El Toro y el Veterinario
En el pueblo había un toro, gran ejemplar semental, el amor de toda vaca que hubiera en el lugar.
Tenía muchos amores, sustento con demasía; se puso tan gordo el buey que la virilidad encogía.
Poco saben de animales, ni cómo solucionarlo; tuvieron que recurrir a Paco, el veterinario.
Este le mandó una dieta con pastilla milagrosa; bajó el toro cien kilos y se le estiró la cosa.
¡Eso sí es un semental! ¡Un toro de gran bandera! No hace falta repetir: acierta siempre a la primera.
Aquello fue un gran acierto, más bien una maravilla; todos piden al doctor esas cajas de pastillas.
Unas son para el burro, otras para algún caballo; unas pocas al' conejo, muchas otras para el gallo.
Fue toda una revolución, un bendito descubrimiento; y en unos pocos de años el pueblo fue en aumento.
Cambió el estilo de vida, ya no quedan animales; solo quedan los abuelos... ¡Pero con menos males!
Paco, el veterinario, se ha hecho el hombre más rico; pues receta a los abuelos lo que antes daba al bicho.


































