Es un muchacho sensible, de muy noble corazón, que se entrega por entero a la primera ocasión.
Con la vecina del quinto, el padre lo vio abrazado; tuvieron una charla seria en un lugar apartado.
—Hijo, deja a esa muchacha, su madre es la Mariana; tuve una aventura con ella... ¡Puede que sea tu hermana!
Ante tal revelación, él se quiere suicidar; era su primer amor y lo tiene que olvidar.
Ha pasado casi un año, ya superó lo peor. Su vida se normaliza: encontró un nuevo amor.
Esta será la elegida, ya lo tiene decidido; pero al verla, nuevamente, el padre halla un parecido.
—Hijo, tienes que dejarla, hazme caso, por tu bien; mira bien sus facciones, son las mías, ¿no las ven?
De joven fui un semental, y fumaba marihuana; el próximo amor que busques... ¡Mejor que sea australiana!
Imposible asimilar la historia de aquel padre, y decide consultar la opinión de su madre.
—Yo siempre lo vigilé porque me tenía mosca; su semilla es muy estéril y no se come una rosca.
Deja ya de preocuparte, pásalo de puta madre; vete con la que tú quieras... ¡Que él ni siquiera es tu padre!







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