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viernes, 23 de enero de 2026

El Camarero y la 101


El Camarero y la 101

Camarero en un hotel, no servía habitaciones; una vez que me tocó, pasé un susto de cojones.

Fallaron las camareras, tuve que hacer el servicio. No me pude negar: son las cosas del oficio.

Me cargué con la bandeja, habitación ciento uno; allí había dos turistas que pidieron el desayuno.

La puerta no está cerrada, entro con mucha atención: veo a una rubia desnuda en medio de la habitación.

Me quedé como una estatua, nada se me ocurre; se me sale el corazón, la bandeja se me escurre.

Todo se cae al suelo armando gran alboroto; pasada ya mi sorpresa, me marcho como una moto.

Se lo cuento a mi jefe, se ríe de mi ignorancia: «Eso pasa cada día, nadie le da importancia».

Se enteran las compañeras, me tomaron mucho el pelo: «¿Te asustaste de un conejo? ¿Estaba pelado o con pelo?».

Cuando pasé a veterano, servía esos desayunos... ¡A ver si veía más conejos y podía pillar alguno!

Que aunque el susto fue de muerte, ¡ay, quién tuviera esa suerte!


Caballeros y Princesas


  Caballeros y Princesas

Estamos hoy aquí reunidos para una boda celebrar, al estilo de otros tiempos que hoy queremos recordar.

Es una unión con gran acierto, donde el honor es lo primero: ella es nuestra noble princesa y él, su leal caballero.

Él tiene grandes cualidades (aunque algún fallo se asoma), cabalga en moto al trabajo, ¡y a muchos caballos doma!

Ella, cuál digna princesa, cumplirá sus anhelos, es una mujer estupenda, una dama de altos vuelos.

Bienvenida a nuestra familia, te doy hoy mi bendición, que sea un feliz matrimonio en esta noble unión.

Que se quieran y se cuiden, de su dicha me adelanto: seré buen padre para él, y el mejor suegro para ella, a quien amo tanto.

A su familia también hoy quiero yo resaltar: son amables y sencillos, y fáciles de tratar.

A los aquí presentes, gracias por su compañía, por ser amigos tan fieles... ¡Y que tengan un gran día!

Alcen sus copas, señores, por este amor que es ya fijo. ¡Brindemos todos con ganas en la boda de mi hijo!

El Abogado en el Cielo


 

El Abogado en el Cielo

Para entrar en el cielo, tenían estipulado, que bajo ningún concepto se colara un abogado.

Pero llegó un picapleitos, malo, malo de cojones, que sabía mucho de leyes y empezaron los follones.

San Pedro le da el alto y le prohíbe pasar: —¿Tú quién eres aquí para no dejarme entrar?

—El guardián de la entrada, y aquí está prohibido entrar gente como tú, que siempre nos mete en líos.

—No tengo por qué creerte, bajo ningún juramento; enséñame los papeles, acredita el nombramiento.

—No tengo acreditamiento, pero lo arreglo en un plus: te vas a cagar del susto cuando veas a Jesús.

—Yo soy el Hijo de Dios, y te estoy ordenando que tú aquí no entras... ¡Te puedes largar pitando!

—Tú a mí no me chuleas ni me asustas de momento; para demostrar quién eres, ¡partida de nacimiento!

Puedes decir que eres Dios o puedes ser el Demonio... Exijo el libro de familia y partida de matrimonio.

Dice Jesús a San Pedro: —Mejor, déjale pasar; no tengo papeles en orden y nos la puede liar.

Y así entró el abogado, con su astucia y su malicia, que hasta en el Reino de Dios le gana el pleito a la Justicia.


Confesión sin pantalones


 

Confesión sin pantalones

—Padre, quiero confesar, me encuentro abochornado: solo con ver unas faldas, rápido estoy empalmado.

—Explícame el porqué, pues eso a mí me importa: ¿te pone con falda larga o te ocurre con la corta?

—A mí eso me da igual, pues se me nubla la mente; sea larga o sea corta, eso me es indiferente.

Igual me da que sea fea, una vieja o joven zuela; que esté casada o soltera, que sea viuda o abuela.

—Lo tuyo no es normal, eso es una obsesión; necesitas un psiquiatra, no vale una confesión.

Yo me largo ahora mismo, que tengo mucho que hacer; vente cuando estés mejor, yo no te puedo absolver.

—No se marche tan deprisa, que me quedan más historias: lo que le hice a mi suegra, a su madre y a mi novia.

El cura sale corriendo, había que echarle cojones: estar a solas con él... ¡Y sin llevar pantalones!

Aquel cura no volvió, ni a la iglesia ni al altar, pues con el culo en la mano solo quería escapar.

El Agapornis de la Familia


 El Agapornis de la Familia

Una soleada mañana, me levanté tempranito, y al abrir la ventana se coló un pajarito.

Se posó en mi cabeza, allí se puso a cantar, y sin previo aviso, me logró enamorar.

Ya es de la familia, está muy integrado, no quiere su jaula, nos sigue a todos lados.

Se mete conmigo al baño, se ducha mi gran amigo, encima de mi cabeza, haciendo el nido conmigo.

Cuando ya estamos secos, él se siente como nuevo, se posa en mis partes, ¡y quiere empollar sus huevos!

Cuando está con mi mujer, se posa sobre una teta, la besa y la acaricia, se pone muy chuleta.

Estas cosas tan curiosas, difíciles de comprender: pájaro al estar conmigo, pájara al estar con él.

Cuando entra en casa de mi nuera, se siente el rey del salón, se le posa en el hombro y le roba el corazón. Ya no hay puerta que lo pare ni rincón que no recorra, ¡este bicho es un artista que a la familia atolondra!

¿Será tan inteligente? Es una duda enorme, si no creen esta historia... ¡Cómprense un agapornis!

El Milagro del Rezo


El Milagro del Rezo

Viuda quedó la mujer, tan triste y deprimida, que al morir aquel marido casi acaba con su vida.

Pasó dos años de luto sin querer salir de casa, sus hijas se preocupan: la tristeza no se pasa.

—"Mamá, quítate el negro, viste ya de mil colores; no vayas al camposanto, no lleves ya más flores.

Él no va a resucitar, deja ya de sufrir tanto, tienes que salir al baile y olvidar ya todo llanto".

Como está de muy buen ver, pronto surge un candidato; lo acepta como amigo solo por pasar el rato.

Se toman unas copillas, se ponen muy contentos, y se marchan a un hotel a disfrutar el momento.

Ella no queda desnuda por lo que pueda pasar: lleva las bragas de luto y se pone allí a rezar.

Él, que queda sorprendido, comienza a reflexionar: se pinta el "palo" de negro para poderla acompañar.

—"Católico también soy y te ayudo en el altar; con tres padrenuestros diarios lo haremos resucitar".

Desde entonces la mujer no para nunca de rezar: ¡tanto quería al marido que lo logró olvidar!

Bendito sea el devoto, que con luto la engañó; pues rezando de esa forma, del muerto ni se acordó.

El Café de la Mañana


l Café de la Mañana

Unos jóvenes comentan cómo les gusta el café. A ella le gusta con leche, a él le gusta el exprés.

Coinciden en el estilo y en cómo hay que tomarlo: muy caliente y muy despacio, para así saborearlo.

Ella prefiere beberlo temprano, por la mañana. Servido en una bandeja, mucho mejor en la cama.

Esa idea a él le encanta, sería algo muy especial. Mucho mejor que un café a la hora de merendar.

"Aunque me gusta el exprés, prefiero tomar poquito, para sentir su textura bebiéndolo despacito".

"A mí también me gusta, bien dulce y muy caliente, para que el sorbo me dure y no acabe de repente".

"Veo que somos afines, casi nada diferenciados: nos gusta más en la cama que tomarlo aquí sentados".

"A ti te toca pagar, más yo invito mañana: ven a cenar a mi casa... ¡Y desayuna en la cama!".

Y así, entre aroma y suspiros, con el sol en la ventana, que el café sea la excusa para quedarnos mañana.



El Regalo de la Discordia


 

El Regalo de la Discordia

El mozo tiene una novia, está muy enamorado; es una buena persona, por sus padres aprobada.

Quiso hacerle un buen regalo, cometió una equivocación: robó en una joyería, y esa fue su perdición.

Solo fue un simple anillo, aprovechó un descuido, pero fue pronto pillado, arrestado y detenido.

Su novia está ya en estado, se pensaban ya casar; si el suegro llega a saberlo, no lo podrá tolerar.

Imposible es ocultarlo, por lo que le puede caer; la pena es una burrada, algo tendrán que hacer.

"Retiren esa denuncia, son fallos de enamorados". "Si pagas veinte anillos, los cargos son retirados".

Al retirar las denuncias, saben lo que va a pasar: no le queda otro remedio que tenerse que casar.

Pasan ya los veinte años, la mujer le ha recordado: "Da las gracias al abuelo, o estarías encerrado".

"¡Qué gracias ni qué cojones! Si él no hubiera intervenido, mañana sería libre... ¡Y no casado contigo!

¡Maldito sea el abuelo y el trato que hizo conmigo!"


No tocar los HUevos



En unos servicios públicos, hay un hombre allí encogido, con la cara enrojecida, parece que está estreñido.

Entra otro en el servicio, no lo encuentra muy normal, le pregunta qué le pasa, pues lo está viendo fatal.

—Compañero, ¿qué te ocurre? Te veo muy encogido, ¿te duele mucho el estómago o es que estás muy estreñido?

—Recogí unos análisis y me acabo de enterar, que tengo varias cosillas que me funcionan muy mal.

—Nadie estamos perfectos, todo se puede arreglar, hay muchas medicinas que te podrán curar.

—Lo mío es más complicado, me produce mucha duda, es que para ciertas cosas necesito mucha ayuda.

Estoy que no puedo más... ¿Tú me puedes ayudar? ¡Sácamela, por favor, que tengo ganas de mear!

—¿No puedes sacarla tú? ¡Dime qué coño te pasa! ¿Me ves cara de idiota o tienes ganas de guasa?

—¡Es que vengo del doctor! ¡Me puso un régimen a tope! Dijo: "El colesterol está alto... ¡Y los huevos ni los toque!"

Salió el otro por la puerta soltando una carcajada: —¡Pues si no tocas tus huevos, no vas a echar ni una gota!



El Diagnóstico de la Mujer

El Diagnóstico de la Mujer

El hombre se encuentra mal, cada día un poco peor, es reacio a medicinas y a visitar al doctor.

—Marido, eres un cabezón y así no te vas a curar, ya te pedí cita al médico y te voy a acompañar.

Le hacen unos análisis, él no los quiere ni ver; que de todo lo que salga se entere solo su mujer.

—Su marido no está mal, vea usted los resultados: solo necesita amor y unos mimos adecuados.

Que no fume, que no beba, que haga el amor cada día, que tenga mucho descanso y una excelente comida.

Si sigue bien este régimen y corre alguna juerga, vivirá muchísimos años... ¡Seguro que a usted la entierra!

La mujer escuchó atenta, guardó el papel en la mano, pensó: «si le digo esto, este se me pone sano».

Llega la mujer a casa, él pregunta muy asustado: —¡Dime pronto cómo estoy y cuál fue el resultado!

—Que estás hecho una miseria, que vas a dejar de sufrir... ¡Pon los bienes a mi nombre, que pronto te vas a morir!

Aniversario con Solera


 

Aniversario con Solera

Celebran un aniversario, treinta años ya de casados. Y piden para la cena un surtido de pescados.

La señora se conserva, como buena cincuentona, pero esa noche se arregla y se pone muy matona.

Es una cena especial, con un servicio muy fino, y escoltan al menú dos botellas de buen vino.

Llega la hora del baile, él ya un poco mareado, la aprieta con una fuerza que nunca antes había usado.

Ella, extrañada, pregunta: —¿A qué viene esta cosa? —Cariño, es que con el vino, ¡te pones como una rosa!

—¿Qué vino ni qué narices? ¡Estás tonto, mi marido! Yo solo he tomado agua, vino nunca he bebido.

—Que tú no bebas, mi vida, no cambia nada la cosa... ¡Yo me trinqué las botellas y ahora te veo preciosa!

Ella, viendo el panorama, aprovechó la ocasión: se pidió otra botella, pero esta vez... ¡De ron!

Soñó con una noche loca, toda llena de pasión, pero a él le dio un desmayo por subida de tensión.

Ella se tomó su ron con un aire de victoria, mientras él duerme la mona ¡sin pena ni gloria!


Premio para el Vencedor.


 Cuantas amistades rotas por culpa de una mujer, que al gustarle a dos amigos nadie la quiere perder.

Ella elige al más apuesto, el otro no puede aguantar, se marcha lejos, bien lejos, para poderla olvidar.

Pasados ya varios años regresa el que fue ignorado, con la duda en la memoria de saber qué habrá pasado.

Llamará pronto a su amigo para sellar la hermandad; él también está casado y quiere firmar la paz.

El amigo lo recibe, se citan para charlar, pues los lazos de la infancia no se deben olvidar.

"Yo también hice mi vida, no guardo resentimiento, no es tan bella como la tuya, pero vivo muy contento".

"Ya sabes cómo era la mía, poco duró el matrimonio, hoy por fin estoy libre... ¡Vivir con ella era un demonio!"

"Me dejas de una pieza, me partes por la mitad, pensar que casi peleamos y perdimos la amistad".

"Es verdad que era hermosa, ardiente como un volcán, arrasaba por donde iba, parecía un huracán".

"Sigue siendo un huracán y por donde pasa arrasa: se llevó hijo, coche y dinero, y se quedó con la casa".

Menudo "premio" ganaste, vaya suerte la del "vencedor", tú te quedaste sin un duro y yo me ahorré ese dolor.

El Preso y la Cárcel


 

El Preso y la Cárcel

Con las monjas estudió, no sabía de la vida; no había tenido ni móvil, no estaba puesta al día.

Sus padres, muy católicos, le buscan un buen partido: un muchacho de su gusto que fuera su marido.

Virgen llega al matrimonio, no conoce sus deberes; no sabe las diferencias entre hombres y mujeres.

Así, la noche de bodas, no sabe cómo actuar cuando el marido le dice: —¡Te tienes que desnudar!

Sale el marido del baño, desnudo y muy bien armado; ella, los ojos en blanco por el susto que se ha llevado.

Él también está flipado al verla en camisón: —¿Tu madre no te informó cuál era tu obligación?

—Dijo que me portara bien, que fuera muy cariñosa; que ya era tu mujer... ¡No me informó de otra cosa!

—Te diré algo sencillo, muy fácil de asimilar: esto que ves es un preso y lo tengo que encerrar.

—Entre tus piernas la cárcel a la cual fue condenado; hasta que cumpla condena, ahí estará encerrado.

Toda la noche el cautivo en esa estancia tan tierna; ella no dijo ni pío... ¡Y nunca cerró las piernas!

Viendo que el preso es inquieto y no busca libertad, ella le aplica cadena... ¡De perpetua voluntad!


¿Te gustaría qu

Retrato de una Tristeza.


 Retrato de una Tristeza.

Ayer me acosté con dos, disfrutando de la vida. Como no pude cumplir, ¡qué gran tristeza la mía!

Cuando una me pidió el porqué no repetía, como ya estaba cansado, ¡qué gran tristeza la mía!

Yo me creía un machote que nada me cansaría. Compruebo que no es así, ¡qué gran tristeza la mía!

Creía poder comer todo lo que me apetecía. Me hizo daño una sopa, ¡qué gran tristeza la mía!

Que podía pasar del frío y nada me afectaría. Estoy en cama con fiebre, ¡qué gran tristeza la mía!

Que siempre al ir a mear en la taza acertaría. Todo se fue a los lados, ¡qué gran tristeza la mía!

Que al llegar a mayor escaleras subiría. Ya me canso en el primero, ¡qué gran tristeza la mía!

Que todos fueran felices, la guerra no existiría. Medio mundo anda en guerra, ¡qué gran tristeza la mía!

Tener buenos gobernantes y que nadie nos robara. Veo lo que está pasando, ¡qué gran tristeza la mía!

Que al llegar a mayor nada me dolería. Ahora me duele todo el cuerpo, ¡qué gran tristeza la mía!

Espero que todo mejore, lo deseo con presteza. Quiero estar alegre, acabar con mi tristeza.

Pediré ayuda al doctor, a ver si hay una pastilla, que me quite los dolores... ¡Y me alegré la "colilla"!

Los Anteojos del Engaño


 

Los Anteojos del Engaño

Los chinos lo compran todo, son unos grandes copiones; si no frenan su expansión, se quedan con las naciones.

Hacen juguetes baratos, arruinan cualquier negocio; lo piensa un empresario y lo comenta a su socio.

—Tú viajarás a la China en la próxima temporada; copiarás todas sus modas, ¡que no se te escape nada!

Entre tantas novedades, una llama su atención: unas gafas muy modernas que te cambian la visión.

Cuando uno se las pone, ve a la gente en pelotas; da igual que lleven abrigo o que lleven ropas pocas.

—¡Esto será un bombazo y reflotará la empresa! Se venderán como rosquillas, lo digo con toda certeza.

Las comprarán los señores, se las pondrá la mujer; ver aquello que está oculto, todos lo queremos ver.

Regresa muy entusiasmado, con la máxima presteza; a su mujer, la primera, le dará la gran sorpresa.

Sigiloso abre la puerta, sin forma precipitada; ve a su mujer y a un amigo... ¡Están en pelota picada!

—¡Funcionan de maravilla!— exclama muy sorprendido—. Ahora me quito las gafas y ya los veré vestidos.

Los sigue viendo desnudos, se queda todo extrañado: —Apenas llego a España, ¡y ya se me han estropeado!

—¡Vaya mierda de gafas! ¡De los chinos tenían que ser! Ya me jodieron la vista... ¡Y me las acabo de poner!

Pecado de ambiente


 Pecado de ambiente

Tengo mil y una anécdotas vivas en mi memoria; motivo de una de ellas es escribir esta historia.

Monaguillo, en los cincuenta, no podía faltar a misa. ¡Y el cura me dio una torta por soltar una sonrisa!

Era el Domingo de Ramos, un domingo muy especial. Había que estar en silencio, un silencio sin igual.

Las mujeres junto al cura, con velos y mantos puestos. Los hombres allá al final... ¡No podían estar revueltos!

Primera fila: las niñas. Segunda: van las solteras. Tercera: están las casadas. En la cuarta: las abuelas.

El cura pide silencio, rezos, arrepentimientos... cuando en la cuarta se oye un pedo, ¡que mueve hasta los cimientos!

Imposible contenerme, suelto una gran risotada. El cura me mira serio y me atiza una bofetada.

Todo el mundo se sonríe mientras mira hacia el suelo. La única que está seria es la abuela del pañuelo.

La pobre se delató por soltar un pedo al viento. Se pone a pedir perdón con cara de sentimiento.

A mí me costó una torta, ¡pero ella fue excomulgada! «¡Arderás en el infierno por hacer esa guarrada!».

Eso se lo dijo el cura, que lo tuviera presente. Fue demasiado castigo por contaminar el ambiente.

Hoy recuerdo aquella escena y me río de tal suerte: ¡si el pecado fue el sonido, el castigo fue más fuerte!

El lío de los votos


 

Cuando uno empieza a votar, es a los dieciocho. No hay tope para los abuelos, aunque ya estén algo chochos.

Esto no está nada bien, porque al ir a votar, si has perdido facultades, te dejas influenciar.

En un colectivo mayor, con términos incomprensibles, que salga cualquier partido es la cosa más posible.

Escucho muchas palabras, no las he comprendido. Estos políticos quieren hacernos la picha un lío.

Es una palabra nueva, yo creía que era de amor. Decían que en los partidos no existía el poli amor.

He tenido que investigar, no sabía el significado. Me puse algo más al día, de algo me he enterado.

Nos costó un trabajo enorme entender lo que era un trío, y van sacando palabras para formarnos más lío.

Después del ménage à trois, ¡joder con la palabreja! Resulta que ya no vale, porque se quedó ya vieja.

Esa que pronuncian tanto, que es la "solidaridad"... La dicen, no la practican, ¡mejor nos dejan en paz!

Ese vocabulario raro se sale mucho de madre. Perderán muchos votos, no los votará ni su padre.

Mejor que hablen clarito y no se las den de chulos. Si no los entendemos... ¡Irán a tomar por culo!

El Confesionario.Diario.

 

El Confesionario

Una ignorante, la pobre, que siempre había pensado que todo beso es igual y ninguno es pecado.

Decide ir a confesar los sitios donde han besado, para saber distinguir si hay besos con pecado.

—Padre, ¿es un grave pecado si me besan en la frente? —No se trata de un pecado, es un beso indiferente.

—¿Y si me besan la boca llegando hasta el gorrear? —Eso no es pecado, hija, es solo un signo de amar.

—¿Y si me besan los pechos y empiezan a manosear? —Ahí tienes que tener cuidado, que casi empiezas a pecar.

—¿Y si me besan el ombligo, lo chupan y hacen cosquillas? —Estás muy cerca del fuego, cuidado con las cerillas.

—A veces me dan besos que toman carrerilla, y no paran de besar hasta llegar a la rodilla.

—Hija, no me cuentes más, y menos de esa manera, que no hay hombre en este mundo que no salte esa barrera.

Del ombligo a la rodilla hay una cosa primero... —Si quieres lo llamaremos "el descanso del guerrero".

—No me quiera usted mentir, que ahí no hay descanso que valga, que eso no se lo salta,
nadie tenga el oficio que valga.

Nunca me dejo besar en lugar tan atrevido, ni que pongan el "asunto" en el lecho de mi nido.

—La próxima vez, hija, que vengas a confesar, no me vengas con mentiras o no te voy a perdonar.

Que si el nido está ocupado y el fuego ya está encendido, ¡no preguntes por pecados si el cielo ya has conocido!

El Confesonario diario

 El Confesionario

Una ignorante la pobre,

que siempre había pensado

que todo beso es igual

y ninguno es pecado.

Decide ir a confesar

los sitios donde han besado,

para saber distinguir

sí hay besos con pecado.

—Padre, ¿es un grave pecado?

¿Si me besan en la frente?

—No se trata de un pecado,

es un beso indiferente.

—¿Y si me besan la boca?

¿Llegando hasta el gorrear?

—Eso no es pecado, hija,

es solo un signo de amar.

—¿Y si me besan los pechos?

¿Y empiezan a manosear?

—Ahí tienes que tener cuidado,

que casi empiezas a pecar.

—¿Y si me besan el ombligo?

¿Lo chupan y hacen cosquillas?

—Estás muy cerca del fuego,

cuidado con las cerillas.

—A veces me dan besos

que toman carrerilla,

y no paran de besar

hasta llegar a la rodilla.

—Hija, no me cuentes más,

y menos de esa manera,

que no hay hombre en este mundo

que no salte esa barrera.

Del ombligo a la rodilla

hay una cosa primero...

—Si quieres lo llamaremos

"el descanso del guerrero".

—No me quiera usted mentir,

que ahí no hay descanso que valga,

que eso no se lo salta nadie

tenga el oficio que valga.

Nunca me dejo besar

en lugar tan atrevido,

ni que pongan el "asunto"

En el lecho de mi nido.

—La próxima vez, hija,

que vengas a confesar,

no me vengas con mentiras

o no te voy a perdonar.

Que si el nido está ocupado y el fuego ya está encendido, ¡no preguntes por pecados si el cielo ya has conocido!

El Prior y el Agua Bendita


 El Prior y el Agua Bendita

Novicias, en una charla, les dice la superiora: —Si alguna tiene pecado, puede confesarlo ahora.

Hoy viene el padre prior, le confesáis el pasado; es como pasar la ITV: os quedaréis sin pecado.

—Vamos a ver, hijas mías... Para quedar sin pecados, tenéis que estar desnudas, con los cuerpos bien lavados.

Para limpiar bien los bajos, usaréis agua bendita; esa los deja bien limpios, además los purifica.

Para dejaros perfectas, en las mejores condiciones, os revisaré una a una: no quiero aglomeraciones.

Al cabo de varios días, se le ocurre preguntar: —¡Y con el agua bendita! ¿Dónde la vais a tirar?

—Nunca la tiramos, padre, es bendita y purificada; otra vez vuelve a la pila para ser reutilizada.

Estamos todas de acuerdo en que debemos gastar poca, que usted y la superiora con ella enjuagan la boca.

El prior se queda mudo, la cara se le encendió, pues no contaba el buen hombre con lo que el grupo entendió.

Trago, a Perra Gorda.

 


Ahora se compra el agua, a veces la cobran cara. Yo la estuve vendiendo... y a veces no la cobraba.

Llegaba un día de fiesta, yo nada podía comprarme. Para sacar unas pesetas, tenía que sacrificarme.

Vendía agua en el fútbol, en la plaza vendía polos; vendía helados en la era donde jugaban a los bolos.

Con tres botijos prestados y tres amigos unidos, vendíamos toda el agua en lugares concurridos.

Los jóvenes de entonces muy pocos tenían dinero. A perra gorda el trago... ¡No se fiaba al primero!

Sacábamos para churros y para algunas gaseosas, pero éramos felices consiguiendo aquellas cosas.

Con qué poco uno se conforma cuando no se tiene nada; esos recuerdos perduran, no se olvidan por nada.

Marché de mi pueblo joven, las pasé muy "cañetas"; sin recibir un apoyo, uno las pasa muy putas.

Esto les cuento a mis nietos y me miran sonriendo: —"Abuelo, eres un cuentista, creemos que estás mintiendo".

Que piensen que soy cuentista, no me importa su opinión, ¡que lo que hoy tienen de sobra nació de aquel botijón!


E

El Viejo y el Punki

 


El Viejo y el Punki

Repasa hoy su juventud, regresan a su memoria las penurias que pasaba para echarse alguna novia.

Sentado frente a un banco, ve una pareja besándose; a la derecha e izquierda, otras dos acariciándose.

En sus tiempos no ocurría, todo estaba prohibido; solo se podía hacer en un lugar escondido.

Viene un punki hacia su banco con su cresta de colores: «Se nota la primavera, ya van saliendo las flores».

Se sienta justo a su lado y se le queda mirando, como un gallo de pelea que le estuviera retando.

Se lía pronto un "canuto", le ofrece una buena calada; él la rechaza con fuerza: fumar no le gusta nada.

—¿Tronco, por qué eres tan soso? En tu juventud pasada, ¿no tuviste una aventura, ni una sola "guarrada"?

—Sí que tuve mil historias y algunas fueron locura: me pasé por un convento y hasta me ocupé de un cura.

No fumábamos canutos, pues lo que entonces ocurría es que buscábamos hueco a todo lo que se movía.

Hasta monté a una lora... y ahora que en ti me fijo, fruto de aquella aventura, ¡tú podrías ser mi hijo!

Se le erizó la cresta al punki con la noticia, mientras el viejo pensaba: «Es igualito a la Alicia».

La Tragedia de María y Antonio


La Tragedia de María y Antonio

Antonio se equivocó al rondar a la María, y por celos se mató: creyó que no le quería.

En el pueblo comentaban: «Para ella es muy tierno; necesita algo más duro, pronto le pondrá los cuernos».

Salta la alarma en el pueblo, ¡Antonio ha desaparecido! Su madre llora por él, su padre está compungido.

Al fin dan con su cadáver, ¡qué tragedia, madre mía! Era la mar de simpático, todo el mundo le quería.

María llora en silencio, no lo logra comprender: ¿Por qué se quitó la vida? No la quiso nunca ver.

No llega a asimilar el porqué se mataría, si le dio todo su amor y más de lo que pedía.

Se olvidó pronto de Antonio, su ardor la traicionaría; esa parte no controla, eso le cambia la vida.

En el arte del amor hace ahora maravillas: muchos terminan cascados, otros hincan la rodilla.

En la profesión más vieja puede ganar mucha pasta, pero nunca llega a rica: según lo gana, lo gasta.

En esa vida de exceso su sangre ya no le hierve, su ardor va desapareciendo y su hermosura se pierde.

Jóvenes cierran su paso, su oficio está en rebajas; decide entonces matarse y no vivir de migajas.

Sería como un sueño el librarse de ese oficio; mejor hacer lo que Antonio y saltar al precipicio.

«¡Ya te acompaño, amor mío! ¡Nos veremos en el cielo! Me contarás el porqué, me servirá de consuelo».

Así termina la historia de María y el Antonio; morir por suposiciones es un verdadero coño.

El Aprendizaje del Amo

 




El Aprendizaje del Amor

Asisto a clase de adultos, recordando mi niñez; lo que no aprendí de joven lo aprovecho en la vejez.

Hoy es mejor la maestra, nos presta más atención. Nuestra mente es más dura... ¡Somos algo cabezón!

Escribimos sobre temas, unos bien, otros mejor; hoy me ha tocado el turno de escribir sobre el amor.

Es un tema tan trillado que no sé bien qué decir, tanto se ha dicho de él que no sé qué más añadir.

Lo que sientes por los padres es un cariño profundo; perdonando sus defectos, son los mejores del mundo.

Al amor por nuestros hijos hay que tenerlo presente: que sigan un rumbo recto y ayudarles en la pendiente.

Y hacia esa mujer amada que camina siempre al lado, uno olvida lo que falta por seguir enamorado.

Queriendo a los semejantes y amando a los animales, siendo honesto y honrado para evitar los males.

En este mundo revuelto viviríamos mejor, si todos fuéramos buenos practicando más el amor.

Y así termino mi escrito, con humilde convicción: amar es lo más bonito de toda nuestra lección.

Mi Aldea Cambiada

 


Mi Aldea Cambiada

Me encuentro en mi aldea, miro a mi alrededor. Ni escucho ni veo a nadie, solo un pájaro cantor.

Cuando yo era un niño, esto era un hormiguero; se escuchaban las carretas, las voces del carretero.

Con sus caminos de polvo, era alegre y divertido; ahora que está asfaltado, se ve triste y deprimido.

En la era se trillaba, en el campo se segaba; a pesar del duro trabajo, toda la gente cantaba.

Los hombres majaban trigo, su sonido retumbaba; el mozo joven presumía de ser el que más segaba.

La moza, siempre alegre y la mar de divertida, con su cesta en la cadera llevaba allí la comida.

Cada niño ayudaba en la labor que podía; nos sentíamos orgullosos, aunque el juego nos distraía.

No pensábamos en playas, ni se concebía en sueños; al terminar la jornada, a lavarte en los barreños.

A veces no había barreño, tenías que ir a la fuente; como la madre no estaba, solo mojabas la frente.

Una ligera pasada, de frotarse... muy poquito; mejor tener la piel dura, ¡así no picaba el mosquito!

No teníamos alergias al polvo ni a los animales; éramos todos muy duros, no nos entraban los males.

Ganó en comodidades frente a esa época pasada, pero ya forma parte de la España despoblada.

Se marcharon los vecinos, el progreso nos ganó, y entre muros de adobe frío solo el eco se quedó.

El Tesoro del Fontanero


 

El Tesoro del Fontanero

Noticias del Confidencial, ojo con los fontaneros. Si alguno te hace una chapuza, es por esconder sus dineros.

Uno ocultó todo un millón en una casa donde estuvo. ¡Joder con esa familia, la buena suerte que tuvo!

En mi casa entran varios, quizás uno de estos días me sacuda un ramalazo y arranque las tuberías.

En el baño ya miré y desarmé el flotador; es el sitio más normal, pero no será el mejor.

Hasta levanté la taza, miré bien los asientos: ahí se esconden muy bien los billetes de quinientos.

Me arreglaron la cocina, intervino un fontanero. Levantaré las baldosas a ver si encuentro dinero.

El que mandó el seguro era un chico extranjero; difícil que venga aquí para esconder su dinero.

Yo lo seguiré buscando, aunque poco convencido. Ya me duele la cabeza hasta quedarme dormido.

¿Y si encuentro ese millón? ¿Cómo puedo blanquearlo? ¿Y cómo le explico al fisco que yo acabo de encontrarlo?

Estuve un día en Ikea, le compré unos sillones; dicen que en esa empresa pueden esconder millones.

Estas noticias me afectan, me sacan de mis casillas. Ya removí toda la casa y solo hallé calderilla.

Con una pensión pequeña, si yo encontrara un millón, seguro me daría un "yuyu" y se pararía el corazón.

Ahí donde lo dejaron, no sería por despiste; dar esa versión al mundo a mí me parece un chiste.

Mejor me olvido del tema y me quedo como estoy, que con mi paga y mi suerte voy tirando como voy.

El Secreto del Ponedero


 El Secreto del Ponedero

Yo chupaba los huevos como una medicina; no piensen que eran los míos, eran los de las gallinas.

De niño nunca escuché hablar de la salmonela; no la conocía mi madre, y mucho menos mi abuela.

Comía los huevos crudos, no tenían caducidad; si acaso yo los pillaba, era de casualidad.

Las gallinas por la calle, como no hacían su nido, ponían cada mañana en su lugar preferido.

Bajo un montón de leña vi un ponedero al azar; ese fue un día de suerte, lo tenía que aprovechar.

Cada día un huevo fresco, y con mucho disimulo, le hacía dos agujeros: en la punta y en el culo.

Chupaba su contenido y, para disimular, lo rellenaba con yeso y lo volvía a dejar.

Hice así varias meriendas, no dejé ni un huevo entero, hasta que un día la dueña descubrió aquel ponedero.

Hallar aquel gran tesoro le produjo una alegría: ¡con una buena tortilla su familia comería!

Lo malo fue la sorpresa cuando se puso a partirlos: ¡eran tan duros los huevos que no pudo ni batirlos!

Como era vecina nuestra, se le ocurrió preguntar qué a esos huevos tan duros les podía pasar.

Mi madre los examina y le dice: «Es primeriza; pone los huevos tan duros por comer tierra caliza».

Al oír esa respuesta me entró la risa por dentro, pues mi madre, sin saberlo, ¡me salvó del escarmiento!



El Vendedor de Coches


 

 El Vendedor de Coches

Es vendedor de vehículos, trabaja siempre a comisión. Y al estar con la parienta, presta muy poca atención.

Lo del trabajo diario se lo lleva hasta la cama; sueña con vender los coches de pequeña y alta gama.

Vive siempre obsesionado, eso ocupa su mente: repasando todas las marcas que tiene en el inconsciente.

María, que es su parienta, se lo propone cuando puede; ayer le dijo: «cariño, ¿quieres que te monte el Mercedes?».

«Vamos a echar un Volvo», no suena muy ideal; existen otras formas de hacer el acto sexual.

Seguro que se le escapa, si el miembro se pone duro: «esta noche habrá un Saxo», ¡lo puedes tener por seguro!

En ese día que libra y se echa una siesta, le dice: «hagamos un Combi, que tengo ganas de fiesta».

Está revolucionado, tiene alta la tensión: «tú me la puedes bajar, estoy como un SEAT León».

Cree ser el mejor de todos en la venta y en la cama, y presume ante la gente: «¿estoy o no en la alta gama?».

Pasará el tiempo volando repitiendo eso a diario; el día que ya no cumpla... será un utilitario.

Y cuando pasen los años y ya no meta la mano, le fallará algún pistón: ¡será de segunda mano!

Ya en la tercera edad, si olvida cómo se hace, pasará a formar parte de las piezas del desguace.


Maestros de lo ajeno

 

Maestros de lo ajeno

Reunión de jubilados contemplando cualquier obra; hay que gastar bien el tiempo cuando se tiene de sobra.

Entendemos de mil cosas, en todo somos maestros, pero lo que mejor se nos da es poner muchos defectos.

Vaya cuadrilla que tienen, son todos aficionados; no saben si los ladrillos son redondos o cuadrados.

Esos que ponen el muro no saben de albañilería; ni saben dar el cemento, llevan la fila torcida.

Fijaos qué paleta usa, no es herramienta adecuada; como los traen del paro, es que no saben de nada.

Es mano de obra barata, casi todos extranjeros; en su país no sabían ni tapar los agujeros.

Ese del casco amarillo debe ser el encargado; no da ni un palo al agua, anda como despistado.

En lo alto del andamio no se ponen sujeciones; lo que quieren es caerse y pedir indemnizaciones.

El que acerca los ladrillos lo hace con mucha pereza; no creo que se hernie nunca, los lleva de pieza en pieza.

Fijaos en las soldaduras, parece que son de broma; no saben trazar la línea, son cagadas de paloma.

Es una verdadera pena los tiempos que atravesamos; los mejores edificios... ¡Los hacían los romanos!

Mucho plano y mucho casco, mucha ficha técnica; pero al paso que trabajan, esto llega a la otra época.