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martes, 27 de enero de 2026

La cantera abandonada


 

La cantera abandonada

Una chavala del pueblo por tres pesetas se amaba; incluido en el servicio, el pecho te festejaba.

Parece ahora miseria, pero entonces fue fortuna. Las conseguí yo ahorrando, las perras de una en una.

Al reunir tal tesoro, me sentí muy emocionado: podía probar al fin lo que nunca había catado.

Buscaba un sitio discreto con cama bien preparada, pero nos pudo valer la cantera abandonada.

Allané bien el espacio, preparé aquel rincón; una cama hecha de hierbas, lejos de cualquier mirón.

Todo estaba ya dispuesto para empezar la función, pero al ponerse ella ansiosa, soltó una gran exclamación:

—¡Me dijiste venir solo, que el sitio estaba a la mano! ¡Pero si no estamos solos, esto es un circo romano!

La chica salió corriendo y yo quedé petrificado: no sabía qué pasaba ni cómo se habían enterado.

Se lo conté a un "buen" amigo, y ahí radicó mi pena; él se lo contó a los otros y se nos armó la cadena.

Perdí mis tres pesetas sin concluir la aventura; con burlas de los mirones y, encima, con calentura.

La madre que nos parió


 

La madre que nos parió

Demasiadas elecciones, ya estamos saturados; esto parece una verbena y andamos todos cabreados.

Era la gran panacea para una vida mejor, pero esto no se arregla y cada día está peor.

Se respetaba el resultado, había humilde aceptación; esperabas resignado a la próxima elección.

Bueno es participar, lo tenemos en la mente, pero al que no le gusta, se declara independiente.

Uno le dice al otro: «No tengo necesidad, me las arreglaré solo pues quiero la libertad».

«No puedes mandar en mí, agotaste mi paciencia, has abusado de mi fe, reclamo la independencia».

Y las familias se rompen al no llegar a un acuerdo, sin saber quién es el loco, ni saber quién es el cuerdo.

«Para nada te necesito, solo me puedo arreglar; llamarán a mi puerta y todos querrán entrar».

Y con tantos a mandar, mandas tú y mando yo... ¡No nos va a reconocer ni la madre que nos parió!

El Campanario y el Burro


 

 El Campanario y el Burro

En Todos los Santos era, en el pueblo, una costumbre: tocar de noche campanas y hacer una buena lumbre.

Allí se asaban castañas, también bebíamos vino, algún chorizo después y un poco de buen tocino.

Era tarea de mozos, nos íbamos relevando, así podíamos estar toda la noche tocando.

Pero éramos muy pocos para cumplir con el curro. A uno se le ocurre decir: «¡Esto es tarea de un burro!».

La idea nos pareció un plan extraordinario; lo más difícil sería subirlo hasta el campanario.

Con unos litros de vino, uno aceptó la tarea: fue a buscar al animal y subió por la escalera.

Ya puesto en el campanario, la cosa era complicada: ¿cómo atarle los badajos para que el burro tocara?

Unos decían: «en las patas», otros: «mejor en el rabo», otros que en la cabeza, o bien atarlos al nabo.

Probamos en esos sitios, ninguno dio resultado; el burro no se movía, se quedaba allí parado.

Nos paramos a pensar y se ilumina una mente: «Seguro se mueve el burro con una burra delante».

Corriendo a por la burra fue aquel «iluminado»; la situaron enfrente y eso sí dio resultado.

Atado un badajo a cada uno, ¡la que armamos, madre mía! Tocaron toda la noche la novena sinfonía.

Los difuntos despertaron, no podían descansar; salieron de sus tumbas y se pusieron a bailar.

Eso duró pocos años, hoy el pueblo está casi muerto; ya no doblan las campanas ni resucitan los muertos.

El cura y el mundo moderno


 

El cura y el mundo moderno

Paseando por un parque, un cura desorientado ve cosas que están haciendo que antes eran pecado.

Jóvenes en un banco, besándose sin parar, a plena luz del día... no sabe ni qué pensar.

A cualquier sitio que mire, escenas de amor a tope, nadie pierde ya el tiempo y todos se dan el lote.

Una pareja de abuelos dándose unos achuchones y, cuando nadie los mira, unos leves apretones.

El hombre sigue adelante y sigue investigando: en este mundo moderno todo lo que está cambiando.

Llama mucho su atención una muy despelotada; lleva tan poquita cosa que casi no tapa nada.

Tan ligera va de ropa, casi se ve el "minino", se acerca a ella a decirle: —Hija, vas por mal camino.

No puedes salir así, eso provoca el pecar; tu alma irá al infierno y no te vas a salvar.

—Preocúpese de la suya, que yo salvaré la mía; ¡suélteme doscientos pavos y podrá salvarme el día!

El honor del apellido





 El honor del apellido

Al haber hecho la mili y por apellido contestar, el de Bobo era el mío, superfamoso en el lugar.

Me llaman por mi apellido una tarde al pasear; un recluta con su chica me la quiere presentar.

—Es una prima mía, y como ves, es muy bella. Tú eres Bobo y sin novia... ¿Quieres salir con ella?

Rápido dije que sí, no lo dudé ni un segundo. Parecía la conquista más fácil de todo el mundo.

En la primera cita ya empiezo a sospechar: me busca sitios oscuros y allí me quiere besar.

Estamos en los sesenta, yo sigo de militar; noto algo muy extraño, difícil de asimilar.

No quiere ir nunca al cine porque hay demasiada gente; prefiere irse para el campo, donde todo es diferente.

Estando ya entre los montes, tras de unos matorrales, me dice: —Aquí nadie ve, aliviemos nuestros males.

Me quedé como una estatua, no supe ni reaccionar. Aquel comportamiento lo tenía que investigar.

Ella no era su prima, de parentesco ni un gramo. Mi "amigo" estaba casado... ¡Y ella esperaba un reclamo!

Si me la llego a ligar, habría cambiado mi sino: me encasquetan a la criatura diciendo que es "sietemesino".

Mis amigos no me creen, me siguen tomando el pelo: —Haces honor al apellido, ¡si la tía es un caramelo!—

Pero al saber la verdad, fui por todos felicitado: —Tú seguirás siendo Bobo, ¡pero no eres un atontado!—

La Confusión del Inquilino


 

La Confusión del Inquilino

Yo estaba de patrona, llegaba tarde a dormir. Sin encender la luz, me podía confundir.

En el cuarto de al lado, dormía una chica mona. Yo estaba loco por ella: era la hija de la patrona.

Con todo tan oscuro, saqué esta conclusión: «Yo nunca cierro con llave, esta es mi habitación».

Me desnudo despacito con la luz bien apagada. Al meterme en la cama, noto que está ocupada.

¡Es la hija de los dueños! Está a mi disposición. Ni en sueños imaginé tocar a ese bombón.

Empecé tocando un poco, enseguida ella despierta. Gritando, pide socorro, pone a todo el mundo alerta.

Llegan corriendo los padres, armados con dos cuchillos. Ella histérica chillando, yo, solo en calzoncillos.

El padre está como loco, no atiende ya a razones. Lo que pretende es pillarme y cortarme los cojones.

La madre, más comprensiva, hace razonar al marido: «Mejor dejarlo marchar, que meternos en un lío».

Ante tal situación, opté por lo más sencillo. Cogí pronto la maleta y me fui en calzoncillos.

En un parque me vestí a las tres de la mañana. Me acosté sobre un banco, que me sirvió de cama.

No olvido en la vida confusión tan inocente: ¡pudo costarme un disgusto y ser capado de repente!

El Triste Arte de Morir


 

El Triste Arte de Morir

Sube el índice de vida de toda la población; analizando el motivo, esta es la conclusión:

Si a uno lo incineran, ese no quiere morir. ¡Si quemarse ya le duele, derretirse es un sufrir!

Si lo meten en un nicho, eso fastidia un montón; no hay aire acondicionado ni tienen calefacción.

Antes era "guapo" el muerto, lo enterraban en el suelo; toda la gente lloraba, ¡aquello sí que era un duelo!

No ponían esas flores de los chinos con alambre; ponían jamón y chorizo, para no pasar el hambre.

Unas velas por el día, por la noche lamparillas; por si acaso despertabas y no tenías cerillas.

Si moría la mujer, el hombre no se casaba: un día se iba de fiesta y el resto... ¡Se la lloraba!

La viuda lo recordaba toda de negro enlutada, y al visitar su tumba le echaba una buena meada.

Le decían a la viuda: "¿Por qué viene usted a mear?" "A ver si con el olor, lo logro resucitar".

Ahora es muy triste morir y se deja para otro día; quien no resulta creyente... ¡No sueña con otra vida!

Romance del forastero.


 

Romance del forastero.

Era una moza muy guapa, pero tenía un defecto: retenía mal los gases, no era el cuerpo tan perfecto.

Los mozos de aquel pueblo no la sacan a bailar, si la aprietan un poquito... se le pueden escapar.

En las fiestas de la zona se presentó un forastero, sacó a la moza al tablado, pues no sabía lo del pedo.

Ella acepta encantada y se le va aproximando; como la chica está buena, él la sigue apretando.

Para colmo de desdichas, trae la tripa algo hinchada: el día anterior al baile se pegó una buena fabada.

Bailan los dos en la orilla, ella va disimulando, suelta, vientos muy suaves que no se vayan notando.

El mozo se pone a mil, crecen los apretones, y a ella se le escapa un trueno con un millón de protones.

El baile se disolvió, la gente se fue a su casa, se quedaron ellos solos... ya sabemos lo que pasa.

Él creyó que era perfume de la marca Christian Dior, y la desnudó deprisa para así olerlo mejor.

Así empezó aquel romance de un modo tan inesperado; él confunde las fragancias, por eso ni se ha enterado.

Se casan y son felices, sus defectos ya no cuentan, se saben compaginar y los dos se complementan.

Vendedor de Miel a Domicilio.


 Vendí miel a domicilio, oficio desaparecido. Ahora, recordando aquello, fue la mar de divertido.

—Señora, compre esta miel, es miel de Guadalajara; una de flor de romero, otra de flor de la jara.

Así, de puerta en puerta, ofreciendo mercancía; dándoles miel a probar para endulzarles la vida.

—Señora, chupe despacio, saboree el contenido; esto la pondrá muy dulce cuando regrese el marido.

Se juntaban las vecinas, todas querían probar; como la prueba era gratis, todas querían chupar.

Alguna venta hacía allá de vez en cuando; ganaba poco dinero, solo para ir tirando.

La experiencia fue corta, no me comía dos roscas; pero andaba acompañado por unos miles de moscas.

Pero a alguna conocí que me llegó a insinuar que estaba muy amargada... si la podría endulzar.

La tentación era grande, y más en la soltería; para una vez que pequé, ¡me robaron la mercancía!

El negocio no era bueno, fue una experiencia nueva: la ganancia se perdía entre la cata y la prueba.

lunes, 26 de enero de 2026

El fin de la "manopla

 


El fin de la "manopla"

Desaparecen los cines, es el final de una era; se lleva en su descalabro a la vieja pajillera.

Abrían las salas pronto, diez de la mañana daban, y las amas de pensión de la cama nos echaban.

Muchos chicos de patrona, sin un sitio adonde ir, buscábamos la butaca donde poder hasta dormir.

Allí estaban esas mujeres, solícitas y puntuales, que por unas mil pesetas te remediaban los males.

Al ver a un tipo solitario lo calaban de memoria: joven, solo y con urgencia, sin familia y sin novia.

Se sentaban a tu lado y empezaban a tocar; si te gustaba el meneo lo tenías que pagar.

Ella ponía su precio, tú tirabas a la baja, y si no había trato alguno te quedabas sin la paja.

Era difícil el acuerdo, todas daban la matraca; o te marchabas del cine o cambiabas de butaca.

Dedicadas a ese oficio, eran mujeres cansadas, viejas glorias del pecado y nunca bien jubiladas.

Denunciar era imposible, sería una cosa absurda; nadie te habría hecho caso, solo serviría de burla.

Llegan nuevas diversiones, aquel mundo se extinguió; los jóvenes hoy no saben que aquello un día existió.

Los Chorizos de la Tía María

 


Los Chorizos de la Tía Marí
a

La buena de la tía María, que era una vecina mía, me enseñó los chorizos que en una orza tenía.

Sumergidos en manteca para mantenerlos tiernos, eran joyas del verano sin tocarse en el invierno.

Casada con el tío Juan, como no tenían hijos, se daban el gran lujo de guardar esos chorizos.

Yo soñaba con la orza, no dejaba de pensar: ¿qué método usaría para poderlos trincar?

Estudié bien el terreno muy temprano una mañana, y descubrí que se entraba por una vieja ventana.

Fui dando cuenta de ellos y, para ir disimulando, puse nabos en el fondo mientras me los iba almorzando.

Terminé con la matanza, ¡qué chorizos tan bravos!, que por arte de magia se convirtieron en nabos.

Dijo el cura en un sermón: "Hijos, no debéis pecar, que se ensucia la conciencia y la carne se echa a mal".

Pensó entonces la María, repasando sus pecados: "¡Con razón mis chorizos se han vuelto puros nabos!".

La receta del desánimo


La receta del desánimo

A los de la tercera edad, parece que nos sobran, hay un plan muy siniestro en los planes que se cobran.

Si lo piensan un poco, verán que no es mentira: es una dosis diaria que nos acorta la vida.

Si quieres estar al día y te quieres enterar, te sientas a tomar café... y política al desayunar.

Luego llega la tertulia con tipos enfrentados; no sacas nada en limpio y terminas cabreado.

A la hora de la comida, al encender la televisión: crímenes, robos y estafas, ¡vaya buena ración!

Con el cuerpo ya revuelto, te pones a merendar porciones de un cotilleo que no puedes aguantar.

Es un popurrí variado, sin ninguna novedad, lleno de seres extraños ajenos a nuestra edad.

Cena: política repetida, ni una noticia es buena, así, al irte a la cama, no te sienta bien la cena.

Queremos estar al día, pero vamos retrasados; perdimos ya la sonrisa y vivimos amargados.

Un día por una cosa, otro por el montón... buscan liquidarnos, de un ataque al corazón.

Galán de los Sesenta


 Con sesenta años cumplidos, se acaba de enamorar, y requiere unos retoques para no desentonar.

La muchacha es muy bonita, está buena que revienta; lo cual no es nada extraño: no ha cumplido los treinta.

Se entrega a la cirugía, alguna arruga se quita, y ahora busca adelgazar para bajarse la tripa.

Se apunta pronto al gimnasio, quiere hacer hasta yoga, y renueva el vestuario para ir siempre a la moda.

Con un injerto de pelo y hacerse la manicura, parece un adolescente... ¡una auténtica locura!

Cuando pasea con ella se siente un privilegiado, y al verle sus conocidos lo miran con un cuidado.

—Cariño, voy al gimnasio, ¿tú me podrías ayudar? Dime qué tipo de máquina debería yo utilizar.

—No me importa el aparato, sea negro o sea blanco; para tenerme a tu lado... ¡usa el cajero del banco!

El Aventurero del Monasterio


 

El Aventurero del Monasterio

Es ladrón y aventurero, le gustan las mujeres; estas le quieren mucho, hace muy bien los deberes.

Por esta causa le pillan en cama con una dama; tiene que salir corriendo, escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado. Él ordena su captura y que sea ejecutado.

No sabe dónde esconderse ante tal situación; un monasterio de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; hay dos monjas limpiando, rápido es descubierto.

¿Qué explicación puede dar al encontrarse desnudo? Se hace el gilipollas, el bobo y sordomudo.

Deciden aprovecharlo, se lo llevan a una choza; una queda vigilando, la otra con él goza.

Creen que el hombre no habla, no le piden opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, ya le oprime la presión; un día se queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y lloros dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!


ZUMO Y SAL


Resultado de imagen de antiguas mujeres vendimiadoras de la mancha


Allá por los cincuenta
me hicieron unas putadas,
De esas “simpáticas”
 Que nunca son olvidadas.

Un día en la vendimia,
seis muchachas avanzadas,
Me pillaron como incauto,
y pague la novatada.

Me tumbaron boca arriba,
encima de unos serones,
Me dejaron en pelotas,
esconden mis pantalones.

Unas sujetan mis brazos,
otras sujetan las piernas,
Las otras dos se dedican,
a untarme las zonas tiernas.

Cogieron unos racimos,
 bien que los estrujaron,
Me rebozaron de zumo,
 encima los restregaron.

Después fueron por sal,
 yo allí crucificado,
Los huevos y el chorizo,
los pusieron bien salados.

Un chaval con trece años,
en un territorio hostil,
Llorando desamparado,
no sabía ni que decir.

Allí estaban sus padres, 
me devolvieron la ropa 
Hasta que no me lave,
estuve como una sopa.

Entre risas se lo pasan,
diciendo no pasa nada,
Los chicos el primer día
sufren esta novatada.

No estoy seguro de ello,
allí yo era un emigrante,
Todos me dieron por culo,
por detrás y por delante















































































































Soñar con Imposibles.


 Cuarenta años cumplidos y aún sigues soltera; vas a quedarte muy sola en la vida que te espera.

—No tengo ninguna prisa, he tenido oportunidades; espero al hombre perfecto con todas estas cualidades:

Sobre todo, que no fume, es el primer requisito; así durará más tiempo y morirá viejecito.

Lo segundo, que no beba, así evita la ocasión de que se agarre un buen pedo y se ponga tontorrón.

Lo tercero, que no mienta, que sea un tipo legal; que no se crea superior y me trate como a un igual.

Lo cuarto, que no discuta, que siempre hable despacito; que no se altere por nada y me llame "cariñito".

Que no me engañe con otra aunque tenga la ocasión; que me quiera con el alma y me entregue el corazón.

—Será mejor que despiertes, que te bajes de la higuera; un hombre así no se encuentra, te vas a quedar soltera.

Si esperas a alguien así, no lo vas a conseguir; hace millones de años que ese dejó de existir.


El Frasco de la Discordia


 El Frasco de la Discordia

—Doctor, tengo un problema, hoy diez años de casado; queremos tener un niño, ella no queda en estado.

No sabemos si es por mí, o el fallo es de mi mujer; vengo a que usted me informe qué es lo que tengo que hacer.

—Empezaremos por ti, tratemos de averiguarlo; llena este frasco de semen, tenemos que analizarlo.

El hombre llega a su casa y le dice a su María: —Tengo que llenar el frasco, me llevará varios días.

Se concentró en el trabajo, no obtiene resultado; llena las manos con callos y nada ha solucionado.

Está muy desesperado, ya no sabe qué hacer; con el orgullo por los suelos, pide ayuda a su mujer.

Solícita se presenta esbozando una sonrisa: —Verás cómo entre los dos lo conseguimos deprisa.

Prueban distintas posturas, dan palmadas en el culo; pero la cosa sigue igual: mucho esfuerzo y todo nulo.

Piden ayuda a la suegra, que tiene más experiencia; tras cuatro horas de intentos, todos pierden la paciencia.

Así pasan muchos días, con el grupo ya aburrido; se presenta ante el médico con el frasquito vacío.

—Si no me traes la muestra, no la puedo analizar; llévatelo otra vez, me lo tienes que llenar.

—¡Lo intenté con mi mujer! ¡Le pedí ayuda a mi suegra! ¡Pero el frasco no se abre... es una puñetera mierda!

El médico lo miraba esbozando una sonrisa: ¡Que le ayude la enferma¡terminara más deprisa!

La Princesa y el Sapo.



Una princesa en el bosque, pasea por un sendero, sueña con un príncipe, guapo joven casadero.

Pretendientes, a montones, de los cercanos condados. Todos feos sin modales, viejos y deteriorados.

Ella es una belleza, su tipo de muy buen ver, con muchas ganas de marcha, en edad de merecer.

Mira a su alrededor, en lo que su vista abarca, no hay nadie que la vea, se baña en una charca.

Con solo meter un pie, oye un grito desgarrado, lo levanta asustada, ve un sapo que ha pisado.

Lo recoge con cariño, lo mira toda flipada, puede ser el guapo príncipe, que le prometió su hada.

—En efecto, soy un príncipe, tardarás solo un momento, tócame y bésame mucho, y acaba el encantamiento.

—Olvidaré lo del príncipe, tengo que pensar primero. Si tengo un sapo que habla, ganaré mucho dinero.

Montó un circo en la plaza, con luces y con fanfarria, la princesa se hizo rica, la mujer más necesaria.

El sapo, un poco indignado, pedía siempre su beso, "¡Que te calles!", dijo ella, "¡que nos estamos forrando con eso!"

Ya no busca pretendientes, ni condes, ni herederos, prefiere viajar por el mundo, gastando buenos dineros.

El Marido Caracol.


 —¡Hola, mi querida amiga! Me acabo de enterar que va mal tu matrimonio y te quieres divorciar.

—Estás muy bien informada, lo mío no es un farol: el marido que me toca es igual que un caracol.

—Tus amigas te envidiamos, nos parece un gran bombón. ¿Dinos qué motivos tienes para esa comparación?

—Tarda en llegar a casa, y lo que pide primero es que, como tiene ganas, quiere hacerlo en el suelo.

Le digo: «Ven a la cama, estaré más relajada». Más dice que hay mucho pasillo y que está muy alejada.

Él nunca se despoja, lo hace siempre vestido; si se queda en pelotas, se siente como encogido.

Me tengo que desnudar, no me quita ni las bragas; lo hace todo tan lento... ¡Que me llena de sus babas!

No utiliza las manos, la lengua solo va usando; hasta llegar a besarme, lleva una hora chupando.

El acto dura un montón, termino deshidratada, chupada por todos lados y, además, supersobada.

Y los cuernos que le pongo, desde hace ya muchos años, al pobre le van saliendo de diferentes tamaños.

Sacrilegio Ortográfico


 

Sacrilegio Ortográfico

Tiene una sola hija, que ha sido muy deseada. En ella vuelca su amor y educación esmerada.

Va al colegio de monjas, pues quiere que sea cristiana; virgen hasta el matrimonio para el día de mañana.

Todo marcha sobre ruedas, la madre está muy orgullosa. Al terminar el colegio, empezó a cambiar la cosa.

Lo primero, pide un móvil; está algo desfasada. Desea tener amigos, vivió muy incomunicada.

La madre ya se mosquea, quiere saber lo que hace; para estar siempre al día, le espiaba los mensajes.

Llega lo que se temía a una muy temprana edad, cuando lee en un mensaje: "Perdí mi birginidad".

Se cae de culo al suelo, se agarra de una silla; de la enseñanza esmerada, poco aprendió la chiquilla.

Perder la virginidad... lo tenía casi asumido, pero escribirlo con "B", eso sí que le ha dolido.

El pecado no es la falta, que el mundo es así de cruel, pero es un insulto al alma clavarle un "B" al papel.

Falla el plan de la pureza, falla el sueño de la madre, pero el fallo de ortografía... ¡Ese no hay quien lo taladre!

El Cura Reconstituyente


 El Cura Reconstituyente

Saliendo de misa un día, escuché con sentimiento: «Este cura es un portento, aunque no se le comprenda, siempre rezuma contento».

Me limité a preguntar sobre aquel comentario: si era cosa del domingo o pasaba en el diario.

Y hay que reconocerle el mérito al buen señor: lleva catorce parroquias, ¡menudo trabajador!

Al tener que beber vino cada vez que oficia misa, debe andar muy alegre para darse tanta prisa.

Ya con edad avanzada y sin tener un suplente, utiliza el buen vino como reconstituyente.

Los caminos que recorre los tiene memorizados: conduce por esas rutas hasta con ojos cerrados.

Aunque no hable con fluidez, la gente se lo perdona; le echan la culpa al micro, dicen que no perfecciona.

Entré un día en sacristía, de esos que no dice misa: había cuatro botellas allí, sobre una repisa.

Semidulce de Oporto, una pura tentación... ¡Si yo bebiera ese vino, me atrevo con el sermón!

Esto no es pura ficción ni me lo estoy inventando: fue en el pueblo de mi mujer, donde estaba veraneando.

El ligue inesperado


 El ligue inesperado

Necesita el pobre un ligue que le alivie la jaqueca; el lugar más apropiado: buscarlo en la discoteca.

Chicas de todos colores en un estupendo ambiente; se fija en una rubia que tiene algo diferente.

La invita a un pelotazo, ella acepta encantada; el muchacho es estupendo y con muy buena fachada.

Tomados ya unos cuantos, él le susurra a la nena: —¿Podemos ir a tu casa y comenzar la faena?

—Ninguna pega por mi parte, estoy siempre dispuesta; además, no dormiré aunque eche una buena siesta.

—Me prepararé en el baño, pondré luz de verbena; quiero estar superguapa y, además, untarme crema.

Él ve sobre la mesilla una foto impresionante: es la de un tío moreno, vestido muy elegante.

—No me tomes por cotilla ni censures lo que miro, pero esa foto de frente... ¿Es tu novio o tu marido?

—De ninguno de los dos, esa es una foto mía; fue de antes de operarme... ¡De la cintura hacia arriba!

Así que date la vuelta y verás lo que es bueno; conocerás el amor en una noche sin freno.


C

El Aventurero y el Monasterio


 

El Aventurero y el Monasterio

Es ladrón y aventurero, le fascinan las mujeres; ellas mucho le quieren, pues cumple con sus deberes.

Por tal causa lo pillan en cama con una dama. Tiene que salir corriendo; escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado, quien ordena su captura para que sea ejecutado.

Sin saber dónde esconderse ante tal situación, en un convento de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; por dos monjas que limpiaban, al punto fue descubierto.

¿Qué explicación daría al encontrarse desnudo? Se hace el "gilipollas", el bobo y el sordomudo.

Deciden aprovecharlo, lo llevan a una choza; una queda vigilando, mientras la otra con él goza.

Creyendo que nada entiende, no piden su opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, bajo tanta presión, hasta que un día queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y llantos dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!

La Profesión de Papá


La Profesión de Papá

Es normal en el colegio que hablen de las madres, y pregunte el profesor: «¿En qué trabajan sus padres?».

Juanito levanta la mano, quiere ser el primero; que se entere toda la clase: ¡su papá es bombero!

Ahora le toca a Toni, que dice con alegría: «Mi padre atrapa a los malos, trabaja en la policía».

Al siguiente que le toca dice con mucha pasión: «Mi padre es mecánico, trabaja en aviación».

Cuando llega a Pepito, este dice con orgullo: «El mío es animador en un club, es maricón y un capullo».

El profe queda sin habla, recibió un golpe bajo; pero le pide que siga, que explique bien el trabajo.

«Allí trabaja en pelotas, también sirve licores; sí, le pagan muy bien, se dedica a hacer favores».

Esas respuestas directas dejan al profe alucinado; tiene mucho que explicarle, así que lo lleva a un apartado.

«¡Pepito! Estas cosas extrañas... hay que partir de una base: para que no te tomen manía, ¡jamás lo digas en clase!».

«Profe, si contara la verdad, para mí sería un infierno: mi padre tiene un gran cargo... ¡Trabaja en el gobierno!»

San Antonio de la Florida (Madrid)

 


San Antonio de la Florida.

Años 60

Lugar para buscar novia: la ermita de San Antonio. Allí todas las modistillas iban buscando un novio.

Allí me presenté yo, soñando ser escuchado. Le dije: "Trátame bien, que vengo recomendado".

Tropieza una chica al salir, por culpa de unos escalones. Se hizo daño en la rodilla: no usaba pantalones.

Ayudo a que se levante, le digo: "¿Te hiciste daño?". "Me fastidié la rodilla, no vi bien ese peldaño".

Se agarró de mi brazo, sin saber yo qué le pasa. Me pide, como un favor, que la acompañe a su casa.

Cuenta la historia a su madre, que está muy agradecida. Me hace pasar al salón y me ofrece una bebida.

Me confiesa que es vidente y que adivina el futuro. Quiere pagarme el favor: no me costará ni un duro.

"¡Sabes qué veo en tu mano! Eres un chico genial. Tú volverás con mi hija, eres el novio ideal".

"Mi hija se tropezó por una señal divina. Tú eres el escogido, eso pronto se adivina".

Salí pitando de allí, asustado y atontado. No sabía qué hacer, creí que estaba hechizado.

Se portó bien San Antonio, la chica estaba de vicio. Pero yo buscaba un ligue, no caer a un precipicio.

El chico de los recados


El chico de los recados

Cuando uno se jubila, se queda medio atontado; normalmente pasa a ser el chico de los recados.

Los de mi generación, pocos hay acostumbrados; no los hacemos muy bien, casi nunca son de su agrado.

Si te encarga unos yogures y el nombre no has apuntado, compras el que no le gusta o bien está caducado.

«Mira que estoy ocupada, tú me estás estorbando; ve a por una barra de pan, que no esté duro ni blando».

«De paso pasas al súper, así tardo más en verte; te entretienes un buen rato, compras un litro de aceite».

Y un paquete de leche... aquí te surge un problema: no te acuerdas de la marca, ni si es desnatada o con crema.

Un día te da una nota, difícil de descifrar, que pone: «ve a la china, allí lo puedes comprar».

Al cabo de una semana, recibes una llamada: «¡Dónde andas, gilipollas, que me tienes cabreada!».

«¡Dónde coño voy a estar! ¿Y me preguntas por qué tardo? ¡Estoy en la puta China y no encuentro el leopardo!».

«Cada día estás más tonto, tú lo blanco lo ves pardo; ¡te mandé al "todo a cien" a comprar un leotardo!».

El Descuento en "Pelotas"


 El Descuento en "Pelotas"

La mujer manda al marido, que se acerque a comprar, algo para que los niños se puedan entretener y jugar.

"Nos vamos de vacaciones y los niños tienen vicios; con el móvil y la consola no hacen nada de ejercicio".

"Aprovecha la ocasión, compra algo a los nenes; que hay cosas rebajadas en los grandes almacenes".

"No soy experto en compras, ¿cómo me puedo orientar?". "—Lee bien los carteles y sabrás lo que comprar".

Llega a los almacenes, ¡hay un lío de cojones! Busca la sección deportiva: comprará unos balones.

Cuando por fin la encuentra, no sabe por dónde pasar; hay un cartel que le indica que se tiene que desnudar.

Como lleva poca ropa, se la quita muy deprisa; hace con todo un paquete envuelto en su camisa.

Viene el de seguridad, pensando que es un chalado, y le pregunta el motivo por el cual se ha desnudado.

"—Ese cartel dice claro que hay un descuento atento: ¡en artículos de pelotas, está el cincuenta por ciento!"

La colada y la prisa


La colada y la prisa

—¡Cariño! Me hice la manicura, tengo que esperar una hora, así que te pido, por favor, que pongas la lavadora.

—Metes en ella la ropa, pero solo de colores, y le añades una pastilla de las que huelen a flores.

Ya terminó el lavado... —¿Ahora qué tengo que hacer? —La sacas en el barreño y la pones a tender.

Ponle bastantes pinzas, tenlo muy bien en cuenta, que aunque estemos en verano, puede haber una tormenta.

Yo me voy a cambiar, quiero llevar poca ropa; hace un día tan caluroso que me ha hecho una sopa.

Deberías hacer lo mismo, quitarte algunos trapillos, seguro sudas menos si andas en calzoncillos.

El cielo se pone oscuro, parece que va a llover, ella desnuda en el baño, él no sabe qué hacer.

Él mira al cielo nublado, luego la mira a ella, con tanta duda en el alma que se le nubla la estrella.

—¡Recoge toda la ropa! ¡No tardas ni un periquete! Tienes solo dos minutos, ¡date prisa y me la metes!

—¡Que no soy Superman! ¡Dos cosas no puedo hacer! ¡O te recojo la ropa, o te la voy a meter!

Sin Partida Presupuestaria


 Sin Partida Presupuestaria

Lugar: el ayuntamiento. Ve un bulto allí enrollado. Cuando al fin lo desenvuelve, es un niño abandonado.

Asustado y asombrado, con el niño entre sus brazos, pregunta si lo olvidaron mientras apura los pasos.

Se hacen los despistados, no le presta nadie atención. No le queda más remedio: ¡al Alcalde, una reunión!

—¡Señor! Hallé a este bebé, créame, no le miento. Si no aparecen sus padres... ¡Serán del Ayuntamiento!

—De aquí no puede ser hijo, somos de mil partidos. No hay dos que se hablen aquí, estamos muy divididos.

Hacemos cosas extrañas al cumplir con el deber, evitamos cualquier cosa que nos produzca placer.

Trabajamos para el pueblo, siempre de mal humor. Fastidiamos cuanto podemos, pero siempre sin amor.

Para llegar a acuerdos se debate meses y meses, pero no nace nada bueno que termine en nueve meses.

Aquí se hace y se deshace con desgana y con pereza, y al terminar el trabajo, no tiene pies ni cabeza.

Nos lavamos las manos en cuestión de criaturas; mejor llévelo a un convento o a un colegio de curas.

No busque aquí parentesco ni herencia de este lugar, que un político no engendra nada que deba cuidar.

El Hormigón y la Dama


 

El Hormigón y la Dama

Una hormiga demostró que nada es invulnerable, al colarse en el retiro de una dama inexpugnable.

Con su paso evidenció nuestras muchas vanidades: ¡qué difícil es cuidarlas donde existen humedades!

Esa pícara hormiga nos ha hecho una faena, sacándonos los colores ¡una verdadera pena!

Ahora todas las damas empiezan a desconfiar, pues no se fían del hombre que no sabe bien tapar.

Que somos unos chapuzas lo van a tener en cuenta: por terminar con las prisas y usar mal la herramienta.

Si esta vez fue una hormiga, en la próxima ocasión, de no tapar bien la grieta se colará un hormigón.

Y eso será peligroso, pues puede que de chiripa se contamine la dama y le crezca una gran tripa.

Perjudicados, los hombres, pondremos mayor cuidado: al tratar con una dama... ¡Dejadlo todo sellado!

No descuidéis la tarea ni lo dejéis a medias, que si el parche no es bueno vienen luego las tragedias.

Las Cuatro Viudas


Las Cuatro Viudas

En una tarde de otoño, mientras iba caminando, encontré a cuatro viudas que se hallaban rezando.

Me pareció algo insólito, una escena muy tierna: en la plaza de un pueblo, al pie de una cruz de piedra.

Quedé absorto mirando, quizás algo aturdido, y me atreví a preguntar: —¿Recuerdan a sus maridos?

—Como ve, vamos de luto, por las tardes nos juntamos; con unos cuantos rezos así nos desahogamos.

—Yo rezo porque era bueno, un hombre sensacional; desde que él se ha ido lo estoy pasando fatal.

—El mío era diferente, era un cínico y un chulo; rezo que esté en el infierno, ¡por mí, que le den por culo!

—Yo tengo otras plegarias, pues fue causa perdida: rezo que muera pronto la que tuvo por querida.

—Yo rezo por verme libre, el mío se emborrachaba y, cuando se ponía pedo, el muy cruel me apaleaba.

Son cuatro grandes mujeres, cristianas y muy creyentes; cada una eleva el rezo por causas muy diferentes.

Viudas, rezos y plaza, las contemplo cada día; lo que piden en sus rezos... ¡Eso es pura fantasía!

Me alejé de aquella plaza repasando lo escuchado; ¡quién diría que el rezo esconde tanto pecado!

El Reparto de Bienes.

El Reparto de Bienes.

A la hora del divorcio se discuten muchos temas, y al empezar el reparto surgen siempre los problemas.

Si el piso es de los dos, ese será el primero: lo más normal es vender y repartir el dinero.

¿De quién ha sido la culpa? Ese es el gran dilema. Habrá que ir al abogado a que resuelva el problema.

Hay otros muchos asuntos que pasaremos por alto, pero al llegar a los hijos... ¡ese sí que es un asalto!

Si solo tienen un niño y los dos son cabezones, por quererlo en exclusiva crecen las discusiones.

—Eres una mala madre, no le sabes ni cuidar. El niño es hijo mío y me lo quiero quedar.

—Eres un tonto del culo, gilipollas y un muermo; el niño no es hijo tuyo... ¡Porque te puse los cuernos!

—Yo estuve allí en el parto, no sabías ni abrazarle, y en sus primeras cacas tú me mandaste cambiarle.

—Y claro que lo cambié, ya sé que no soy su padre... pero como lo cambié por otro, ¡tú tampoco eres su madre!

Y así, entre tantos insultos, se aclaró por fin el drama: ¡vaya lío de familia, nos montamos en la cama!

El "Motor" del Octogenario

 

El "Motor" del Octogenario


Enviudó ya con los ochenta y quiso probar su suerte; se casó con una joven que estaba de buena muerte.

—¿A dónde vas, pobre viejo? ¿Te quieres pronto morir? Esa cuesta es muy empinada y no la vas a subir.

—Es envidia lo que tenéis, pues cada vez estoy mejor; esto me rejuvenece, tengo un potente motor.

Hasta pienso tener hijos, para que puedan saber, que la que antes fallaba era mi antigua mujer.

Al año llegó el primero, muy rollizo y muy sanote. Él presume ante sus amigos: —¡Ya veis que soy un machote!

Al año, otro nacimiento, y él sigue siempre diciendo: —La cuesta será empinada, ¡pero yo la voy subiendo!

Con el motor que yo tengo puedo llegar a los cien; es de los que hacían antes, como un Mercedes Benz.

—Sí, será bueno el motor, pero está muy descuidado; creemos que a esa máquina el aceite no has cambiado.

Si quieres tener más hijos debes revisar el motor... ¡Para que no salgan negros como la vez anterior!

El Infierno de España


 El Infierno de España

Al cielo no pudo entrar, le mandaron al infierno; hay tantas variedades que hay un lío allí tremendo.

Creía que solo había uno, pregunta en información: —Esto está muy dividido, depende la religión.

Visita varios de ellos, así se va enterando de cómo funciona cada uno y cuántos hay esperando.

En todos hay pocas almas, será por la baja campaña, pero queda sorprendido al descubrir el de España.

Allí pasa algo raro, hay millones para entrar; hay que echar solicitud y se pone a preguntar.

Funciona con energías, «esto está como un cristo»; antes de llegar aquí, desvían el suministro.

Su destino no se sabe, dicen que están ahorrando; nadie quiere saber nada y muchos se están forrando.

Si viene una inspección, aunque lo vean parado, ellos dan el visto bueno: ¡todos están sobornados!

A Satán solo le importa su buen sueldo y su querida; búscate un trapicheo y no se meten en tu vida.

No busques allí justicia, que ese sitio es un engaño: ¡los demonios son ministros que cambian cada cuatro años!