé si saldremos de esta.

Es una etapa trágica, espera a otra ocasión; a que pase la tormenta y arranque la exportación.

La novia ya le ha dejado, soltero está en el presente; se apaña con lo que gana y vive tan ricamente.

Cuando habla con el jefe, le suelta sus sermones: «Esta es la mejor empresa, pues evita que los empleados... cometan equivocaciones».

El Superroñoso


El Superroñoso

Es un tipo superroñoso, jamás rompe su regla: aquello que se estropea, ni lo compra ni lo arregla.

Se rompe el calentador y le dice a la María: «Si no hay agua caliente, ¡dúchate con agua fría!».

«Si no hay una lavadora, irás como un marrano». —No me toques las narices, que puedes lavar a mano.

Todo lo que se le rompe le importa a él un huevo, y se escapa siempre hablando: «Eso te lo arreglo luego».

Se le quema hasta el timbre y no lo piensa cambiar: «Como yo ya tengo llave, nadie me vendrá a llamar».

Un día olvida la llave y «se jodió la marrana», tiene que buscar la forma de entrar por la ventana.

Se lleva la gran sorpresa, aunque es por la mañana: su mujer con el vecino ¡dándole caña en la cama!

—Ya me explicarás, mujer, lo que aquí está pasando. —¡Se rompió mi cerradura y él me la está arreglando!

—Y no pongas esa cara, ni me vengas con sermones, ¡que este sí que mete mano y no pone condiciones!