Teme tanto a la muerte, no piensa en otra cosa; antes de hacer el amor se lo dice a la esposa:
—Si muero antes que tú, lleguemos a un acuerdo: no quiero que me olvides, quiero un entierro de acuerdo.
—Estoy conforme contigo, si te tengo que enterrar, ya puedes ahorrar dinero para poderlo pagar.
—Hay una forma sencilla, pues las veces serán muchas: cada vez que "lo hagamos", dos pesetas a la hucha.
—Es una idea estupenda, pues de esa manera, los hijos o tú me haréis un entierro de primera.
Pasan sesenta años, la familia está enterada: para pagar el sepelio, la hucha será vaciada.
—Un panteón señorial, eso será lo primero; cinco curas, cien misas... ¡Va a sobrarnos el dinero!
Más, al romper la alcancía, se les borra la sonrisa: ¡por haber pecado poco, se queda sin flores ni misa!



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