El Reparto de Bienes.
A la hora del divorcio se discuten muchos temas, y al empezar el reparto surgen siempre los problemas.
Si el piso es de los dos, ese será el primero: lo más normal es vender y repartir el dinero.
¿De quién ha sido la culpa? Ese es el gran dilema. Habrá que ir al abogado a que resuelva el problema.
Hay otros muchos asuntos que pasaremos por alto, pero al llegar a los hijos... ¡ese sí que es un asalto!
Si solo tienen un niño y los dos son cabezones, por quererlo en exclusiva crecen las discusiones.
—Eres una mala madre, no le sabes ni cuidar. El niño es hijo mío y me lo quiero quedar.
—Eres un tonto del culo, gilipollas y un muermo; el niño no es hijo tuyo... ¡Porque te puse los cuernos!
—Yo estuve allí en el parto, no sabías ni abrazarle, y en sus primeras cacas tú me mandaste cambiarle.
—Y claro que lo cambié, ya sé que no soy su padre... pero como lo cambié por otro, ¡tú tampoco eres su madre!
Y así, entre tantos insultos, se aclaró por fin el drama: ¡vaya lío de familia, nos montamos en la cama!



































