La Tormenta del Bromista
Tenía al compañero ideal, un bromista empedernido; hoy se encuentra ante el juez por matar a su marido.
—Señora, está ante mí, por violencia feminista; declare lo que pasó y no se pase de lista.
—Se lo explico, Señoría, nada le hará dudar; comprenderá los motivos, todo lo puedo aclarar.
Un día en pleno invierno, me encontraba yo lavando; me lanzó un cubo de agua que me dejó tiritando.
Le miré muy sorprendida, él no se dio ni cuenta: —Es una broma, cariño, fue cosa de la tormenta.
Al poco cogió garbanzos, ¿y sabe usted lo que hizo? Me los tiró a la cabeza diciendo que era granizo.
Otro día, con un petardo, yo me encontraba fregando; me lo explotó entre las piernas, decía que estaba tronando.
Sepa usted, su Señoría, que tanta broma atormenta; ya me tenía hasta el moño de jugar a la tormenta.
Yo tenía cerca un hacha, pero tenga la certeza: ¡que le cayó un rayo encima y le partió la cabeza!
Así que no me condene, sea justo, Señoría, que a un hombre muerto por rayo lo juzga la astronomía.









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