El Camarero y la 101
Camarero en un hotel, no servía habitaciones; una vez que me tocó, pasé un susto de cojones.
Fallaron las camareras, tuve que hacer el servicio. No me pude negar: son las cosas del oficio.
Me cargué con la bandeja, habitación ciento uno; allí había dos turistas que pidieron el desayuno.
La puerta no está cerrada, entro con mucha atención: veo a una rubia desnuda en medio de la habitación.
Me quedé como una estatua, nada se me ocurre; se me sale el corazón, la bandeja se me escurre.
Todo se cae al suelo armando gran alboroto; pasada ya mi sorpresa, me marcho como una moto.
Se lo cuento a mi jefe, se ríe de mi ignorancia: «Eso pasa cada día, nadie le da importancia».
Se enteran las compañeras, me tomaron mucho el pelo: «¿Te asustaste de un conejo? ¿Estaba pelado o con pelo?».
Cuando pasé a veterano, servía esos desayunos... ¡A ver si veía más conejos y podía pillar alguno!
Que aunque el susto fue de muerte, ¡ay, quién tuviera esa suerte!


























