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viernes, 23 de enero de 2026

El Confesonario diario

 El Confesionario

Una ignorante la pobre,

que siempre había pensado

que todo beso es igual

y ninguno es pecado.

Decide ir a confesar

los sitios donde han besado,

para saber distinguir

sí hay besos con pecado.

—Padre, ¿es un grave pecado?

¿Si me besan en la frente?

—No se trata de un pecado,

es un beso indiferente.

—¿Y si me besan la boca?

¿Llegando hasta el gorrear?

—Eso no es pecado, hija,

es solo un signo de amar.

—¿Y si me besan los pechos?

¿Y empiezan a manosear?

—Ahí tienes que tener cuidado,

que casi empiezas a pecar.

—¿Y si me besan el ombligo?

¿Lo chupan y hacen cosquillas?

—Estás muy cerca del fuego,

cuidado con las cerillas.

—A veces me dan besos

que toman carrerilla,

y no paran de besar

hasta llegar a la rodilla.

—Hija, no me cuentes más,

y menos de esa manera,

que no hay hombre en este mundo

que no salte esa barrera.

Del ombligo a la rodilla

hay una cosa primero...

—Si quieres lo llamaremos

"el descanso del guerrero".

—No me quiera usted mentir,

que ahí no hay descanso que valga,

que eso no se lo salta nadie

tenga el oficio que valga.

Nunca me dejo besar

en lugar tan atrevido,

ni que pongan el "asunto"

En el lecho de mi nido.

—La próxima vez, hija,

que vengas a confesar,

no me vengas con mentiras

o no te voy a perdonar.

Que si el nido está ocupado y el fuego ya está encendido, ¡no preguntes por pecados si el cielo ya has conocido!

El Prior y el Agua Bendita


 El Prior y el Agua Bendita

Novicias, en una charla, les dice la superiora: —Si alguna tiene pecado, puede confesarlo ahora.

Hoy viene el padre prior, le confesáis el pasado; es como pasar la ITV: os quedaréis sin pecado.

—Vamos a ver, hijas mías... Para quedar sin pecados, tenéis que estar desnudas, con los cuerpos bien lavados.

Para limpiar bien los bajos, usaréis agua bendita; esa los deja bien limpios, además los purifica.

Para dejaros perfectas, en las mejores condiciones, os revisaré una a una: no quiero aglomeraciones.

Al cabo de varios días, se le ocurre preguntar: —¡Y con el agua bendita! ¿Dónde la vais a tirar?

—Nunca la tiramos, padre, es bendita y purificada; otra vez vuelve a la pila para ser reutilizada.

Estamos todas de acuerdo en que debemos gastar poca, que usted y la superiora con ella enjuagan la boca.

El prior se queda mudo, la cara se le encendió, pues no contaba el buen hombre con lo que el grupo entendió.

Trago, a Perra Gorda.

 


Ahora se compra el agua, a veces la cobran cara. Yo la estuve vendiendo... y a veces no la cobraba.

Llegaba un día de fiesta, yo nada podía comprarme. Para sacar unas pesetas, tenía que sacrificarme.

Vendía agua en el fútbol, en la plaza vendía polos; vendía helados en la era donde jugaban a los bolos.

Con tres botijos prestados y tres amigos unidos, vendíamos toda el agua en lugares concurridos.

Los jóvenes de entonces muy pocos tenían dinero. A perra gorda el trago... ¡No se fiaba al primero!

Sacábamos para churros y para algunas gaseosas, pero éramos felices consiguiendo aquellas cosas.

Con qué poco uno se conforma cuando no se tiene nada; esos recuerdos perduran, no se olvidan por nada.

Marché de mi pueblo joven, las pasé muy "cañetas"; sin recibir un apoyo, uno las pasa muy putas.

Esto les cuento a mis nietos y me miran sonriendo: —"Abuelo, eres un cuentista, creemos que estás mintiendo".

Que piensen que soy cuentista, no me importa su opinión, ¡que lo que hoy tienen de sobra nació de aquel botijón!


E

El Viejo y el Punki

 


El Viejo y el Punki

Repasa hoy su juventud, regresan a su memoria las penurias que pasaba para echarse alguna novia.

Sentado frente a un banco, ve una pareja besándose; a la derecha e izquierda, otras dos acariciándose.

En sus tiempos no ocurría, todo estaba prohibido; solo se podía hacer en un lugar escondido.

Viene un punki hacia su banco con su cresta de colores: «Se nota la primavera, ya van saliendo las flores».

Se sienta justo a su lado y se le queda mirando, como un gallo de pelea que le estuviera retando.

Se lía pronto un "canuto", le ofrece una buena calada; él la rechaza con fuerza: fumar no le gusta nada.

—¿Tronco, por qué eres tan soso? En tu juventud pasada, ¿no tuviste una aventura, ni una sola "guarrada"?

—Sí que tuve mil historias y algunas fueron locura: me pasé por un convento y hasta me ocupé de un cura.

No fumábamos canutos, pues lo que entonces ocurría es que buscábamos hueco a todo lo que se movía.

Hasta monté a una lora... y ahora que en ti me fijo, fruto de aquella aventura, ¡tú podrías ser mi hijo!

Se le erizó la cresta al punki con la noticia, mientras el viejo pensaba: «Es igualito a la Alicia».

La Tragedia de María y Antonio


La Tragedia de María y Antonio

Antonio se equivocó al rondar a la María, y por celos se mató: creyó que no le quería.

En el pueblo comentaban: «Para ella es muy tierno; necesita algo más duro, pronto le pondrá los cuernos».

Salta la alarma en el pueblo, ¡Antonio ha desaparecido! Su madre llora por él, su padre está compungido.

Al fin dan con su cadáver, ¡qué tragedia, madre mía! Era la mar de simpático, todo el mundo le quería.

María llora en silencio, no lo logra comprender: ¿Por qué se quitó la vida? No la quiso nunca ver.

No llega a asimilar el porqué se mataría, si le dio todo su amor y más de lo que pedía.

Se olvidó pronto de Antonio, su ardor la traicionaría; esa parte no controla, eso le cambia la vida.

En el arte del amor hace ahora maravillas: muchos terminan cascados, otros hincan la rodilla.

En la profesión más vieja puede ganar mucha pasta, pero nunca llega a rica: según lo gana, lo gasta.

En esa vida de exceso su sangre ya no le hierve, su ardor va desapareciendo y su hermosura se pierde.

Jóvenes cierran su paso, su oficio está en rebajas; decide entonces matarse y no vivir de migajas.

Sería como un sueño el librarse de ese oficio; mejor hacer lo que Antonio y saltar al precipicio.

«¡Ya te acompaño, amor mío! ¡Nos veremos en el cielo! Me contarás el porqué, me servirá de consuelo».

Así termina la historia de María y el Antonio; morir por suposiciones es un verdadero coño.

El Aprendizaje del Amo

 




El Aprendizaje del Amor

Asisto a clase de adultos, recordando mi niñez; lo que no aprendí de joven lo aprovecho en la vejez.

Hoy es mejor la maestra, nos presta más atención. Nuestra mente es más dura... ¡Somos algo cabezón!

Escribimos sobre temas, unos bien, otros mejor; hoy me ha tocado el turno de escribir sobre el amor.

Es un tema tan trillado que no sé bien qué decir, tanto se ha dicho de él que no sé qué más añadir.

Lo que sientes por los padres es un cariño profundo; perdonando sus defectos, son los mejores del mundo.

Al amor por nuestros hijos hay que tenerlo presente: que sigan un rumbo recto y ayudarles en la pendiente.

Y hacia esa mujer amada que camina siempre al lado, uno olvida lo que falta por seguir enamorado.

Queriendo a los semejantes y amando a los animales, siendo honesto y honrado para evitar los males.

En este mundo revuelto viviríamos mejor, si todos fuéramos buenos practicando más el amor.

Y así termino mi escrito, con humilde convicción: amar es lo más bonito de toda nuestra lección.

Mi Aldea Cambiada

 


Mi Aldea Cambiada

Me encuentro en mi aldea, miro a mi alrededor. Ni escucho ni veo a nadie, solo un pájaro cantor.

Cuando yo era un niño, esto era un hormiguero; se escuchaban las carretas, las voces del carretero.

Con sus caminos de polvo, era alegre y divertido; ahora que está asfaltado, se ve triste y deprimido.

En la era se trillaba, en el campo se segaba; a pesar del duro trabajo, toda la gente cantaba.

Los hombres majaban trigo, su sonido retumbaba; el mozo joven presumía de ser el que más segaba.

La moza, siempre alegre y la mar de divertida, con su cesta en la cadera llevaba allí la comida.

Cada niño ayudaba en la labor que podía; nos sentíamos orgullosos, aunque el juego nos distraía.

No pensábamos en playas, ni se concebía en sueños; al terminar la jornada, a lavarte en los barreños.

A veces no había barreño, tenías que ir a la fuente; como la madre no estaba, solo mojabas la frente.

Una ligera pasada, de frotarse... muy poquito; mejor tener la piel dura, ¡así no picaba el mosquito!

No teníamos alergias al polvo ni a los animales; éramos todos muy duros, no nos entraban los males.

Ganó en comodidades frente a esa época pasada, pero ya forma parte de la España despoblada.

Se marcharon los vecinos, el progreso nos ganó, y entre muros de adobe frío solo el eco se quedó.

El Tesoro del Fontanero


 

El Tesoro del Fontanero

Noticias del Confidencial, ojo con los fontaneros. Si alguno te hace una chapuza, es por esconder sus dineros.

Uno ocultó todo un millón en una casa donde estuvo. ¡Joder con esa familia, la buena suerte que tuvo!

En mi casa entran varios, quizás uno de estos días me sacuda un ramalazo y arranque las tuberías.

En el baño ya miré y desarmé el flotador; es el sitio más normal, pero no será el mejor.

Hasta levanté la taza, miré bien los asientos: ahí se esconden muy bien los billetes de quinientos.

Me arreglaron la cocina, intervino un fontanero. Levantaré las baldosas a ver si encuentro dinero.

El que mandó el seguro era un chico extranjero; difícil que venga aquí para esconder su dinero.

Yo lo seguiré buscando, aunque poco convencido. Ya me duele la cabeza hasta quedarme dormido.

¿Y si encuentro ese millón? ¿Cómo puedo blanquearlo? ¿Y cómo le explico al fisco que yo acabo de encontrarlo?

Estuve un día en Ikea, le compré unos sillones; dicen que en esa empresa pueden esconder millones.

Estas noticias me afectan, me sacan de mis casillas. Ya removí toda la casa y solo hallé calderilla.

Con una pensión pequeña, si yo encontrara un millón, seguro me daría un "yuyu" y se pararía el corazón.

Ahí donde lo dejaron, no sería por despiste; dar esa versión al mundo a mí me parece un chiste.

Mejor me olvido del tema y me quedo como estoy, que con mi paga y mi suerte voy tirando como voy.

El Secreto del Ponedero


 El Secreto del Ponedero

Yo chupaba los huevos como una medicina; no piensen que eran los míos, eran los de las gallinas.

De niño nunca escuché hablar de la salmonela; no la conocía mi madre, y mucho menos mi abuela.

Comía los huevos crudos, no tenían caducidad; si acaso yo los pillaba, era de casualidad.

Las gallinas por la calle, como no hacían su nido, ponían cada mañana en su lugar preferido.

Bajo un montón de leña vi un ponedero al azar; ese fue un día de suerte, lo tenía que aprovechar.

Cada día un huevo fresco, y con mucho disimulo, le hacía dos agujeros: en la punta y en el culo.

Chupaba su contenido y, para disimular, lo rellenaba con yeso y lo volvía a dejar.

Hice así varias meriendas, no dejé ni un huevo entero, hasta que un día la dueña descubrió aquel ponedero.

Hallar aquel gran tesoro le produjo una alegría: ¡con una buena tortilla su familia comería!

Lo malo fue la sorpresa cuando se puso a partirlos: ¡eran tan duros los huevos que no pudo ni batirlos!

Como era vecina nuestra, se le ocurrió preguntar qué a esos huevos tan duros les podía pasar.

Mi madre los examina y le dice: «Es primeriza; pone los huevos tan duros por comer tierra caliza».

Al oír esa respuesta me entró la risa por dentro, pues mi madre, sin saberlo, ¡me salvó del escarmiento!



El Vendedor de Coches


 

 El Vendedor de Coches

Es vendedor de vehículos, trabaja siempre a comisión. Y al estar con la parienta, presta muy poca atención.

Lo del trabajo diario se lo lleva hasta la cama; sueña con vender los coches de pequeña y alta gama.

Vive siempre obsesionado, eso ocupa su mente: repasando todas las marcas que tiene en el inconsciente.

María, que es su parienta, se lo propone cuando puede; ayer le dijo: «cariño, ¿quieres que te monte el Mercedes?».

«Vamos a echar un Volvo», no suena muy ideal; existen otras formas de hacer el acto sexual.

Seguro que se le escapa, si el miembro se pone duro: «esta noche habrá un Saxo», ¡lo puedes tener por seguro!

En ese día que libra y se echa una siesta, le dice: «hagamos un Combi, que tengo ganas de fiesta».

Está revolucionado, tiene alta la tensión: «tú me la puedes bajar, estoy como un SEAT León».

Cree ser el mejor de todos en la venta y en la cama, y presume ante la gente: «¿estoy o no en la alta gama?».

Pasará el tiempo volando repitiendo eso a diario; el día que ya no cumpla... será un utilitario.

Y cuando pasen los años y ya no meta la mano, le fallará algún pistón: ¡será de segunda mano!

Ya en la tercera edad, si olvida cómo se hace, pasará a formar parte de las piezas del desguace.


Maestros de lo ajeno

 

Maestros de lo ajeno

Reunión de jubilados contemplando cualquier obra; hay que gastar bien el tiempo cuando se tiene de sobra.

Entendemos de mil cosas, en todo somos maestros, pero lo que mejor se nos da es poner muchos defectos.

Vaya cuadrilla que tienen, son todos aficionados; no saben si los ladrillos son redondos o cuadrados.

Esos que ponen el muro no saben de albañilería; ni saben dar el cemento, llevan la fila torcida.

Fijaos qué paleta usa, no es herramienta adecuada; como los traen del paro, es que no saben de nada.

Es mano de obra barata, casi todos extranjeros; en su país no sabían ni tapar los agujeros.

Ese del casco amarillo debe ser el encargado; no da ni un palo al agua, anda como despistado.

En lo alto del andamio no se ponen sujeciones; lo que quieren es caerse y pedir indemnizaciones.

El que acerca los ladrillos lo hace con mucha pereza; no creo que se hernie nunca, los lleva de pieza en pieza.

Fijaos en las soldaduras, parece que son de broma; no saben trazar la línea, son cagadas de paloma.

Es una verdadera pena los tiempos que atravesamos; los mejores edificios... ¡Los hacían los romanos!

Mucho plano y mucho casco, mucha ficha técnica; pero al paso que trabajan, esto llega a la otra época.



El Encuentro en el Cielo

El Encuentro en el Cielo

Dos amigos en el cielo comentan su mala suerte; se ponen a repasar lo que produjo su muerte.

—Sucedió el mismo día, eso ya es casualidad. La otra es encontrarse aquí, en la eternidad.

—¿Tú de qué has muerto? Seguro que fue deprisa; no veo dolor en tu cara, hasta tienes una sonrisa.

—Si te digo cómo fue, seguro te dejo helado: la sonrisa que me ves es por morir congelado.

—La mía fue de un ataque, la culpa, de mi parienta: creí que tenía un amante que usaba su "herramienta".

Fingí mi ausencia tres días, pero regresé al instante para ver si la pillaba en la cama con su amante.

Pero la encontré muy sola, la tía estaba en pelotas; vi algunas prendas extrañas: pantalones y unas botas.

Removí toda la casa, miré bien en los rincones; frustrado al no hallar nada, me dio un mal de agitaciones.

No pude resistir eso, presa de la frustración; por eso mi muerte fue de un ataque al corazón.

—¿Dices que miraste bien? ¡Para mí eso es mentira! ¡Si miras el congelador, aún estaríamos con vida!

¡Qué par de tontos fuimos!, el destino es cojonudo: tú por buscar una amante, y yo por ser un cornudo.

El Error de la Receta


El Error de la Receta

Todo le produce ardores, ya no sabe ni qué comer. Va a la consulta del médico, a ver qué tiene que hacer.

—Doctor, ya no sé qué hacer, siempre como lo mejor. Casi todo es ecológico, pero me produce ardor.

—Primera recomendación: cinco comidas al día. No eche nunca la siesta y tenga mucha osadía.

Beba usted mucha agua, al menos un par de litros. Que trabajen los riñones para limpiar bien los filtros.

Le extenderé una receta antes de irse a dormir: varias horas de actividad, pues es muy bueno salir.

Haga lo que yo le digo y, si esto no resulta, para el próximo mes ya le daremos consulta.

Lee el mozo la receta, hasta le produce gracia. Con lo que en ella pone, ni se acerca a la farmacia.

Al terminar de cenar, se va de juerga mil horas. Cumple lo recomendado, pero no encuentra mejoras.

Otra vez en la consulta, le comunica al doctor: —Hago lo que me decía y no me encuentro mejor.

Bebo dos litros de agua, hago las cinco comidas... y después de cenar, ¡me pego unas mil corridas!

Recorrí todos los clubes, siempre de los mejores. Me tiré a muchas tías, ¡y sigo con los ardores!

—¿Leíste mal la receta? No pone que fueras de putas... ¡Al terminar de cenar, que tomaras Sal de Frutas!

Se quedó el mozo de piedra, rojo como un pimiento: —¡Vaya receta, doctor, por poco muero en el intento!

Presumido y Chulo.

 

Se encuentra con un amigo y le gusta presumir, de lo bien que va su vida y lo que llegó a conseguir.

Siendo jóvenes los dos, suelen hablar de mujeres; de aquellas que son más guapas o las que dan más placeres.

El presumido comenta: —Hoy estoy de parrandero, me voy a echar un polvete y a darme un garbeo luego.

—Eres un golfo, ¡cabrón!, ¡qué bien te lo estás montando! Quedaremos otro día y me seguirás contando.

Sintiendo envidia el amigo, el miembro se le hace largo: —¡Dime al menos que es muy fea, a ver si se baja algo!

—Es bella como una diosa, es champán burbujeante; está muy buena por detrás y es hermosa por delante.

Es como manta eléctrica, su calor me vuelve loco; no creas que te miento, ni me estoy tirando el moco.

Se porta como una fiera cuando se siente excitada; es igual que una leona que no estuviera domada.

Al día siguiente lo ve, está hecho un zarajo: —Amigo, estás hecho polvo... ¿Es?
que te puso debajo?

¿Cómo te ha dejado así esa chica tan especial? ¡Si no puedes ni sentarte! ¿Es una cosa anormal?

—Sigue siendo especial y guapa como una diosa, pero si vas sin dinero... ahí se jode la cosa.

Es una puta muy cara, y encima llamó a su chulo; como no pude pagar, ¡hasta me dieron por culo!

Así que escucha, amíguete, no presumas de trofeos, que por ir de "picha brava" terminaste en los jaleos.

Vivimos tiempos confusos




Vivimos tiempos confusos

Vivimos tiempos confusos, esperando la mejora. Con abuelos solitarios, llega siempre la "pescadora".

Sobre todo si son viudos y andan algo despistados; por verse solos y aburridos son los más solicitados.

Aquel que sigue soltero por tímido o apocado, si ya pasa los cincuenta, también termina "cazado".

Han llegado de otras tierras mujeres muy aguerridas, que resultan ser expertas en trampas y en embestidas.

Se muestran más cariñosas, con gestos dulces y tiernos; hay que andar con pies de plomo para no acabar con cuernos.

Es difícil resistirse y vencer las tentaciones, viendo curvas generosas y muy buenos "jamones".

Hay que tomarlo con calma, no ponerse cabezudo: dicen las estadísticas que hay seis mujeres por viudo.

Gusta lo desconocido, es una ley natural; ¡pero es mejor decantarse por producto nacional!

Así que andad con cuidado, no perdáis la sensatez, que por un rato de gusto os arruinan la vejez.

Aventura en el Campanario


Aventura en el Campanario.

Es la iglesia de mi pueblo, testigo de esta aventura: con rotura de costillas y dolores de cintura.

No fui yo quien las rompió, pero sí mía la culpa. Si ella lee esta aventura, yo le mando mi disculpa.

En el arco de campanas, las palomas hacen nido. Vi dos pichones ya grandes, ¡muy buenos para un cocido!

Pido ayuda a una muchacha, pues solo logro entenderlos; si me subiera en sus hombros, sí que podría cogerlos.

Ella accede a subir juntos y, al estarlos recogiendo, veo que viene aquel cura por la escalera subiendo.

Acojonados los dos, huimos por el tejado. El cura empieza a gritar, ¡del susto se había cagado!

Yo salté hacia el cementerio, que está hacia el otro lado. La muchacha tuvo miedo de tirarse de aquel nado.

La animo a que se tire, que no nos pille el curita, que grita: «¡Si los alcanzo, les saco la asaduría!».

«Mejor te tiras de culo, no recibirás trompazos. Yo amortiguo tu caída y te estrecharé en mis brazos».

La pobre se fio de mí, no respondieron mis brazos. Cayó sobre una losa, se dio unos buenos porrazos.

Quedó encima de una tumba, llorando allí, espatarrada. Entre el cura y la familia, creo que fue auxiliada.

Yo huy hacia lo más alto, ella quedó en el entierro. ¡Lo que sufrió la Socorro, lo tendrá siempre en recuerdo!

El Nido del Carpintero


 El Nido del Carpintero

Cuando llegaba el desastre, se pasaba de puta madre: te jodías y te aguantabas sin decir nada a los padres.

Si yo le decía a mi madre que me encontraba aburrido, me decía: «¡Vete al monte! ¡Anda y búscate unos nidos!».

No importaba la especie, podía ser de perdiz; valían los de urraca y también de codorniz.

Me ponía muy contento si encontraba pajaritos; me los comía como fuera: asados o bien fritos.

Seguro estaréis pensando: «¡Qué niño sin conciencia!». Pero era la posguerra, tiempo de supervivencia.

A veces la naturaleza se cobraba su tributo; estuve a punto de perder las pelotas y el canuto.

Vi un nido de carpintero, oí a las crías piar; era una ocasión hermosa que debía aprovechar.

Me deslicé por el tronco para más pronto bajar, y un nudo que sobresalía casi me llega a capar.

Con los pantalones rotos y los pinreles sangrando, sin tener nadie a mi lado allí me quedé llorando.

Se lo oculté a mi madre por vergüenza al desnudo; me curé con unas hierbas machacadas con engrudo.

Será que no era mi día o quizá tuve mucha suerte: una infección en tal sitio pudo causarme la muerte.

Cosas de aquellos tiempos, de hambre, monte y herida; donde un nido y un descuido casi me cuestan la vida.

Mis Memorias y Relatos


 

Mis Memorias y Relatos

Recuerdo muchas cosas, algunas son divertidas. Pero compruebo que leen siempre las más atrevidas.

Hay relatos para niños, son los menos comentados. Será quizá culpa mía por ponerlos tan mezclados.

Yo, para poder escribirlos, pongo mucho sentimiento. Hay parte de realidad, pero también mucho cuento.

Recuerdos de aquellas mozas en épocas de recato, que hoy día se lamentan de perderse el buen rato.

Para todos esos abuelos que cuentan cosas entre risas: despiertan nuestros recuerdos y nos sacan las sonrisas.

De los fracasos vividos y pérdidas ocasionadas, pienso: "era tonto de cojones", entre bromas y carcajadas.

De aquellos oficios antiguos que vienen a mi memoria; en algunos trabajé y merecen una historia.

De las mozas que dejé, las muchas que me dejaron... yo las recuerdo ahora, ellas seguro me olvidaron.

Escribir sobre el sexo es el campo más variado; el que produce más morbo y el que es más comentado.

Temas de la religión que a muchos producen risa, y criticar a los curas aunque no se vaya a misa.

Escribir sobre política ya es rizar demasiado el rizo; difícil solución tiene si no acaban con el chorizo.

Seguiré siempre escribiendo, estrujaré mi memoria; que quede algo de mí cuando me juzgue la historia.

La Ceremonia de la Manguer


 

La Ceremonia de la Manguera

Cantaré una ceremonia que le falta promoción, de tiempos de Mari castaña y que causa sensación.

A una virgen muy extraña le dedican su novena, a las doce de la noche y sin luz de luna llena.

Van las mujeres primero el camino iluminando, con lámparas de rancia cera que luego se van apagando.

Es el turno de los hombres los que aceptan la labor: apagar con su manguera, a ver quién lo hace mejor.

Con la manguera en el ristre van haciendo de bomberos; quien tenga mejor manguera apaga siempre más fuegos.

Una moza ofrece vino, otra moza va anotando: que no falte el "material" y que sigan apagando.

Prueba de eliminación para el que aguante más vino; los débiles y enclenques se quedan por el camino.

Cuando ya solo queda uno, el que más pudo aguantar, le nombran rey de la fiesta: ¡el más macho del lugar!

Esta ceremonia extraña deberían promocionar, que es muy poco conocida fuera de nuestro lugar.

Al menos durante un año, puede vivir muy borracho: le regalan todo el vino y su medalla de macho.

Ya se retira el campeón, tambaleando el paso, con la medalla en el pecho y el vino dentro del vaso.

Una noche de frío


Una noche de frío

En una noche de frío, comenta un hombre casado: «Siendo soltero y tan solo, te vas a quedar helado».

«Será solo un pensamiento, con ella soy diferente; tengo una supermodelo que me pone muy caliente».

«¿No sabía que ligaste? ¿Acaso perdiste la mente? Nunca buscaste mujer, te creía diferente».

«Los tiempos siempre cambian, eso fue hace años atrás; ahora me caliento bien, por delante y por detrás».

«Ella cambió mi vida, no te lo tomes a guasa: antes iba mucho al bar, ahora estoy siempre en casa».

«Su calidad es primera, su material, diferente; solo de pensar en ella me pongo muy caliente».

«Cuanta más leña le meto, se pone hasta de colores; aunque ya probé con varias, esta es de las mejores».

«¿Compraste una brasileña? ¡Y encima lo vas diciendo! ¿Dices que le metes caña? Es algo que no comprendo».

«Tú no conoces la jerga, ni a qué llamo 'brasileña': ¡es una moderna estufa a la que le meto leña!».

Se quedó el amigo mudo y tiritando de frío: «¡Pues bendita brasileña, qué envidia me das, Dios mío!».

El Polvo Lunar


 El Polvo Lunar

Atención a esta noticia, que para mí es una tontuna: ese proyecto que estudian de echar un polvo en la Luna.

Esas cabezas pensantes parece que no saben pensar, por la sarta de problemas que se van a encontrar.

Tendrán que diseñar trajes más fáciles de quitar, pues con los que usan ahora es imposible chingar.

Hacer el amor allí sería un polvo rapidito; si no pueden respirar, aguantarían muy poquito.

Otra cosa a resolver será el acoplamiento: si los dos están flotando, ¿cómo pillar el momento?

Al hacerlo tan deprisa no pondrían mucha pasión; podría salir un marciano o un niño del montón.

Quizás lo bueno del caso, al ser tan televisado, es que sería para la historia el polvo más comentado.

Una cosa tan sencilla estará politizada; nos quieren comer el coco o es una gran inocentada.

Gastad mejor ese dinero en algo más productivo; sabemos usar las pelotas y sacar jugo hasta al higo.

Que se queden en la Tierra y nos dejen de historias, que un buen polvo en el colchón vale más que cien glorias.


Belenes para los Nenes,


Belenes para los Nenes,

Sí, van al Belén con niños, pongan un poco de atención: lo primero que ellos buscan es la figura del "cagón".

Verán que el Niño Jesús queda un poquito más gris; que lo cambien de postura, ¡al menos haciendo pis!

Descubrir una caca al niño siempre le causa placer, pero si sale de su culo... ¡Esa no la quiere ni ver!

Poner varios escondidos puede liar una torda; se ponen a discutir cuál es la caca más gorda.

Se echa mucho de menos no poner unas "cagonas", que tengan el culo gordo y además que sean meonas.

En esto, pobre mujer, está muy discriminada; es difícil verla así, está un poco olvidada.

Los niños se fijan mucho en la mula y en la vaca; siempre están tan limpias... ¿Es que nunca hacen caca?

Ese padre carpintero fue muy poco previsor: con un colchón de serrín, el Niño estaría mejor.

Que entre reyes y pastores falta un dato de importancia: ¡quién limpia los malos olores en aquella santa estancia!



Pasarela de Alambre

 

Pasarela de Alambre

Esos desfiles de moda, difíciles de entender, con caras de mal humor, en chicas de muy buen ver.

Son todas chicas muy guapas, las que hacen pasarela, a veces lucen modelos, de los tiempos de mi abuela.

Con esos cuerpos tan finos, parece que son de alambre, desfilan como enfadadas, deben pasar mucha hambre.

Dan los pasos muy exactos, con unas justas medidas, llevan el culo apretado, creo que van estreñidas.

Le ponen altos tacones, sí
, se llegan a caer, al tener tan poca chicha, se pueden hasta romper.

Van con mirada perdida, no sueltan una sonrisa, todas están deseando, que eso termine deprisa.

No se entiende esa obsesión, de escogerlas tan finitas, si, hace miles de años, que nos gustan rellenitas.

Para que salgan alegres, una recomendación, unas botellas de vino y muchos platos de jamón.

Que la moda no nos diga cómo tiene que ser la mujer, que donde haya buenas curvas hay alegría que ver.


El lío de Mariano

 

El lío de Mariano

¡Mariano, tienes una jeta que no parece de fiesta! Te pregunto cómo estás y ni siquiera contestas.

—Ando como despistado, ya no sé ni a dónde ir; estoy metido en un lío y no sé cómo salir.

—Hay salida para todo, en verdad todo se arregla. —Lo mío es muy difícil... ¡Porque
interviene mi suegra!

Es un problema muy gordo; si no te quiere, es jodido, te echa mil maldiciones y te quedas encogido.

Pero ella me quiere mucho, es simpática y dichosa; ese es justo el problema, lo que complica la cosa.

Como ves, es fabulosa y con muchas cualidades; lo malo es que es viuda joven y tiene "necesidades".

Va siempre por ahí diciendo que tiene un hermoso yerno, que enamora a las mujeres, que soy simpático y tierno.

—¿Sufrir porque diga eso? ¡Me parece una chorrada! —¡Joder, no sufro por eso... es que la dejé preñada!

Ya me veo entre pañales y aguantando el chaparrón, ¡que mi suegra tiene antojos y yo una gran depresión!


jueves, 22 de enero de 2026

La caza de los tiempos


 

La caza de los tiempos

Qué hombres y mujeres nos llegamos a igualar, es cosa bien difícil que eso llegue a pasar.

Que somos diferentes se observa cada día; entre el hombre y la mujer hay poca sintonía.

Al ponerse de moda el conejo rasurado, el hombre se deja barba, con el pelo mal peinado.

Otros se afeitan bien, pero se dejan perilla; ella lo tiene sin pelo... ¡Es para hacerle cosquillas!

Al hombre siempre le gusta la mujer más femenina; que no se parezca a él: más delicada y más fina.

En cambio, a ellas les gusta con músculos y tableta, trabajador y formal, con una buena escopeta.

Antes cazaba el varón, más la historia se ha invertido: hoy la mujer también caza y el hombre es el parecido.

Esto suele ser normal, no es un cuento de hadas; en las parejas ocurre en dosis muy elevadas.

A la caza del abuelo van nuevas "cazadoras"; si hay una buena cartera, eso es lo que está de moda.

Así anda el mundo girando, entre enredos y pasiones: unos buscan la belleza y otras... las jubilaciones.



El Granjero y la Cima


El Granjero y la Cima

En su granja es muy feliz, solo le falta una cosa: se presenta al programa "Granjero busca esposa".

Cuando le toca elegir, busca carne de primera; se fija en la más maciza: ¡menuda buena ternera!

Ella acepta emocionada, no se lo puede creer; con ciento y pico de kilos alguien la fuera a querer.

Ya instalados en la granja, los vecinos se impacientan: «Es una jaca muy grande, si lo monta, lo revienta».

El asunto va marchando sin demasiada locura: ¡un mes haciendo el amor en una sola postura!

Siempre la misma canción, ella no llega a la cima; pide cambiar el libreto y hoy se le pone encima.

—Lo que tú digas, cariño, pues nunca lo he probado; lo mío es a cuatro patas, pero acepto encantado.

Fue un cándido pajarillo al no estar acostumbrado: ella sí alcanzó la cima... ¡Y él terminó asfixiado!

Y así termina la historia de aquel granjero acabado: buscaba una buena esposa, ¡y halló un entierro pesado!

El modo de echarse novia


 El modo de echarse novia

El modo de echarse novia en aquellos tiempos de antaño, eran las propias familias las que hacían el apaño.

Si los padres eran ricos, ya se lo daban "chupado": te buscaban a la rica que tuviera tierras al lado.

El destino del humilde era casarse con otra pobre; trabajaba mucho más, y engendraba solo pobres.

Si ella era de familia rica y él no tenía nada, era una lotería que casi nunca tocaba.

Fue una época muy dura, la viví en mi propio pellejo; como era de los pobres, siempre cargué el complejo.

A muchas no dije nada por miedo a ser rechazado; perdí mil oportunidades por vivir acomplejado.

No guardo rencor a nadie, fue una época de mierda; mi pueblo estaba atrasado, vivía en la Edad de Piedra.

No culparé a las muchachas, que tenían mucho que hacer y se encerraban en casa antes del anochecer.

Salían algunas "tripas" ante tantas restricciones; el que podía, aprovechaba las contadas ocasiones.

Menos mal que todo pasa y ese mundo ya murió; hoy el amor no se tasa, la libertad ya venció.

El Secreto de la Esposa


 

El Secreto de la Esposa

—¡Mujer! Regaña a tu hijo, que no hace los deberes. No sé si está en la higuera o pensando en los placeres.

Esto es típico del hombre: trasladarlo a la esposa. Él no quiere los problemas ni solucionar la cosa.

Ella, de puros nervios, le dice encabronada: —Es el reflejo del padre, que no vale para nada.

Es como un pobre chucho, no sirve ni para el ganado; no tiene un gen específico que de mí haya heredado.

Me tiene hasta el mismo moño, es como una cucaracha. No sé ni cómo lo hice... ¡Debía estar borracha!

El marido escucha todo lo que suelta por su boca; no lo puede comprender, cree que se volvió loca.

—Cariño, no te pongas así, que no tengo esos defectos; trabajo, te doy el sueldo, mis modales son correctos.

—¡Ay, que eres tonto el haba! Lo que al niño le digo es lo que pienso del padre... ¡Que nunca ha sido tu amigo!

Las Desventuras de Antolí


Las desventuras de Antolín

Esta es la historia de Antolín, «el poco pijo», que la tenía pequeña: el pobre era un canijo.

Nació en una aldea, un lugar muy atrasado; por todas las mozas siempre fue rechazado.

Se fue a la capital, sueña con hacer el amor, pero al verle el aparato le va de mal en peor.

Paga un alto precio a una tía cojonuda, mas no concluye faena: se pierde en una arruga.

Aburrido, va hacia el parque, su tristeza es desmedida; ve a una pequeña moza que le viene a la medida.

Pequeño era su pito, grande su decisión; le propone ser pareja a la primera ocasión.

Ella acepta encantada, le trata con dulzura; se sentía marginada por su pequeña estatura.

Felices viven los dos, él ahora es su querido; en la vida siempre hay un roto para un descosido.

Y aunque el mundo se ría de lo que Antolín padece, en el jardín de la vida, ¡hasta lo pequeño crece!

La familia de barro


 

La familia de barro

Un perro hizo de cura, me casé con la Emilia; convidadas las ovejas, esa era la familia.

Queríamos tener hijos y nos pusimos a pensar; sin saber cómo hacerlos, yo tuve que preguntar.

Mi madre no lo esperaba, se quedó muy pensativa; para salir del apuro, me dio esta alternativa:

—Es muy fácil hacerlos, no le des vueltas al tarro: busca tierra del tejar y moldéalos con barro.

Después los dejas secar durante bastantes días; tú reza mucho al Señor, que Él les dará la vida.

Me acompañó mi "esposa" para poderlo amasar; así, entre los dos juntos, los pudimos fabricar.

Queríamos los dos sexos: el niño fue lo primero; un trozo de palo de pito, a la niña un agujero.

Rezamos mucho al Señor por la noche y por el día; pero no nos hizo caso y jamás les dio la vida.

Esa primera experiencia nos dejó muy deprimidos; al final nos enteramos de que había que estar más unidos.

A esa "esposa" y a esos hijos los recuerdo con cariño; ¡qué bonita la inocencia que tenía yo de niño!

Hoy que ya soy un hombre y que el tiempo ha pasado, bendigo aquel barro tierno con el que tanto he soñado.